Columnistas

Vientos adversos en Nicaragua

Los dados están más que cargados. Almagro lo dijo: ‘Nicaragua se encamina a la peor elección posible’.

¿A dónde va Nicaragua? Me temo que a más de lo mismo. Sumida en dramas de permanentes retornos, su historia parece extraída de una tragedia griega, donde las ilusiones, a poco de iluminarse, se apagan. Su interminable calvario se asemeja al claroscuro tenebrista, con violento contraste de luces y sombras. La amargura de esa hiel amenaza volver a amontonarse en nuestras fronteras.

Brilló el heroísmo, en abril del 2018, cuando un movimiento espontáneo nació del cansancio del alma nacional contra la dictadura. Nadie convocó ese civismo multitudinario y su reclamo se concentró en una sola aspiración: elecciones libres, justas y transparentes. A sangre y fuego se acallaron esas voces. Y cayó después la oscuridad. De disidentes se poblaron las cárceles, incontables fueron los muertos y miles de patriotas huyeron al exilio. Fueron días de dolor universal. Pero ni el clamor de los pueblos, ni la condena internacional detuvieron la noche que acalló la protesta.

Tras el terror impune, la dictadura quedó con la sartén por el mango. Una batería de leyes a su medida le asegura el control del juego electoral. Los portillos de protesta fueron cerrados y un Consejo Electoral afín a la cúpula podrá, con cualquier pretexto, impugnar candidaturas. Los dados están más que cargados. Almagro lo dijo: «Nicaragua se encamina a la peor elección posible».

Para colmo de males, la oposición está dividida en muchos grupos que pretenden representar las jornadas de abril. Se ve difícil que se unifiquen bajo una sola candidatura. La rapiña por puestos de elección popular impide aún el consenso de una clase política mezquina. Incluso unidos, el camino está trucado de origen, pero divididos, ni siquiera cuentan.

El 7 de noviembre están convocadas las elecciones. Malos pronósticos, elecciones amañadas y oposición dividida llevan a muchos a poner vanas esperanzas en presiones externas, censuras de la OEA, nuevas sanciones y condenas de organismos internacionales. Eso podría ayudar, aunque hasta ahora no ha servido de nada. Aun así, nadie reemplaza las fuerzas políticas en plaza que son propias al país. Su división es penumbra que compite con la oscuridad de la dictadura. Pero, a pesar de los vientos adversos, en el pueblo de Nicaragua aún brilla un esplendor de gallardía que puede sorprendernos.

vgovaere@gmail.com

La autora es catedrática de la UNED.

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