
Un asteroide identificado como 2024 YR4 ha captado la atención de la comunidad astronómica internacional, tras conocerse nuevas estimaciones sobre su trayectoria.
Este objeto celeste, descubierto en diciembre de 2024, había generado preocupación inicial por una posible colisión con la Tierra en el 2032.
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Sin embargo, los últimos cálculos redujeron esa probabilidad a una entre mil. A la vez, se elevó al 4 % la posibilidad de un impacto con la Luna, lo que implicaría riesgos adicionales para las operaciones espaciales humanas.
El asteroide fue la razón de la primera notificación oficial emitida por la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN) el 29 de enero de 2025.
En ese momento, se estimó que medía entre 40 y 90 metros y que tenía una probabilidad de impacto del 1,3 % con la Tierra, suficiente para ubicarlo en el nivel 3 de la escala de Turín, la cual va del 0 al 10 y mide el riesgo de impacto de objetos espaciales.
A raíz de esa alerta, se activó una campaña internacional de observación. Científicos de la Universidad de Helsinki lideraron el seguimiento desde el 30 de enero utilizando el Telescopio Óptico Nórdico (NOT), ubicado en la isla La Palma, en Canarias.
Gracias a esas observaciones, se determinó con más precisión la posición, el movimiento, la rotación, el tamaño y la forma del asteroide, lo que permitió refinar las estimaciones de su trayectoria.
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Durante febrero, las predicciones sobre un impacto con la Tierra alcanzaron un 3 %, cifra récord para un objeto de este tipo.
Las observaciones se interrumpieron momentáneamente debido a la luminosidad de la luna llena, pero los investigadores finlandeses lograron obtener nuevos datos tan pronto como las condiciones lo permitieron. Eso permitió reducir la probabilidad de impacto con la Tierra a menos del 0,001 %.
Riesgo para la infraestructura espacial
A pesar de que el riesgo para la Tierra disminuyó, el análisis más reciente reveló una nueva amenaza. El asteroide tiene ahora un 4 % de probabilidad de chocar con la Luna.
De producirse este impacto, el material expulsado al espacio podría comprometer la seguridad de satélites y misiones en curso en el sistema Tierra-Luna.
El Telescopio Espacial James Webb se unió a las observaciones el 26 de marzo. Este es el único instrumento capaz de medir la emisión térmica del asteroide, lo cual permite estimar su tamaño de forma más precisa, ya que no depende de la reflectividad de la superficie como ocurre con las mediciones en luz visible.
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Aunque un primer intento de medición el 8 de marzo no tuvo éxito, las imágenes posteriores sí permitieron a los científicos calcular que el diámetro del asteroide se encuentra entre 46 y 74 metros con un 95 % de confianza.
Estos nuevos datos serán cruciales para evaluar las consecuencias potenciales de un impacto lunar. Los astrónomos planean continuar con el monitoreo del asteroide hasta abril o mayo de 2025, fecha tras la cual dejará de ser observable desde la Tierra. Su próximo acercamiento será en 2028.
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