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Los ataúdes fueron colocados en una fosa común, y sobre la tapa de cada uno fue pegada la fotografía del viajero muerto. Unos rostros que bajo tierra no tardarían en borrarse, pero las fotos pretendían ser de todos modos un testimonio



Están puliendo el arte de atribuirse la potestad de redefinir no solo quiénes cumplen el concepto de lo ‘americano’ del ‘sueño’ en términos raciales, sino la Constitución misma, la democracia y el derecho internacional