Aunque representa solo el 0,03% del territorio mundial, se estima que Costa Rica alberga aproximadamente el 6% de la biodiversidad del planeta y el 11,7% de la biodiversidad descrita, lo que evidencia una riqueza excepcional de plantas, animales, hongos y microorganismos. Esto, gracias a que desde hace décadas el país estableció políticas claras para proteger su patrimonio natural. Hoy, el 25,5% de su territorio terrestre y 30,3% de su mar y océano están protegidos en parques nacionales, reservas biológicas y otras categorías de conservación, lo cual posiciona al país como líder global en conservación.
En 2022, se llevó a cabo una actualización significativa de las estimaciones de biodiversidad. Los insectos estimados en Costa Rica pasaron de 300.000 a 800.000 especies, y el número total de especies esperadas para el país se incrementó a 909.000, en comparación con las estimaciones de medio millón en 1992.
A pesar de que no contamos con datos nacionales de pérdida de biodiversidad, según el Informe Planeta Vivo 2024, nuestro planeta ya ha perdido el 75% de su vida silvestre, un declive catastrófico en tan solo 50 años (1970-2020) y los peores declives de vida silvestre estudiados se registran en América Latina y el Caribe (95%) y en los ecosistemas de agua dulce (85%).
La pérdida y degradación de los hábitats, provocada principalmente por nuestro sistema alimentario, es la mayor amenaza para las poblaciones de vida silvestre en todo el mundo, seguida de la sobreexplotación, las especies invasoras y las enfermedades, a la vez que sabemos que la biodiversidad no solo sostiene la vida en la Tierra, sino también nuestras economías y sociedades.
El reciente Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, de la Convención de Diversidad Biológica, en sus metas nos recuerda que todos, especialmente el sector privado, desempeñamos un papel clave en evitar su pérdida. Las metas establecidas presentan desafíos específicos, pero también oportunidades claras para que las empresas se comprometan activamente en preservar nuestro patrimonio natural.
Las especies exóticas invasoras, abordadas en la Meta 6, generan pérdidas económicas y daños ecológicos significativos. Las empresas, especialmente aquellas en comercio internacional, agricultura y transporte, pueden asumir liderazgo identificando y gestionando proactivamente las vías de introducción de estas especies. La implementación de protocolos rigurosos y de buenas prácticas puede reducir hasta un 50% las introducciones dañinas, protegiendo ecosistemas críticos como islas, auténticos tesoros de biodiversidad.
La contaminación, objetivo de la Meta 7, afecta directamente a las empresas cuyos procesos productivos generan residuos plásticos, químicos y nutrientes en exceso. Adoptar estrategias de economía circular, gestionar eficientemente los nutrientes en procesos industriales y agropecuarios y sustituir plaguicidas peligrosos por alternativas sostenibles puede mejorar significativamente la salud ambiental, además de fortalecer la imagen corporativa y fidelizar consumidores cada vez más conscientes.
La gestión sostenible en agricultura, acuicultura, pesca y silvicultura (Meta 10) ofrece al sector privado la oportunidad de innovar mediante enfoques agroecológicos, intensificación sostenible y prácticas compatibles con la conservación. Las empresas que integren estos enfoques verán mejoras no solo en la biodiversidad y la resiliencia ecológica, sino también en la eficiencia y sostenibilidad económica a largo plazo.
Asimismo, las empresas involucradas en desarrollo urbano e infraestructura (Meta 12) tienen la responsabilidad de asegurar que los espacios verdes y azules formen parte integral de su planificación, generando beneficios tangibles para el bienestar humano, mejorando la biodiversidad urbana y fortaleciendo su reputación como organizaciones comprometidas con la sostenibilidad.
Finalmente, la Meta 15 llama explícitamente al sector empresarial a evaluar, divulgar y reducir sus impactos en la biodiversidad. Este enfoque transparente impulsa a las empresas a responsabilizarse públicamente, mejorando su rendimiento ambiental y, al mismo tiempo, reduciendo riesgos operativos, financieros y reputacionales.
El sector privado costarricense tiene una oportunidad única de liderar un cambio real hacia un futuro sostenible. Adoptar acciones concretas ahora, alineadas con las metas globales para proteger la biodiversidad, no solo es una responsabilidad ética, sino también una inversión estratégica fundamental para el futuro empresarial y planetario.
Lenin Corrales Chaves es analista ambiental y fue presidente del Consejo Científico de Cambio Climático de Costa Rica.
