El bolsillo de los costarricenses, especialmente de quienes viven en pobreza, resiente cada vez más el costo de la alimentación esencial. En enero del 2025, la canasta básica alimentaria (CBA) alcanzó un precio por persona de ¢61.997, su nivel más alto desde el 2011.
La información muestra que, hace 14 años, una persona necesitaba ¢40.265 al mes para cubrir su alimentación básica; es decir, ¢21.732 menos que en la actualidad. En un hogar de cuatro integrantes, esto equivalía a ¢161.060 mensuales en aquella época.
Hoy, según cálculos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), esa misma familia requiere al menos de ¢247.998 para cubrir el mismo consumo, lo que implica un incremento de ¢86.938.
La cifra más cercana a la actual se registró en diciembre del 2022, cuando el costo por persona alcanzó ¢61.633, apenas ¢364 menos que ahora. Posteriormente, el valor de la CBA empezó a reducirse. Sin embargo, a partir de octubre del año pasado, inició un aumento en el costo.
Según los datos del INEC, tras el pico de diciembre del 2022, el costo de la canasta básica inició una tendencia a la baja con algunas fluctuaciones hasta octubre del 2024, cuando alcanzó su nivel más bajo en ese periodo, con ¢56.331. Luego, aumentó a ¢57.269 en noviembre, ¢59.282 en diciembre y cerró enero del 2025 en ¢61.997.
Si se ajustan los precios de años anteriores al valor actual, la canasta básica de enero del 2025 se convierte en la segunda más cara de los últimos 14 años. Solo la supera la de enero del 2023 que, en términos reales del 2025, tuvo un costo de ¢62.027.
La información recopilada muestra que detrás del ascenso están las hortalizas y los tubérculos. La cebolla, el tomate y la papa son algunos ejemplos del encarecimiento.
El Instituto define la canasta básica alimentaria como el conjunto de alimentos necesarios para cubrir el requerimiento calórico de una persona promedio. Su cálculo se basa en el patrón de consumo de un grupo de hogares de referencia, aunque no garantiza una dieta equilibrada en todos los nutrientes.
El indicador se usa para identificar a quienes se encuentran en situación de pobreza extrema. Esto significa, en la actualidad, que quien reciba menos de ¢62.000 al mes (o cuyos ingresos familiares no superen los ¢247.998 para un hogar de cuatro personas), no dispone de lo necesario para cubrir sus necesidades alimentarias más básicas, y se ubica en el nivel de pobreza extrema.
¿Qué eleva el costo de la canasta básica?
De acuerdo con la información recopilada por el INEC, las hortalizas y los tubérculos son los subgrupos de alimentos que más encarecen las compras diarias actualmente. En contraste, los lácteos, las carnes rojas y blancas, los embutidos y los cereales han mantenido precios más estables, con fluctuaciones menos marcadas.
Las hortalizas comprenden productos como lechuga, brócoli, repollo, chile dulce, tomate y cebolla, mientras que los tubérculos incluyen papa, zanahoria, camote y yuca.
En enero del 2024, los consumidores asignaban ¢1.937 para la compra de tubérculos y ¢5.780 a hortalizas. Un año después, esos gastos subieron a ¢4.368 y ¢7.177, respectivamente. El incremento anual fue del 125,5% para los tubérculos y del 24,2% para las hortalizas.
En algunas sodas del Mercado Central, el alza en los precios impactó directamente la oferta de platillos tradicionales como el casado, cuyo costo aumentó un 4,34% en enero de 2025 en comparación con el mismo mes del año pasado.
Además, debido al encarecimiento de las verduras, algunos establecimientos dejaron de ofrecer opciones como la olla de carne, la sopa de mondongo y ensaladas de repollo con tomate, según un recorrido hecho por La Nación, el pasado 19 de febrero.
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Sergio Torres, director de la Escuela de Agronomía de Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec), explicó que el aumento en el precio de estos subgrupos alimenticios se debe a las condiciones climáticas que afectaron al país en noviembre y diciembre pasados.
“Estos cultivos son producidos al aire libre y son muy susceptibles a los efectos del clima. En los meses indicados, las condiciones fueron exceso de lluvia, bajas temperaturas y mucha nubosidad, lo cual provocó la pudrición de muchas plantaciones y el ataque de muchas enfermedades”, señaló.
Otro factor que influyó en el alza de los precios fue que los agricultores no pudieron atender sus cultivos correctamente, como la aplicación de fertilizantes y productos fitosanitarios para el control de enfermedades. De acuerdo con Torres, las lluvias impidieron realizar estas labores y volvieron intransitables muchos de los caminos en las fincas de producción.
Señaló que, aunque algunas hortalizas pueden cultivarse en invernaderos o ambientes protegidos, la mayor parte de la producción se realiza a cielo abierto. Por ello, esta alternativa no es suficiente para cubrir la demanda ante la disminución en la oferta causada por factores climáticos adversos.
Aumento golpea a quienes tienen menos recursos
Las personas en condición de pobreza o pobreza extrema afrontan con mayor intensidad estos incrementos, ya que destinan una mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos.
Luis Vargas, economista e investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE), explicó a La Nación que, en muchos casos, quienes están en pobreza extrema llegan a gastar entre el 80% y 90% de sus ingresos en alimentación. Se trata, según precisó, de personas con ingresos volátiles, por lo que las variaciones en los precios tienden a pesar más sobre sus bolsillos.
El economista explicó que, a lo largo de los años, el precio de los alimentos de la canasta básica aumentó, a pesar de que la canasta básica ampliada de bienes y servicios (usada para medir el índice de precios al consumidor) ha registrado inflación negativa en ciertos periodos.
Según precisó, lo anterior obedece a que, mientras productos con un peso importante sobre el indicador como el transporte o las telecomunicaciones han visto una caída en sus precios, los alimentos esenciales continúan encareciéndose, lo que ejerce una presión constante sobre el presupuesto de los hogares, especialmente los de menores ingresos.
Para Vargas, los efectos adversos que enfrentan las familias de bajos recursos debido al alto costo de la canasta básica alimentaria deben ser atendidos por el Estado.
“Tiene que haber intervención estatal sí o sí (...). La inflación es el impuesto más regresivo, porque es el que afecta más a quienes menos tienen. Eso lo que nos dice a nosotros es que hay que intervenir, y ahí sí que el Estado no se puede hacer a un lado”, comentó.
Vargas propuso dos enfoques, uno a corto plazo y otro a largo plazo. El primero, orientado a ofrecer alivio inmediato, consiste en implementar y promover programas de asistencia, becas y transferencias monetarias o en especie.
En este sentido, destacó las ayudas proporcionadas por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y el Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf).
En cuanto al largo plazo, subrayó la importancia de promover una mayor movilidad social y la creación de empleos estables, con el fin de evitar que estas familias enfrenten efectos negativos persistentes e irreparables.