No hay mejor manera de describir el Festival Picnic que con la frase: ¡Qué buena vibra se siente!
Y es que sí, la alegría del público que llega al evento es contagiosa, la emoción de los artistas sobre el escenario es admirable y la fiesta que se vive durante la extensa jornada es pura intensidad.
Esta segunda fecha del encuentro artístico, celebrado este sábado 15 de febrero en el Centro de Eventos Pedregal, no fue la excepción. Desde el mediodía, la algarabía comenzó a hacerse presente con grupos de amigos, parejas y hasta familias que se reunieron frente a las cuatro tarimas del festival, con el fin de disfrutar en primera fila de la música de artistas costarricenses como Magpie Jay, Deeikel y Mentados.
Las emociones se trasladaron más allá de los escenarios. Como es costumbre, el festival dispuso de múltiples espacios para el disfrute de sus asistentes. Descansar en áreas alfombradas y bajo techo fue una opción ideal para recargar energías y seguir la fiesta. También lo fue subirse a los juegos mecánicos o, simplemente, tomarse una cerveza y saborear un rice and beans en la zona de comidas.
En Picnic todo es felicidad, o al menos así lo experimenta la mayoría de personas que llenan el recinto cada año, no solo para ver a sus artistas favoritos en escena, sino también para pasarla bien en un día caluroso y soleado con tintes de pachanga.
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El evento también es una gran oportunidad para sacar a relucir lo mejor del guardarropa. En esta edición, específicamente, destacaron las camisetas negras de los rockeros que esperaban por ver a Molotov; los colores rojo, amarillo y verde entre quienes ansiaban escuchar a Cultura Profética; los brillos y las transparencias de las fans de Maluma y, curiosamente, los sombreros vaqueros de los seguidores del Grupo Frontera. Como un abanico de colores, así fue la pasarela del Picnic 2025.
Y eso es solo lo que se ha visto en horas de la tarde... lo que viene en la jornada nocturna se lo contaremos más adelante, en nacion.com.