Es cierto que nuestra economía, por cercanía, se halla históricamente ligada a Estados Unidos y que está en nuestro interés comercial mantener una buena relación con esa potencia. Pero esto no debe subordinar nuestros intereses a los de ese país. Más bien, hay que concentrarse en el interés común, colocando los intereses nacionales en primer lugar.
Costa Rica es un país pequeño, pero con un gran valor estratégico geocomercial y político. Tal importancia la descubrieron nuestros ancestros en el siglo XIX, frente a la agresión ejercida en nombre del “Destino Manifiesto”, cuando Estados Unidos le arrebató la mitad de su territorio a México, en 1848.
Ante la amenaza armada filibustera para tomar Centroamérica, nuestro país no se agachó y se hizo fuerte con alianzas externas. Primero, con Inglaterra, entonces potencia dominante, que nos vendió los fusiles Minie, los más avanzados de la época. Ello facilitó, por ejemplo, que la batalla de Santa Rosa se resolviera en 20 minutos. Y luego, con el apoyo financiero de Perú y el apoyo político de las naciones hermanas del continente, lo que nos permitió proteger nuestra independencia.
Igualmente, en la primera mitad el siglo XX se lograron las Garantías Sociales al calor de las alianzas generadas por la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, en los años 80, frente a la creciente confrontación armada entre la entonces URSS y Estados Unidos por el control de Centroamérica, José Figueres Ferrer y Manuel Mora iniciaron contactos a los que dieron continuidad Óscar Arias y los presidentes del Istmo con el llamado Plan de Paz. A pesar de las presiones diplomáticas y los insultos personales de Oliver North –asesor del Consejo de Seguridad estadounidense– contra el presidente Arias, fue posible desmontar la catástrofe que se cernía sobre la región.
A Óscar Arias se le cobra el Tratado de Libre Comercio (TLC) por el impacto que ha tenido sobre todo en el sector agrícola, pero en su política exterior tuvo éxitos: no solo evitó una guerra de ocupación en los años 80, sino que, en su segunda administración, abrió nuestra economía al siglo XXI al establecer relaciones diplomáticas con China, la naciente potencia mundial.
Los gobiernos posteriores, presionados por la primera administración de Donald Trump, descuidaron esa relación importante que permitía a Costa Rica aprovechar su posición geopolítica. Tal presión impidió que se utilizaran los escáneres donados por China para control de drogas en las aduanas... “porque tenían las instrucciones en chino”. Pero más grave fue que no se realizara una inversión inmensa con la creación de una zona económica especial tipo chino, que empezaría en 2015 y concluiría en 2035 y abarcaría las provincias de Puntarenas, Limón y el norte de Alajuela.
Dicha inversión multimillonaria prevista para dos décadas habría empezado con la capacitación de la población en esas provincias y habría mitigado el surgimiento del narcotráfico al crear un clima de desarrollo en vez de la violencia de los gatilleros que impera hoy.
Simultáneamente, se restringió el arribo de turistas desde Estados Unidos con el argumento de la “inseguridad”.
Hoy, cuando emergen con fuerza y dinamismo técnico y comercial los BRICS, al tiempo que disminuye la importancia de una economía cada vez más cerrada y con peligro de recesión en Estados Unidos, es importante revisar nuestras relaciones externas.
No se trata de entrar en conflictos de elefantes, sino de hacer valer nuestra posición geopolítica con dignidad y respeto, colocando a Costa Rica primero. Necesitamos dirigentes con inteligencia, que sepan jugar en el tablero mundial, que no se asusten ni se agachen ante la primera amenaza como Juan Rafael Mora, sino que consoliden nuestra nación en el nuevo contexto mundial.
Podemos empezar por las urgencias inmediatas, abriéndonos al turismo asiático, incluyendo el chino de alto ingreso, para compensar la reducción de turismo norteamericano. Diversificar la clientela y establecer nuevas condiciones de ingreso y respeto a la población local es una necesidad impostergable para mantener el tejido social.
Actuar con talento y serenidad, en unión con otros países del continente hoy amenazados por el proteccionismo que quiere imponer a rajatabla Trump, es fundamental para nuestro futuro. Está de por medio nuestra supervivencia como nación.
Miguel Sobrado es sociólogo.
