
“Nadie en el mundo, nadie en la historia, ha obtenido jamás su libertad apelando al sentido moral de quienes los oprimían”, escribió en su autobiografía Assata Shakur, la revolucionaria estadounidense que falleció en Cuba a los 78 años. Ella había elegido otro camino, teñido de violencia, y tras un polémico juicio y su fuga, se convirtió en la primera mujer en la lista de los terroristas más buscados del Buró Federal de Investigación (FBI).
Joanne Chesimard, nacida como JoAnne Deborah Byron, conocida como Assata Shakur, era una de las figuras más controversiales de Estados Unidos y causa de disputa recurrente con Cuba. Allí se refugió, prófuga de una condena por asesinato de un oficial en 1973.
Su fallecimiento lo informó el gobierno cubano, sin indicar más causa que problemas de salud y edad avanzada.
“Madrina” del rapero asesinado Tupac Shakur, influyente con sus escritos incendiarios, revolucionaria que se consideraba “esclava liberada” por la fuerza en un país todavía dividido por el racismo... Assata Shakur era polarizante y a propósito: para ella, era un deber “luchar por la libertad”
Para el gobierno estadounidense, era una de las terroristas más buscadas, con una recompensa de $1 millón. Se sabía desde los años 80 que se refugiaba en Cuba, como otros prófugos estadounidenses.
Crimen y condena de Assata Shakur
En los años 70, Byron formaba parte de la organización armada Ejército de Liberación Negro (Black Liberation Army, BLA). Esta era una organización marxista-leninista que se había separado de los Panteras Negras y que creía en la lucha armada en su lucha contra la violencia racista y la discriminación.
Los miembros del BLA colocaron bombas, mataron a policías y llevaron a cabo robos que describían como “expropiaciones”, de acuerdo con el New York Times.
El 2 de mayo de 1973, Assata Shakur se topó, junto a dos cómplices de la organización, con una patrulla policial en una carretera del estado de Nueva Jersey. Un policía y un miembro de la banda murieron durante el tiroteo que se produjo.
Ella huyó, pero eventualmente fue arrestada y acusada de asesinato, en 1977. Fue condenada a cadena perpetua, pero logró escapar de prisión en menos de dos años.
Según el Times, la versión de Shakur es que ella nunca utilizó el arma de fuego y que tenía las manos en alto cuando le dispararon a ella misma; doctores testificaron que sus heridas concordaban con el testimonio.
Pero en el controversial juicio, un jurado conformado solo por personas blancas, determinó que aunque no hubiese evidencia de que ella disparara el arma que mató al oficial, era corresponsable del delito.
Como escribió en su autobiografía, publicada en 1987, consideraba que el jurado había “condenado a una mujer con las manos arriba”. Ese libro, Assata: An Autobiography, se ha convertido en un texto influyente en los campos de estudios de la negritud, la crítica del racismo y la investigación y teoría afroestadounidenses.

Assata Shakur no dejó de ser controversial
Con su libro, sus subversivas declaraciones y entrevistas, y la polémica en torno al crimen en Nueva Jersey, Assata Shakur se convirtió en un icono cultural de una época convulsa para Estados Unidos.
Se consideraba “madrina” de Tupac Shakur. The Roots, Public Enemy, Common, Nas, Jay Z y muchos otros raperos y músicos han compuesto canciones en su honor o se las han dedicado. Hay agrupaciones y edificios con su nombre. Citas de su autobiografía circulan constantemente en redes sociales.
“La gente se acostumbra a todo. Cuanto menos pienses en tu opresión, más crece tu tolerancia hacia ella. Con el tiempo, las personas llegan a creer que la opresión es el estado normal de las cosas”, escribía Assata Shakur. “Pero para ser libre, tienes que ser plenamente consciente de que eres un esclavo”.
A pesar de su popularidad, para el gobierno estadounidense nunca dejó de ser una criminal en fuga. En mayo, el secretario de Estado, Marco Rubio, había cuestionado en la red social X que el “régimen cubano” seguía “proporcionando refugio a terroristas y delincuentes, incluidos fugitivos de Estados Unidos”.
“Tenemos la obligación ante las víctimas y el pueblo estadounidense de mantener nuestro compromiso inquebrantable de exigir responsabilidades al régimen cubano”, agregó Rubio.
En su publicación aparecían una foto de Shakur y otra del policía asesinado en 1973.
