“Mami, yo sentí el frío de ese revólver en mi sien”, le dijo Alejandro Abarca a su madre, Itza Abarca, luego de ser víctima de un asalto armado, en el 2019, mientras trabajaba en el negocio familiar de venta de tamales cerca del Mercado Borbón, en el centro de San José.
“Mi hijo estaba muy traumado porque todo ocurrió de una forma muy violenta. Él no se explica cómo se libró”, revela la madre, quien decidió cerrar el local en el 2023 debido a la alta inseguridad de la zona.
Este fue uno de los miles de negocios que en los últimos seis años abandonaron el cantón Central de San José. Entre el 2019 y el 2024 se dieron 6.296 renuncias de patentes, según datos de la Municipalidad josefina. Fueron, en promedio, más de 1.000 al año.
Si bien los ceses crecieron durante la pandemia de la covid-19, continuaron en los años posteriores. En el 2024, por ejemplo, hubo 811 renuncias, 56 más que un año antes.
Prácticamente la mitad de las devoluciones de patentes (49%) se concentra en los tres distritos josefinos que encabezan las estadísticas de criminalidad en San José, según los datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Se trata de los distritos Merced (1.031 renuncias), Hospital (1.030) y Catedral (1.024).

‘A las 5:30 p. m. ya debíamos cerrar las verjas’
La Nación conversó con 30 personas que cerraron su negocio en ese lapso en esos tres distritos y al consultarles los motivos, todos coincidieron en que una de las razones era el aumento de la inseguridad en el cantón Central de San José. Algunos también mencionaron que fue una consecuencia de la pandemia, por el alto costo de los alquileres, las bajas ventas, o bien, el traslado del local a otro lugar.
“Nuestro plan de abrir el negocio de 5 a. m. a 7 p. m. fue imposible debido a la inseguridad. A las 5:30 p. m. ya debíamos cerrar las verjas, dejar un rótulo que decía ‘abierto’ y esperar a que el cliente tuviera la gentileza de asomarse a comprar”, explicó Natalia Villalobos, dueña de la panadería El Cubano, anteriormente ubicada frente al parque La Dolorosa.
Natalia Villalobos sufrió un intento de asalto y esta situación, sumada a la venta de drogas, la alta presencia de indigentes y la suciedad en la zona, la llevó a unirse a la lista de comerciantes que optaron por cerrar sus negocios.
Aumento de la criminalidad en el cantón de San José
Los distritos Hospital, Merced y Catedral presentan los mayores índices de criminalidad en el cantón Central de San José. En el 2024, en todo el cantón hubo 9.294 robos, hurtos, asaltos y tachas de vehículos, y la mitad se contabilizó en esos tres territorios.
Esa tónica se repite en los años anteriores; estos tres lugares son los más problemáticos. Mientras en el distrito de Hospital se registran, en promedio, 1,8 asaltos al día, en San Francisco, el distrito con menos criminalidad del cantón, esa media fue de 0,2 en el 2024.

‘Un indigente nos robó tres gorras’
Claudia García, propietaria de un negocio de reparación y venta de accesorios para celulares en Merced, afirmó haber sido víctima de múltiples hurtos.
“Teníamos una tableta en exhibición y mágicamente desapareció. Hace poco, un indigente nos robó tres gorras. También hemos tenido problemas con personas que hacen Sinpes falsos y hay constantes asaltos en la zona”, relató.
En otras categorías delictivas, Catedral y Hospital figuran entre los tres distritos con más casos de robo y tacha de vehículos. En los últimos seis años, Pavas ha liderado esa lista con 941 incidentes, seguido de Catedral con 807 y Hospital con 680.
Hospital y Merced se encuentran entre los cinco distritos con más homicidios en el cantón Central de San José. En el mismo periodo, Pavas registró 101 casos, seguido de Uruca con 69, Hatillo con 61, Hospital con 44 y Merced con 38, según las estadísticas del OIJ.
La inseguridad desincentiva a salir a comprar
El alto índice de criminalidad preocupa a comerciantes como Claudia García, quien, aunque aún no ha renunciado a su patente comercial, considera que estos factores podrían llevarla a hacerlo.
Además, señaló que la inseguridad desincentiva a los clientes, que “no quieren salir a comprar” y afecta directamente a los negocios, que ven disminuir las ventas.
“Cuando la inseguridad es muy alta, obviamente las ventas en los locales disminuyen. La gente no quiere venir, entonces la economía ya no da para que uno se pueda mantener. ¿Qué es lo más factible? Cerrar y abrir en otro lado o cerrar permanentemente”, expresó.

Comerciantes se sienten desprotegidos
Pese a la presencia de cámaras de vigilancia y los constantes patrullajes de la Fuerza Pública y la Policía Municipal, Natalia Villalobos considera que esas acciones “parecen no contrarrestar la inseguridad”.
“Lo que pasa es que uno va a reportar este tipo de delitos y, a veces, es mejor no hacerlo, porque al final le hacen más preguntas a uno que a la misma gente que está haciendo el mal”, comentó Ester Rodríguez, exdueña del centro de belleza Ébano y Marfil, ubicado en Merced. La alta delincuencia en la zona la llevó a renunciar a su patente comercial.
Sin embargo, Ester Rodríguez continuó con otro de sus negocios, la Bizcochería HR, ubicada en las cercanías del Mercado Central, donde también ha enfrentado situaciones de inseguridad.
La comerciante criticó la labor municipal, afirmó que prioriza el decomiso de productos a vendedores ambulantes, la fiscalización de rótulos comerciales y la recaudación de impuestos y pone esas acciones por encima de la seguridad.

Por su parte, Claudia García instó al gobierno local a “tener en cuenta que el sector está sufriendo y se necesita resolver la problemática”, pues muchos comerciantes recurren a “hacer justicia por cuenta propia” ante la inacción de las autoridades.
“En una ocasión, agarraron a un ladrón y lo golpearon. La Policía les dijo que eso no se podía hacer, pero si no lo hacen, ven robar o hurtar como algo que pueden seguir haciendo”, dijo García.