
La científica costarricense Maribelle Vargas Montero formó parte de una misión científica sin precedentes liderada por la NASA en aguas de Costa Rica.
Esta expedición se llevó a cabo del 17 al 21 de febrero del 2025. En ella participaron también especialistas de la Federación Costarricense de Pesca (FECOP) y la Universidad Nacional (UNA).
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Durante cinco días, el equipo recopiló información en el océano con el objetivo de validar los datos obtenidos por el satélite PACE, lanzado por la NASA en el 2024.
Este satélite permite observar el color del mar mediante tecnología hiperespectral. Así, se puede identificar la composición del fitoplancton marino y detectar, casi en tiempo real, eventos de marea roja.
Las mareas rojas corresponden a proliferaciones de microalgas. Algunas de estas producen toxinas que afectan a la vida marina, a los seres humanos y al ecosistema.
Este fenómeno puede generar mariscos contaminados, zonas muertas por falta de oxígeno e impactar sectores como el turismo, la pesca y la acuicultura.
Maribelle Vargas integró esta misión internacional como especialista en microalgas marinas tóxicas. Es la única bióloga marina de la Universidad de Costa Rica (UCR) con certificación internacional para identificarlas. Su participación representa un hito para la ciencia nacional.

Esta científica creció en Costa Rica, educada en el sistema público. Estudió en la Escuela Jesús Jiménez Zamora, luego en el Colegio de San Luis Gonzaga y más tarde cursó Biología Marina en la Universidad Nacional (UNA). Asegura que sin una beca no habría podido continuar su formación.
Su vocación por el océano comenzó en 1978. Con solo diez años, observó en televisión el programa El Planeta Azul, protagonizado por el oceanógrafo francés Jacques Cousteau.
Las imágenes del mar, los peces y los corales la marcaron profundamente. Décadas más tarde, esos recuerdos se materializaron en una carrera científica sólida.
Actualmente, Vargas forma parte del Centro de Investigación en Estructuras Microscópicas (CIEMic) de la UCR. En el 2012, identificó por primera vez en el ámbito internacional al género Gambierdiscus (Dinophyceae) en el Parque Nacional Isla del Coco.
Estas microalgas se vinculan con la producción de toxinas que pueden generar intoxicaciones al ser humano si consume peces contaminados.
Su trabajo ha sido clave para conocer la salud del océano y para tomar decisiones en torno a la seguridad alimentaria y el manejo de recursos marinos. Pese a enfrentar obstáculos por ser mujer, logró integrarse a espacios científicos de alto nivel.
Vargas aseguró que una empresa le negó empleo por su género. Sin embargo, tras años de esfuerzo, su inclusión en la misión científica de la NASA representó para ella una validación personal y profesional.

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