El sábado 25 de setiembre se cumplieron 115 años del natalicio de José Figueres Ferrer, el inolvidable Don Pepe, quien dejó honda huella en el ser costarricense, como el arado que hunde su hierro en la buena tierra humedecida.
Es por eso que rompo mi silencio y mis horas calmadas, para recordar su vida, guiada por un norte siempre fijo: la lucha contra la pobreza, la dedicación del buen ciudadano participante de los actos de la vida pública, al logro del justo reparto de las riquezas de esta fértil tierra centroamericana y la lucha sin fin por la democracia y la libertad, como acicate del progreso patrio.
Don Pepe era un devoto lector de José Martí. Se deleitaba con la lectura de sus «Versos Sencillos» y a veces repetía, como en una oración cívica:
