Daniel Jiménez, Steven Oviedo. 17 marzo

El llamado clásico del buen fútbol terminó con una gresca vergonzosa y deplorable. En esta ocasión no se puede culpar a los aficionados o las barras, sino que los grandes responsables fueron los propios jugadores, quienes están llamados a dar espectáculo terminaron en un bochorno total.

Luego del pitazo final del árbitro Pedro Navarro, los jugadores de ambos equipos se encararon, vinieron los empujones, los careos y los intentos de agresión. Incluso, se necesitó de la seguridad privada para controlar y evitar que las acciones pasaran a los golpes.

En esta ocasión no vale la típica respuesta de “todo se dio por el calor del juego, pero lo que pasó quedó en la cancha”. Nada más alejada esa excusa que únicamente intenta tapar lo que a todas luces es reprochable, esto sin importar si la labor de los silbateros fue buena o mala.

“Es por el calor del ambiente, pero ya terminó todo. El fútbol tiene que ser así y tratamos de calmar los ánimos. Somos rivales adentro y ya esto terminó, ahora cada quien para su casa y a planear lo que viene”, justificó Rándall Azofeifa.

“Son cosas lamentables. Pedimos las disculpas del caso, los partidos no deben terminar así y estamos muy apenados por lo que ocurrió. Creo que hay situaciones y momentos en el partido en el que la autoridad debe ser más rigurosa, no tan permisiva y tener más personalidad”, manifestó Johan Venegas.

Jaylon Hadden (izquierda) y José Guillermo Ortiz (derecha) fueron parte de la trifulca al finalizar el juego entre Saprissa y Herediano. Ambos debieron ser separados, luego del duelo en el que los morados se impusieron 2 a 1, por la fecha 15 del Clausura 2019. Fotografía: Mayela López.
Jaylon Hadden (izquierda) y José Guillermo Ortiz (derecha) fueron parte de la trifulca al finalizar el juego entre Saprissa y Herediano. Ambos debieron ser separados, luego del duelo en el que los morados se impusieron 2 a 1, por la fecha 15 del Clausura 2019. Fotografía: Mayela López.

Incluso, los propios futbolistas subieron la temperatura de tal manera con su enfrentamiento pos partido, que enervaron a los seguidores del sector sur de la Cueva y las acciones derivaron en un intento de invasión a la gramilla, lo que pudo acabar con situaciones muy lamentables.

La reacción da la fanaticada fue producto del pésimo ejemplo que observaron de los actores principales. Dichosamente, se dio una respuesta certera para evitar que derriban uno de los accesos.

“No puedo valorar o individualizar, pero al final se dio una gresca entre los jugadores de ambos equipos. Fue difícil, porque los jugadores estaban en una condición violenta, pero con la ayuda de la seguridad privada se controló todo… Hay que estar pendiente de lo que estaba pasando y evitar una invasión de ese tipo, porque eso hubiera sido muy lamentable. Movimos recursos de seguridad y logramos mitigar esa intención de tirar abajo los portones. Encendimos el sistema de riego de la cancha y eso ayudó bastante”, manifestó Jorge Fallas, de seguridad de los morados.

Pocos se salvan de ser señalados por lo ocurrido en un duelo que fue incrementando en calor, ante los errores arbitrales, las entradas fuertes y pasadas, y concluyó con un pésimo ejemplo para quienes se apasionan con el balompié.

Aldo Magaña y Alejandro Cabral discutieron, Alejandro Gómez y José Guillermo Ortiz por poco se van a los golpes, lo mismo que Jaylon Hadden, quien se metió en la trifulca con Mynor Escoe y a ambos tuvieron que contenerlos con oficiales.

Los señalamientos iban y venían, así como los intentos de agresiones, lo que obligó a que los encargados de logística de Saprissa encendieran el sistema de riego y apagaran parte de la iluminación.

Al ver lo que ocurría con los seguidores del sector sur, algunos de los morados que en principio formaban parte de la trifulca, terminaron pidiendo calma.

Ambos planteles se exponen ahora a fuertes sanciones, ya que la Unafut puede utilizar el video para castigar lo que se cataloga como una vergüenza total en la Cueva.

Todo lo que ocurrió en la cancha, en el triunfo 2 a 1 de la S, terminó por empeñar y manchar un clásico del buen fútbol que no tuvo nada de esto tras el pitazo final y pareció más una batalla campal.