Recordaré a fray Víctor de las misas en la capilla del Saint Francis, de su forma inconfundible de oficiar aquel espacio y hacernos sentir a todos los presentes como una familia.
Lo recordaré por aquel iluminador estudio bíblico que dirigió en el Colegio Seráfico en Alajuela, donde nos hizo sumergirnos en la profundidad de la Escritura que hasta entonces evadía nuestra comprensión.
Pero lo recordaré, más que todo, como ese amigo que logró colarse en mi alma (como en la de muchos otros) y se hizo un espacio inmenso que ahora se siente vacío.
Tocó cientos de vidas; las historias que habrán de contarse serán inagotables. Para mí, fueron tantas eucaristías, tantas veces que comimos y reímos juntos. Estuvo presente oficiando nuestra boda, sitio que se había ganado al ser parte orquestante en la constitución de mi familia. Era no como un padre, sino como ese hermano mayor que no se deja de admirar nunca.
Nos guio en la educación propia y en la de nuestras hijas y, aún hoy, seguimos aquel consejo que nos dio hace menos de un año, en el funeral de su madre, para orientar el futuro próximo que tienen por delante.
Estudioso e inteligente como pocos, sabio como ninguno; con una fe más allá de mi entendimiento, pero, sobre todo, completamente humano o, mejor dicho, un ser humano completo, que se entregaba sin reserva a quien lo necesitara.
Precisamente, esa capacidad suya fue la que la llevó lejos de su patria, porque podía aportar en formas y niveles que nadie más podía. Y habría hecho mucho más si la muerte no nos lo hubiera arrebatado.
No debió morir –pienso yo–; al menos, no tan pronto. Pero, como buen franciscano que era, no me queda duda de que supo recibir a la hermana muerte con el amor que merecía. Al final de cuentas, como dijo mi esposa, por fin logró volver a casa.
Recuerdo que, luego de cada homilía, daba unos segundos de silencio en oración, como para que todos los presentes pudiéramos meditar en la profundidad del evangelio. Su vida fue un evangelio viviente. Ahora, nos queda su silencio.
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Rafael León Hernández es psicólogo.