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¿Qué podemos hacer frente a la inflación importada?

Debe existir una correlación de política económica, de tal manera que la cambiara sea aliada de la monetaria

De acuerdo con la ortodoxia económica, es muy poco lo que podemos hacer para mitigar los efectos de la inflación importada. Sin embargo, al detenernos en los elementos que exacerban los precios de los bienes y servicios, y “factorizamos” los componentes, hay pistas para amortiguar la magnitud y ralentizar su impacto en los agentes económicos.

No debemos ser ingenuos, los hacedores de servicios que también son consumidores de bienes transables pronto incorporarán a sus funciones de producción estos elementos que, por efectos cruzados, elevarán los precios de sus servicios debido a que la canasta de consumo se ha vuelto más cara.

Los precios de los bienes importados son determinados por lo que nos cobran los socios comerciales en el extranjero y estos, al incrementarse, debido a factores exógenos de política económica —conflictos geopolíticos, disrupción de las cadenas de suministros, alteración de las expectativas de los agentes económicos fuera de nuestras fronteras, etc.—, nos obligan a pagar más.

Los precios están en una divisa que debe ser multiplicada por el tipo de cambio y, por consiguiente, el producto se traslada a la canasta de los bienes importados.

El Banco Central (BCCR) estima entre un 20 y un 35% cuando se trata de depreciaciones. En presencia de depreciaciones inesperadas de la moneda local como las actuales, la magnitud se transmitirá en mayor proporción que aquellas que tengan una devaluación anticipada. Cuando sean apreciaciones inesperadas, el impacto oscilará entre un 0 y un 15%.

Sabiendo el efecto y magnitud del tipo de cambio en la inflación, debemos preguntar si el mercado cambiario refleja un precio de la moneda con respecto a sus fundamentales. Temo que no.

Las intervenciones del BCCR en las últimas semanas, en promedio un 60% de las transacciones en el Monex, han empujado el tipo de cambio al alza.

¿Por qué lo hace? Su propia regla de organización del mercado lo obliga a comprar las divisas que el sector público no financiero requiere para honrar sus pasivos, los cuales han ascendido a montos superiores a $2.000 millones en los últimos meses.

Al “perder reservas”, se ve obligado a comprarlas para elevarlas entre un 11 y un 14% del PIB. Pero hay un elemento en juego: las reglas que los intermediarios del Monex deben cumplir para participar.

Si el BCCR permitiera mayor flexibilidad de los intermediarios cambiarios mediante la eliminación de la razón promedio deseada en moneda extranjera, con el objetivo de dar más espacio a las entidades bancarias para suplir los requerimientos de dólares de clientes internos, originaría una mayor oferta de divisas y mayor profundidad de mercado.

También, contribuiría a restituir reservas o aprovisionarse en una coyuntura de mayor holgura con el fin de afrontar shocks externos o internos que atenten contra las variaciones no deseadas del tipo de cambio.

La capacidad de generar oferta de dólares en el mercado cambiario tendría un impacto inmediato en las expectativas de variación de los agentes económicos y mitigaría las expectativas de una depreciación, como la actual que ronda el 9,8% anual.

El artículo 89 de la Ley Orgánica del BCCR ofrece a las entidades del servicio público no bancario la opción de hacer sus transacciones de compraventa de divisas por medio del Central o los bancos comerciales del Estado.

Ciertamente habrá más volatilidad, incertidumbre para la relación de precios entre colones y dólares, pero esto es caldo de cultivo para el desarrollo de los derivados, necesarios para que el BCCR tenga menos administración y ofrezca más flotación a nuestro mercado cambiario.

El BCCR no es el amortiguador del tipo de cambio, sino el orientador de la inflación en una economía. ¿No es la incertidumbre cambiaria columna vertebral del esquema Inflation Targeting propuesto por la autoridad monetaria?

Es necesario que el BCCR deje de ofrecer seguros institucionales. Nos encontramos en un régimen de “minidevaluaciones camuflado” por reglas brindadas por la misma autoridad, que impide añadirle volatilidad —más para bien que para mal— al mercado de divisas.

Estamos en presencia de un mercado con control de precios, ya que el BCCR, al servicio de las entidades públicas, que requieren dólares poco a poco, inyecta una devaluación que otrora ofrecía incertidumbre al mercado cambiario, y esto era bueno, ya que rompía la inercia con que el efecto pass through empaña los precios de los bienes importados y, con ello, buena parte de la inflación percibida.

Comprar por comprar para tener más reservas no lo hace un fin en sí mismo, y corremos el riesgo de que la política monetaria sea dominada por la cambiaria.

El BCCR sigue un modelo de optimización de adquisición de divisas que no lo determina en lo inmediato, sino con un objetivo a largo plazo.

En este sentido, el nivel óptimo puede considerarse como aquel socialmente deseable, en el que intervienen elementos a mediano y largo plazo, como el crecimiento económico y el endeudamiento externo total, entre otros.

El nivel de reservas adecuado responde a factores coyunturales o a corto plazo, servicio de deuda externa a corto plazo, etc.

El nivel actual es adecuado, y debe ser usado para detener una “devaluación creada” por reglas impuestas por la misma autoridad monetaria o, mejor aún, adaptarlas a los tiempos.

El mercado cambiario es parte de un andamiaje relevante para el mejor control inflacionario. No resulta en sí mismo un objetivo. Con niveles de devaluación del 9,8% interanual, produce más inflación mediante los bienes importados en su trasmisión para los bienes transables (pass through) y esto alienta las expectativas de los agentes.

¿De qué le sirve subir las tasas de política monetaria si exacerba la devaluación mediante la inercia que los agentes incorporan en sus expectativas en el Monex, donde nace el precio de la divisa?

Debe existir una correlación de política económica, de tal manera que la cambiara sea aliada de la monetaria, de lo contrario, se crean desperdicios para los policymakers en la toma de decisiones en extremo onerosas.

puntogalpizar@gmail.com

El autor es ex tesorero nacional.

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