Gustavo Arias Retana. 28 diciembre, 2020
 

León Cortés reportaba, al 15 de diciembre, solo 102 casos de covid-19.  Fotografía: Rafael Pacheco.

Solo tres cantones desconocen qué se siente perder a un vecino por la pandemia de covid-19 tras nueve meses de confirmado en el país el primer fallecido por causas relacionadas con esa enfermedad.

Se trata de Abangares, en Guanacaste, y de León Cortés y Turrubares, en San José, de acuerdo con los datos del Ministerio de Salud, al 15 de diciembre.

Esas tres comunidades tiene un denominador común: son localidades pequeñas con pocos habitantes. Esa sería una de las razones de que la mortalidad sea nula, pues la baja densidad poblacional les permite apegarse, con mayor facilidad, al distanciamiento social y a las otras medidas de contención.

“Aquí casi no tenemos casas pegadas, ni grandes supermercados donde se aglomere la gente”, explicó el alcalde de Turrubares, Giovanni Madrigal.

“Nos hemos beneficiado mucho de que aquí la mayoría de gente tiene su patio, su solar, eso ayuda mucho”, agregó por su parte la vicealcaldesa de Abangares, Jovita Cabezas.

La escasa población le ha permitido a esas tres comunidades no solo evitar las muertes, sino también estar entre los 15 cantones que registran menos casos positivos de covid-19 en todo el país.

Al 15 de diciembre acumulaban, en conjunto, 637 contagios, es decir, solo el 0,4% del total nacional, que para ese día era de 154.096 infectados. León Cortés registraba en toda la pandemia102 positivos; Turrubares, 125 y Abangares, 410.

Las diferencias en densidad poblacional son notorias si se compara esos tres cantones con las comunidades que registran más muertes ligadas al coronavirus.

En Turrubares viven 17 personas por kilómetro cuadrado, en Abangares 30 y en León Cortés 114, según las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Por el contrario, en San José, Desamparados y Alajuela —los cantones con más fallecidos y que acumulan, en conjunto, el 31% de las muertes por coronavirus— se registran 7.786, 2.657 y 631 personas por kilómetro cuadrado, respectivamente.

“En los sitios más densamente poblados existe un riesgo mayor de infecciones y eso puede derivar en un aumento de la letalidad”, dijo el ministro de Salud, Daniel Salas.

A la inversa, los más letales

No obstante, la baja densidad poblacional no necesariamente es sinónimo de pocos fallecidos. Hay que sumarle otros factores como el acceso a servicios básicos esenciales y analizar cuándo llegó el virus a esas comunidades.

En total, hay 32 cantones —con alta y baja densidad— que registran una tasa de letalidad por encima de la media nacional, que actualmente es de 1,2%, es decir, que de cada 100 enfermos detectados fallece uno.

Buenos Aires, de Puntarenas, encabeza esa luctuosa lista, con una tasa del 3,7%, que se traduce en cuatro muertes por cada 100 casos que se detectan en dicha comunidad, la cual suma 621 positivos y 23 muertes.

Otros siete cantones superan el 2% de letalidad: Osa, también en Puntarenas, Nandayure en Guanacaste, San Isidro en Heredia y Tarrazú, Dota, Pérez Zeledón y Tibás en San José.

Todas son localidades con cifras muy variables de densidad poblacional. Por ejemplo, en Buenos Aires viven solo 22 personas por kilómetro cuadrado, mientras que en Tibás 10.414.

Especialistas consultados por La Nación explican que aunque no existen, por el momento, estudios definitivos sobre los factores que hacen variar el porcentaje de letalidad de un cantón a otro —más allá de la densidad poblacional— sí hay dos elementos que parecen ser determinantes: las brechas en el acceso a los servicios de salud y las diferencias en los tiempos epidemiológicos de las comunidades.

Brechas difíciles de cerrar

Para Juan José Romero, coordinador del posgrado en Epidemiología de la Universidad Nacional (UNA), las brechas en el acceso a servicios de salud condicionan, completamente, cuán letal es la covid-19.

Las poblaciones más pobres tienen posibilidades reducidas de asistir a la seguridad social y por lo tanto, cuentan con un menor control de patologías como la diabetes y la hipertensión, que convierten a las personas con estos padecimientos en pacientes de alto riesgo ante la pandemia.

“Lo que podemos decir es que la letalidad por covid-19 ha estado altamente marcada aquí y en muchos lugares por los determinantes sociales e inequidades. Tenemos pobreza, desempleo, malos sistemas, diabetes, hipertensión que no están controladas. Todo eso se potencia con el coronavirus, todo eso afecta el hecho de que haya más enfermedad y haya más letalidad”, dijo Romero.

La apreciación del especialista coincide con estudios que miden el progreso social en el país, como el Índice de Progreso Social Cantonal (IPS), que desarrolló, en el 2019, el Centro Latinoamericano para la Competitividad y Desarrollo Sostenible del Incae.

