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Orgullo selectivo

¿Habrá quien niegue que cada pueblo decide de cuáles famosos debe enorgullecerse?

Según la Internet, existe una ciudad que no llega a los diez mil habitantes, pero se destaca porque en sus cercanías hay un importante museo de aeronáutica y cuenta, además, con un campus regional de la Universidad de Nueva York.

Los personajes históricos más renombrados de esa ciudad que aparecen en la red son: una enfermera de la época de la Guerra Civil y el famoso estafador Ferdinand Ward, fallecido en 1925 después de cumplir una reducida pena de cárcel y de haber intentado el secuestro de su propio hijo con el fin de recuperar parte de la fortuna que había perdido.

De esta breve investigación, la ciudad salió malparada, lo que no debe sorprendernos porque ni aun en las páginas oficiales disponibles se menciona un hecho de importancia musical y literaria que ameritaría atribuirle fama universal: allí vivió, hasta su muerte en 1890, el reverendo Simeon Pease Cheney, cuyo nombre, asociable con los de Tolstói, Dvorak y Respighi, es muy citado en la literatura.

Es como para preguntarnos por qué sus coterráneos parecen ignorar que los libros de y sobre Cheney figuran en las grandes bibliotecas de todo el planeta.

El reverendo Cheney enviudó al fallecer de parto su joven esposa Eva, lo que lo sumió en la tristeza por el resto de su vida. Su desolación lo llevó a convertirse en un ser desconcertante, que en buena medida descuidó sus obligaciones eclesiásticas para dedicarle a la naturaleza, en honor a la afición de su recordada esposa por la jardinería, un culto desmesurado.

Un resultado memorable de aquel recogimiento cuasi silvestre fue su transcripción al pentagrama de los cantos de los pájaros de Nueva Inglaterra y de muchos sonidos de la vida rural: goteos del agua que se derrama, silbido del viento en un corredor en el que cuelga la ropa, la crepitación de las llamas, en fin, toda una música no humana.

En 1893, Dvorak integró varias de esas transcripciones en su hermosísimo «Cuarteto para cuerdas, opus 96, “americano”».

Recuerdo haber leído, en una biografía de Tolstói, que el gran escritor ruso hizo transcripciones semejantes de los cantos de las aves de Tula, y es bien conocida la suite para pequeña orquesta «Los pájaros», reunida por Respighi en 1927.

Volviendo a nuestros carneros, ¿habrá quien niegue que cada pueblo decide de cuáles famosos debe enorgullecerse?

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.