
Costa Rica ya conoció cuán cruel puede ser el sarampión. Y, de olvidar ese pasado, corre el riesgo de repetir las crisis sanitarias más duras de su historia. Durante el último siglo, miles de personas sufrieron la enfermedad y, antes y después del desarrollo de la vacuna, en 1963, al menos 4.000 perdieron la vida.
En la epidemia de 1924-1925 fallecieron 1.166 ciudadanos; en la de 1941, otros 890, y entre 1962-1967, 1.190 más. La historia empezó a cambiar en 1967, cuando el Ministerio de Salud impulsó la primera campaña masiva de inoculación.
En esa ocasión, se aplicaron 210.000 dosis a niños menores de 10 años que nunca habían padecido la enfermedad, y el impacto, en 1968, fue extraordinario: las muertes cayeron a 13. Aun así, el virus volvió a golpear en 1969, cuando se registraron 322 fallecimientos, un aviso para no bajar la guardia.
Aunque esa fue la última vez que el sarampión provocó una mortalidad tan elevada, continuó reapareciendo. Entre 1986 y 1988 se contabilizaron 9.000 enfermos y, todavía en 1991, murieron 44 personas más. No fue sino hasta 1999 cuando Costa Rica alcanzó un hito al eliminar los casos endémicos (autóctonos). Desde entonces y hasta el 2025, se detectaron 15 casos, todos importados, es decir, personas que desarrollaron los síntomas aquí tras un viaje al extranjero.
Sin embargo, este 2026 ya evidencia un repunte con cinco contagios importados, una situación que, en términos simples, debe entenderse como una alerta sanitaria que exige vigilancia, vacunación y memoria histórica. Porque, si algo está claro, es que el virus nunca dejó de circular. En los últimos cinco años se registraron brotes en más de 100 países y, solo en lo que va de 2026, África acumula más de 550 muertes y 72.000 enfermos. En América, México suma 17.000 casos y 40 fallecidos desde inicios de 2025; Estados Unidos reportó tres muertes en 2025 y 2.000 contagios este año, y Canadá, 5.000 afectados y dos decesos desde el año pasado.
Guatemala, en tanto, informó de al menos 10 víctimas mortales y confirmó más de 6.000 casos, por lo que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) inició una vacunación masiva el 14 de mayo dirigida a personas desde 6 meses hasta 39 años. De la decena de fallecidos, nueve eran niños “demasiado pequeños para haber completado su esquema de vacunación”, dijo el MSPAS, al explicar que su protección dependía de que las personas a su alrededor estuvieran vacunadas.
Estamos hablando de destinos frecuentemente visitados por costarricenses y, en buena hora, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y el Ministerio de Salud recomendaron la vacunación para niños de entre 6 y 15 meses y para todas las personas mayores de 15 años que planeen viajar a estas naciones, así como a Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay. Aunque la aplicación no es obligatoria, aconsejan recibirla al menos dos semanas antes del viaje.
Legalmente, el esquema de vacunación obliga a recibir la primera dosis a los 15 meses y la segunda, a los 4 años. Ahí radica una de las mayores vulnerabilidades: los menores de año y medio quedan expuestos si entran en contacto con una persona portadora del virus, al igual que quienes, a cualquier edad, no estén inmunizados.
El peligro es enorme, porque el sarampión figura entre las enfermedades más contagiosas: un solo enfermo puede transmitir el virus hasta a otras 18 personas. Si el paciente se complica, puede sufrir ceguera, encefalitis, problemas en el oído o neumonía.
No es casualidad, sino prevención, que el alcance de los cinco casos registrados este año no sea mayor. El primero fue el de una niña de 4 años, residente en Pérez Zeledón, que viajó a México sin recibir nunca la vacuna. El segundo y tercer caso también constituyen una alerta para todos. Una menor de edad vecina de Pococí, y una señora de 41 años, de Dulce Nombre de Coronado, se contagiaron en un encuentro cultural con extranjeros, pese a estar inoculadas. Eso debe tenerse en cuenta: aunque existe una pequeña posibilidad de que una persona vacunada contraiga la enfermedad, la inmunización sigue siendo determinante porque reduce la gravedad de los síntomas y el riesgo de complicaciones.
El cuarto caso fue el de un cartaginés de 35 años que contrajo el virus en Guatemala y el quinto, el de un transportista guatemalteco, también de 35 años, que ingresó por la frontera norte luego de haber iniciado la travesía en México.
Con el sarampión en nuestras narices, los costarricenses no podemos descuidarnos. El artículo 150 de la Ley de Salud declara como obligatoria la vacunación y revacunación que dicte la Comisión Nacional de Vacunación y Epidemiología; entre ellas está la triple viral SRP (sarampión, rubéola y paperas) a los 15 meses y el refuerzo a los cuatro años.
Por el bienestar de todos, por salud pública, el país no está en condiciones de tolerar que disminuya la vacunación ni que avance la desinformación de los antivacunas. Corresponde a los padres asegurarse de que sus hijos completen las dos dosis porque la historia y los miles de fallecimientos en el último siglo son la prueba más contundente de que las vacunas sí salvan vidas.