En ese informe, 28 cantones obtuvieron una calificación por debajo de los 70 puntos, es decir, que se trata de comunidades con los peores resultados en materia de necesidades humanas básicas, seguridad, vivienda, agua, nutrición, cuidados médicos, acceso a la educación superior, derechos personales, calidad del medio ambiente y acceso a la información y comunicaciones.

De ese grupo, 12 (el 42%) forman parte de los cantones que tienen una tasa de letalidad mayor a la media nacional.

Las tres comunidades en que mueren, proporcionalmente, más enfermos de covid-19 están en ese segmento de menor progreso. Buenos Aires tiene una calificación en el IPS de 68,5, Osa de 66,9 y Nandayure de 64,8.

El cantón peor calificado es Talamanca, en Limón, con 62,8, dicha comunidad también presenta un porcentaje de letalidad mayor a la media nacional, con un 1,9%.

Una situación similar se presenta al comparar los cantones de mayor letalidad con el Índice de Desarrollo Social (IDS), del 2017, del Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (Mideplan).

De los 32 cantones que tienen un promedio de letalidad mayor al del país, 14 (el 44%) se ubican en los dos quintiles de menor desarrollo, según esa medición.

La directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Costa Rica (UCR), Ileana Vargas, explicó que esa realidad podría provocar que las personas de menos recursos lleguen a los hospitales en condiciones más graves, situación que incrementaría las posibilidades de que terminen engrosando las cifras de fallecidos.

“Probablemente, tiene que ver con aspectos como la educación, la compresión de los mensajes de prevención, aspectos nutricionales o que las personas van menos o más tarde a los servicios de salud porque tienen que viajar distancias mayores”, afirmó Vargas.

Otro factor, los tiempos

Ileana Vargas y Juan José Romero explicaron que otro factor fundamental para comprender las variaciones en la letalidad, es que los cantones se encuentran en diferentes “momentos” epidemiológicos.

Un ejemplo de esta situación es León Cortés y en general la zona de Los Santos, una región en que los casos de covid-19 empezaron a manifestarse hasta julio y agosto.

Al cerrar agosto, los tres cantones que forman la zona de Los Santos —León Cortes, Dota y Tarrazú— solo registraban 45 positivos en total. Mientras que había diez cantones, nueve de ellos de la Gran Área Metropolitana (GAM), que ya superaban los 1.000 casos.

“No solo la pandemia entró más retrasada, también han sido focos más pequeños y se reportan pocos picos”, dijo Vargas.

Esas diferencias en los tiempos de la pandemia, influyen en la cantidad de muertes, ya que la enfermedad se mueve a ritmos distintos, inclusive dentro de un mismo cantón.

“Tenemos momentos epidemiológicos variables en el país, recordemos por ejemplo, el caso de San Carlos, que en algún momento se puso caliente por el tema de las piñeras, luego bajó y luego volvió a subir pero en la zona de La Fortuna por otros factores más ligados al turismo”, comentó Romero.

¿Qué más están haciendo León Cortés, Turrubares y Abangares?

La fórmula en el manejo de la pandemia en los tres cantones que no presentan fallecidos sigue una misma línea: lograr el mayor apego posible a las medidas de contención.

“Aquí usted no ve a casi a nadie sin mascarilla, hemos insistido al máximo en el uso de mascarilla, en el distanciamiento”, aseguró el alcalde de León Cortés, Denis Mora.

Las autoridades de los tres cantones también destacan que han realizado campañas de concientización y que las instituciones involucradas en el manejo de la pandemia se han asegurado de que a quienes tengan que hacer las cuarentenas se les entreguen los alimentos necesarios para que no pasen necesidades.

Ese trabajo comunitario es fundamental, según el ministro Salas, para evitar las muertes por la covid-19.

“El nivel de educación sanitaria sigue siendo muy importante y esto tiene que ver mucho con la alfabetización de las personas, pero también con todo el trabajo que se haya hecho a nivel comunitario”, dijo.

En el caso de León Cortés, el alcalde también destaca la coordinación con los cantones vecinos (Dota y Tarrazú) y la instalación en Tarrazú de un centro de contención para pacientes covid-19 de cara a las cogidas de café.

Finalmente, todos coinciden en que no hay secreto, en que lograr sobrellevar la pandemia con la cantidad menor de víctimas depende de que cada habitante asuma la responsabilidad de protegerse y proteger a sus vecinos.

“Esto es de todos, aquí se trata de que las personas estén protegidas, los comercios han reaccionado muy bien, pero al final es una responsabilidad que todos tenemos que asumir, la única forma de seguir sin muertos es que todos mantengamos las medidas”, concluyó la vicealcaldesa de Abangares, Jovita Cabezas.