
En promedio, cada 1,5 años Costa Rica juramenta un nuevo ministro de Obras Públicas. No importa el presidente, partido político, ministro o ideología de turno, es evidente la lentitud con la que el país avanza en este importante ámbito. Inaugurar obras de poca vanguardia como “escuelitas” o “puentecitos” de un carril no es ningún logro, sino lo mínimo que la administración debe devolverles a los ciudadanos.
Si, por décadas, no se han ampliado los puertos, aeropuertos, autopistas, ni se ha invertido estratégicamente en infraestructura ferroviaria, francamente, ¿cuál es la sorpresa del desastre en movilidad, logística y transportes que sufrimos? ¿A quién puede sorprender que lo único que aumente sean las presas y los accidentes viales?
Los puertos son un motor innegable para el desarrollo. El nombre de nuestro país no solo empieza con la palabra “Costa”, sino que las costas están representadas en nuestro escudo. Estamos desaprovechando el mar con el retraso de la ampliación de puerto Caldera y la tardanza para diseñar un segundo puerto en el Pacífico.
Con respecto al Atlántico, no puede ser que más del 40% de los cruceros del planeta naveguen por el Caribe, pero Costa Rica solo aproveche una fracción de este mercado. ¿En qué se ha invertido el canon de APM Terminals? ¿Por qué se ha retrasado la construcción de la marina, la renovación del aeropuerto o la mejora del urbanismo de las comunidades?
En infraestructura vial, resulta desesperante el retraso en las vías San José-San Ramón, la nueva vía a San Carlos y la interminable negociación para ampliar la ruta 27. Además, resulta imperativa la ampliación de la ruta 32 en el sector montañoso, incluyendo túneles y viaductos para garantizar la seguridad vial y superar el “jueguito” de tener que cerrar esta arteria cada vez que llueve.
La ruta 4, en Limón, también debe ser ampliada a cuatro carriles para funcionar como un canal seco, al igual que la 34, la ruta 2 entre Palmar Norte y Paso Canoas, y la ruta 18, de Limonal a Nicoya.
Ni qué decir de la falta de rotulación vial, guardarraíles, reflectores y demarcación horizontal. Los sistemas de foto-multas y los peajes automáticos debieron haber sido inaugurados hace años.
Con respecto a la aviación, no se trata de cortar listones rojos cada vez que una aerolínea inaugura una ruta nueva. Se trata de utilizar el transporte aéreo como motor de desarrollo económico, comercial y logístico.
Urge la reubicación de Coopesa en el Juan Santamaría para ampliar la terminal de pasajeros y para que esta cooperativa amplíe sus instalaciones y servicios. Mientras el aeropuerto de Tocumen, en Panamá, proyecta duplicar las operaciones para el 2035, el Santamaría no tiene ni un techo para conectar la terminal doméstica con la internacional. En Liberia, urge la ampliación de la terminal, rampa y calles de rodaje del aeropuerto y sería mágico establecer un hub de carga.
El transporte ferroviario en la GAM podría transformar vidas al sacar miles de vehículos de las vías. En el corto plazo, algo tan simple como habilitar el tren en servicio diario de mañana a noche podría empezar a reducir las presas.
Para que un sistema de tren urbano sea eficiente, es imprescindible que las frecuencias sean cercanas en tiempo y las estaciones estén coordinadas con las rutas y horarios de buses. Una tarjeta tipo abono de transporte, que combine ambos sistemas, podría incentivar al mayor uso de estos, al igual que carriles exclusivos de autobús y que las paradas tengan información actualizada de rutas.
Considerando las decenas de cruces de calles con la vía férrea entre Alajuela y Cartago, el nuevo tren debería ser elevado en gran parte de su trayecto. Si se piensa en un tren que pase cada 10 minutos en hora pico, en ambos sentidos, el tiempo de las agujas abajo, las pitoretas, y el riesgo de colisiones con vehículos en zonas muy transitadas, es vital que ese tren moderno no resulte un estorbo para otros medios de transporte. Tampoco es lógico invertir en un tren a nivel de suelo sabiendo que no va a servir y que al poco tiempo habría que modificar el diseño para elevarlo. Los políticos están confundiendo un metro con un tranvía, tren de cercanías y montaña rusa.
Existen muchas oportunidades de mejora para revertir el desastre de infraestructura que sufrimos. Lastimosamente, en la Asamblea Legislativa no se le ha dado prioridad a la modernización y actualización de la normativa de concesiones, expropiaciones y combate a la corrupción en obra pública. Mientras Chile concesiona de tres a cuatro proyectos al año, en Costa Rica, la cantidad de proyectos firmados por Concesiones se cuenta con los dedos.
El tiempo avanza y las oportunidades se desperdician. Costa Rica debe aprovechar su posición geoestratégica y convertirse en un hub de pasajeros, carga aérea, logística y comercio marítimo. ¿Cómo? Conectando nuestras fronteras, ciudades y puertos por una ágil red de autopistas y trenes.
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Franco Mainieri Murillo es piloto comercial.