El Ministerio de Hacienda incluyó en sus más recientes proyecciones fiscales un análisis sobre los posibles efectos en las finanzas públicas si el Gobierno tuviera que hacerle frente a algún evento catalogado como desastre natural.
Un eventual fenómeno de este tipo afectaría la relación de la deuda con el producto interno bruto (PIB), a niveles incluso mayores que los de una eventual depreciación del 10% en el colón, y se materializaría en una disminución del superávit primario o un aumento del déficit primario, según corresponda, lo cual tiene un impacto directo sobre el endeudamiento.
El superávit primario se da cuando los ingresos del Estado son mayores que sus gastos, sin contar el pago de intereses, mientras que el déficit primario es lo opuesto, es decir, cuando los egresos superan lo recaudado, sin contar el pago de intereses.
Según las proyecciones de Hacienda, incluidas en el más reciente Marco Fiscal de Mediano Plazo 2026-2031, la materialización de un desastre natural podría generar un incremento de aproximadamente 2,80 puntos porcentuales (p. p.) del PIB en el nivel de endeudamiento, respecto a las estimaciones del escenario base para el 2031.
La estimación base prevé que la relación de la deuda respecto al PIB cierre en 63,8% para el 2031, mientras que, bajo la estimación realizada en el escenario alternativo de un desastre natural, alcanzaría el 66,61%.
“Siendo un resultado significativo en cualquier año que se presente, por ello es muy importante que las entidades así como empresas públicas que tienen a cargo infraestructura esencial, puedan considerar dentro de los análisis las contingencias de un eventos de riesgo de desastres, de forma que en caso de tener un evento catastrófico se pueda minimizar su impacto en las finanzas públicas”, señaló Hacienda.
La institución resaltó que la región de América Latina y el Caribe está expuesta a múltiples emergencias asociadas a los desastres naturales, y que es una de las zonas del mundo más vulnerables ante tormentas y eventos intensificados por el cambio climático.
Ante esto, señaló que fenómenos como las sequías, las inundaciones y el aumento del nivel del mar han aumentado como consecuencia del cambio climático, debido a las alteraciones en variables como la temperatura y las precipitaciones.
Impacto mayor que tipo de cambio
El impacto de un desastre natural sobre el nivel de endeudamiento sería mayor que el de una depreciación del 10% del colón respecto al dólar, de acuerdo con los escenarios planteados por Hacienda.
Mientras que la relación de la deuda respecto al PIB alcanzaría el 66,61% en 2031 bajo el escenario de desastre natural, en el supuesto de una depreciación de 10% llegaría a 65,5% en ese mismo año. La diferencia entre ambos escenarios sería de 1,11 p. p.
El escenario alternativo de depreciación implicaría un deterioro en la trayectoria de la deuda, explicado por la exposición a la moneda extranjera, y, en segundo lugar, por el incremento en el pago de intereses.
Lo anterior obedece a que la deuda denominada en dólares incrementa su valor en colones cuando se deprecia la moneda local, lo que eleva directamente el saldo de la deuda. A este efecto se suma un deterioro en el balance financiero provocado por la depreciación.
Presión en finanzas públicas
Elian Villegas, exministro de Hacienda, explicó que este tipo de fenómenos generan mayor afectación en la partida de gastos que en los ingresos, debido a que hay que recuperar la infraestructura pública afectada y dar soporte a las familias desplazadas o afectadas de manera directa por el evento.
“El impacto se da por la vía del gasto, con algunos que son inmediatos y otros que se pueden ir viendo en el mediano plazo”, aseguró Villegas.
Villegas puso como ejemplo el caso de las inundaciones, donde la afectación suele ocurrir, sobre todo, en las zonas agrícolas o en áreas urbanas con altas concentraciones de población y utilizadas para vivienda, por lo que el impacto sobre los ingresos tributarios no es tan cuantioso.
Fernando Rodríguez, exviceministro de Hacienda, manifestó que los desastres naturales son “eventos extremos” que generan impacto en las finanzas públicas por dos vías. Una de ellas es la directa, que implica destinar recursos para atender las consecuencias más inmediatas, como afectaciones en infraestructura eléctrica, habilitación de albergues u otros.
Rodríguez añadió que también hay que destinar recursos a la atención de las consecuencias mediatas, sobre todo la reconstrucción de infraestructura pública, que suele ser la más costosa y presiona el gasto financiado con deuda y las finanzas públicas.
“En algún momento, los eventos climáticos, principalmente los extremos, fueron bastante onerosos y llegaron a gastarse hasta $300 millones en promedio, por año (...). Ese tipo de gasto para la atención mediata de los desastres son los que tienen más impacto”, agregó.
El exviceministro afirmó que también hay efectos indirectos si el fenómeno golpea al sector productivo, lo que puede reflejarse en una menor recaudación tributaria o en la necesidad de que alguna de las industrias requiera apoyo financiero.
Hacienda explicó que, por las características imprevisibles de los desastres naturales, bajo el escenario alternativo se utilizarían instrumentos de deuda como una medida para solventar la necesidad inmediata de recursos financieros.
¿Cómo se calculó el efecto financiero?
Debido a que no es posible calcular ni tener certeza sobre la ocurrencia de un desastre natural y su impacto en el país, Hacienda utilizó como referencia para el escenario el monto económico promedio de los cinco mayores eventos catalogados como Emergencia Nacional.
Para el cálculo se tomó como referencia el impacto económico de los últimos ocho años (2017-2025), en los que los mayores eventos registrados fueron la tormenta tropical Nate, el temporal en la vertiente del Caribe, el huracán Eta, la tormenta tropical Otto y el huracán Julia. El monto asciende a $570,6 millones.
El choque propuesto contempla un incremento en el déficit primario o bien una disminución del superávit, según corresponda. Esto tendría un impacto directo en el saldo de la deuda pública.
La metodología busca reflejar el peor escenario que se puede presentar ante un desastre, según Hacienda. De acuerdo con las proyecciones, equivale aproximadamente, en promedio, a un 0,43% del PIB.
La previsión asume que, en las fases iniciales de atención, los recursos provendrían del presupuesto ordinario, como el Fondo Nacional de Emergencia, el traslado de partidas presupuestarias, fondos institucionales y préstamos contingentes. Para las etapas intermedias, se utilizaría el mercado de deuda pública.
La entidad enfatizó que Costa Rica se encuentra en un área particularmente sensible al incremento de la temperatura, debido a su cercanía con el Pacífico y el mar Caribe. Añadió que, para el 2026, el Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica (IMN) estimó para los meses entre junio y agosto temperaturas medias que estarían por encima de lo habitual en todo el país.
“El cambio climático es un tema que debe considerarse en las decisiones políticas, así como las estrategias de financiamiento, adaptación y resiliencia, por esto, es primordial analizar posibles impactos en la deuda pública en caso de que un evento de catástrofe impacte”, dijo Hacienda.
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), citadas por Hacienda, en los últimos 50 años los desastres naturales relacionados con el clima se han triplicado, con efectos más adversos en ecosistemas y economías.
