El puente sobre el río Barranca, en la ruta entre Caldera y el Roble en Puntarenas, inaugurado a finales de enero, presenta riesgo estructurales que podrían incluso ocasionar la caída de las vigas en caso de un sismo de magnitud considerable.
Así lo determinó el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme), tras varias inspecciones realizadas el año pasado, previo a la puesta en servicio de la estructura.

De acuerdo con el informe, si las vigas llegaran a perder contacto con los apoyos extremos del puente (bastiones) estas podrían colapsar debido a que no hay evidencia de que el cálculo de la zona de contacto se haya apegado a la normativa de diseño.
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“A través de este hallazgo también se busca advertir sobre otras posibles consecuencias asociadas al colapso de las vigas, como, por ejemplo, que no se pueda transitar de forma segura sobre el puente y que se generen cierres en la vía”, añade el documento.
Otros de los hallazgos señalan que el espesor del concreto que debe recubrir las varillas de refuerzo de la losa del puente incumple con el mínimo que indica la normativa de diseño internacional para puentes cercanos al mar.
Además, las muestras de asfalto tomadas también revelaron incumplimientos en los parámetros analizados durante los ensayos; mientras que la calidad del concreto sí se mantuvo de acuerdo a lo establecido en el contrato.
Los ingenieros del Lanamme también identificaron problemas asociados con el manejo de tránsito durante la ejecución de los trabajos, como el uso de barreras temporales durante el proceso constructivo con características diferentes a las recomendadas en la normativa.
En respuesta a la Auditoría, la Administración del proyecto respondió que “las metodologías empleadas en el diseño estructural y la gestión del tránsito fueron validadas por criterios internos”.
La Auditoría se realizó entre enero y noviembre del año pasado y contempló el diseño de la superestructura, la aplicación del plan de manejo de tránsito (PMT) y la calidad de los materiales utilizados. En total se realizaron 18 visitas técnicas al proyecto, se recolectaron 30 muestras de materiales y se emitieron 19 notas informe.
Entre sus recomendaciones, el Lanamme recordó que las normas técnicas buscan garantizar la durabilidad y seguridad de las obras, para que estas mantengan su funcionalidad después de eventos como sismos, además de reducir costos de mantenimiento, por lo que se sugirió a las autoridades apegarse a las normas en próximos proyectos.
Sobre lo relacionado con el manejo de tránsito, advirtieron que este tema ha sido recurrente en otros informes, por lo que recomienda velar por el adecuado manejo de control de tránsito durante la ejecución de los proyectos.
Durante la puesta en servicio de la nueva estructura, el pasado 31 de enero, las autoridades del MOPT aseguraron que la entidad destacó que con las mejoras en el puente se actualizó el cumplimiento del Código Sísmico y se aumentó la capacidad de carga y resistencia a temblores.
En esa oportunidad, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) detalló que con la intervención, el puente soportará al menos 50 años más, aparte de las previsiones para una eventual ampliación de la ruta.
La intervención del puente sobre el río Barranca tomó 15 meses, durante los cuales fue sometido a labores de reconstrucción y ensanchamiento de varios de los elementos principales, como la losa de rodamiento, las vigas, los bastiones, así como las pilas, los apoyos, las conexiones y las juntas de expansión, entre otras estructuras.
Las obras tuvieron un costo ¢4.304 millones, a pesar de que originalmente se había estimado que costarían ¢2.870 millones. El incremento obedeció a retrasos, falta de planificación y modificaciones en los diseños, según reveló la Auditoría del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi).