
El expresidente Óscar Arias Sánchez aseguró que, en el 2006, se postuló para la reelección porque el entonces mandatario de Estados Unidos, George W. Bush, le pidió ayuda para que Costa Rica aprobara el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y ese país norteamericano (Cafta, por sus siglas en inglés).
“Tan cordial fue la relación que tuve con Estados Unidos que, cuando regresé a la política, fue porque el presidente George W. Bush me dijo, entre otras cosas, que si yo podía ayudarle para que pasara el Cafta, el tratado de libre comercio con Estados Unidos, que como usted recordará ya lo habían aprobado todos los demás países de Centroamérica, incluso ratificado en sus congresos, y en Costa Rica nos tenía divididos.
“Cuando yo decidí aceptar la candidatura para volver a luchar por la Presidencia, casi que un 75% de los costarricenses estaba en contra. Yo acepté ese reto porque el precio que hubiésemos pagado por quedarnos fuera del TLC, como único país centroamericano, hubiese sido muy elevado”, dijo Arias en conferencia de prensa, la tarde de este martes 1.° de abril.
Así respondió cuando le consultaron sobre su vinculación con Estados Unidos y su decisión de romper relaciones diplomáticas con Taiwán para estrechar los lazos con China, durante su segundo mandato (2006-2018).
Arias insistió en que sus relaciones con los estadounidenses siempre fueron buenas. Este martes, Estados Unidos le comunicó el retiro de sus dos visas (la de turismo y la de negocios).
Para el expresidente, la decisión del gobierno de Donald Trump es una señal de “autocracia”.
Añadió que no sabía si tomar el retiro de su visa como un premio, considerando que la mayoría de galardones que ha recibido provienen de esa nación.
“¿Cómo es que al que piensa diferente lo quieren castigar? Eso no es democracia, eso puede ser cualquier cosa menos democracia: donde no hay libertad de crítica, de pensamiento, libertad de expresión, libertad de prensa. Esas son características democráticas. El hecho de que uno discrepe, ya yo soy un expresidente de 84 años, eso no le hace daño a nadie”, enfatizó el exgobernante desde su casa en Rohrmoser, al oeste de la capital.