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Mitos y realidades del voto joven

Percibo en los jóvenes mayor escepticismo, individualismo, pragmatismo, libertad de juicio, impaciencia ante ‘más de lo mismo’ y ni más ni menos ligereza o frivolidad que otros grupos etarios

Representan el 36% del padrón. Su abstencionismo en la primera ronda del 2018 llegó al 37,58%, tres puntos por encima del promedio. Su indecisión, del 48%, supera en 8 puntos el total, según la más reciente encuesta del CIEP-UCR. Me refiero a la población entre 18 y 34 años. También sabemos que, lejos de agruparse alrededor de rasgos, percepciones y preferencias comunes, muestran tanta diversidad como el resto de la población, entre las cuales las de educación, ingreso y geografía son esenciales. Así lo muestran las estadísticas, encuestas e investigaciones de especialistas.

¿Quiere esto decir que, en relación con la política, no tiene sentido referirnos a los jóvenes como un grupo con características distintivas? Mi respuesta, más intuitiva y casuística que rigurosamente empírica, es que no.

Dentro de su enorme diversidad, estos votantes han llegado a la madurez con el bipartidismo virtualmente fenecido; la polarización global democracia-comunismo básicamente superada, el espectro derecha-izquierda mucho más matizado en componentes; la aceleración tecnológica, digitalización y redes sociales incorporadas a la vida cotidiana; la diversificación socioeconómica nacional cada vez más marcada; una fluidez laboral y personal superior a la de generaciones previas; grandes dificultades para conseguir un primer empleo decente; mayor apertura, respeto y tolerancia hacia la multiplicidad de estilos de vida e identidades personales; y una población adulta con beneficios superiores a los que ellos podrían recibir si no se producen cambios estructurales en el Estado, la seguridad social y la adjudicación de rentas a los gremios y grupos de interés que las han usufructuado.

Por lo anterior, percibo en los jóvenes mayor escepticismo, individualismo, pragmatismo, libertad de juicio, impaciencia ante “más de lo mismo” y ni más ni menos ligereza o frivolidad que otros grupos de edad.

La gran dificultad para candidatos y partidos es, primero, entender la heterogeneidad del conjunto; segundo, proyectarse con credibilidad a sus miembros; tercero, tener cómo hacerlo con propuestas sólidas y verosímiles, no simples frases. Esto precisa alejarse de los estereotipos y tratarlos con seriedad. Pero no veo mucho de esto en la campaña, y presumo que ya es tarde para enmendarlo.

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