Fabrice Le Lous. 25 junio

Costa Rica necesita reunir a unos 70.000 trabajadores para la recolección de la cosecha de café del 2020. Más del 60% de los recolectores proviene de Nicaragua o del norte de Panamá, pero la actual crisis sanitaria por el covid-19 ha puesto en vilo a este y otros sectores agrícolas: las fronteras están cerradas y se necesita que sean costarricenses quienes recojan los frutos.

Explicamos cómo funciona este trabajo de recolección de café, por qué los ticos ya no son la mayoría en hacerlo y cuán importante es la mano de obra migrante en esta fuerte industria costarricense.

Datos importantes a tener en cuenta:

--Costa Rica busca acopiar dos millones de fanegas de café en el 2020 (una fanega contiene 400 litros de café en fruta; unos 250 kilogramos de café en fruta).

--Una fanega representa 20 cajuelas. Una cajuela es la unidad de recolección que se utiliza para medir el rendimiento de un trabajador en el campo. Pesa aproximadamente 12.5 kilogramos.

--Para lograr el objetivo, 70.000 recolectores de café son necesarios. El 60% de estos cogedores, en 2019, eran migrantes. Principalmente nicaragüenses e indígenas ngobes del norte de Panamá.

--El período de recolección de la cosecha del café comienza en agosto y se extiende por cuatro o cinco meses.

Desempleo récord por covid-19

La aguda escasez de mano de obra para coger café se une al tema del desempleo, que se ha profundizado como nunca: 15,7% de la población activa está desempleada entre febrero y abril. Es un récord negativo para Costa Rica.

Más de 100.000 personas perdieron su trabajo en 2020 a causa de la pandemia y de las medidas sanitarias necesarias para prevenir y controlar los contagios.

Entre abril y febrero, la cantidad de desempleados en el país pasó de 277.376 personas a 379.063. La tasa de desempleo creció en 4,4 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año pasado.

Con casi 380.000 personas desocupadas en plena pandemia, y con una convocatoria activa del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) para que los costarricenses vayan a las fincas, surge la pregunta: ¿los costarricenses desempleados en 2020 irán a coger café?

La directora del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé), Xinia Chaves, es optimista en que sí se logrará la convocatoria con mano de obra nacional. Pero el presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), Juan Rafael Lizano, quien además es cafetalero, ve el panorama con preocupación.

¿Cómo es coger café? Particularidades del trabajo

Tanto Chaves como Lizano lo describen como un trabajo ocasional independiente.

La persona que coge o recolecta café:

--No firma un contrato

--No está sujeta a un horario fijo

--No está obligada a cumplir con jornadas laborales

--No se le paga por día sino por lo que recolecta: por cajuelas con frutos de café. Cada cajuela (12,5 kg vale poco más de c1.000)

--El precio mínimo de la cajuela es de c1.011 en 2020, según el Ministerio de Trabajo. El precio promedio que se pagó en 2019 fue unos c1.200 por cajuela.

--Una persona hábil para coger café puede hacer entre c20.000 y c25.000 en un día. Pero una persona que está comenzando o que no tiene fortuna por la intemperie (calor extremo, lluvia, frío, etc.) puede hacer entre c6.000 y c.7000 en un día.

Son condiciones de trabajo específicas y distintas que están cubiertas por el Código de Trabajo. Se recibe el café con una medida oficial y se paga el monto oficial. La ganancia cambia según la habilidad de la persona, según la cosecha de la finca, según el clima, etc.

“Es un trabajo duro, de campo”, describe Juan Rafael Lizano, presidente de la CNAA y cafetalero. “Es un trabajo al aire libre. A veces llueve, a veces no llueve. A veces hace mucho sol. Es un trabajo con las manos. Se ocupan manos fuertes, aunque he visto a cogedoras con manos pintadas. Ellas saben cómo hacerlo. Más del 60% de los cogedores son hombres. No se firma ningún contrato. Lo que nosotros tenemos, por ejemplo, es una póliza de accidentes con todos los que estén en el cafetal, sin nombres. A los trabajadores se los recoge en camiones o tractores para traerlos al cafetal. Algunos llegan por su cuenta en bus. Es un trabajo muy libre”.

Xinia Chaves, directora de Icafé, indica que los recolectores gozan de una gran libertad porque pueden ir al cafetal según su propio horario. Lo que deben cumplir es con las condiciones y requerimientos de la recolección y la asignación de las calles de la finca donde trabajan (las hileras de plantación).

Si falta un jueves o si solo puede ir tres días, estas son situaciones normales para este tipo de trabajos. El Ministerio de Trabajo acostumbra establecer tarifa mínima de pago por cajuela. Esto no está reglamentado en otros países, donde se hace por saco, por volumen o al ojo. En Costa Rica el Icafé regula para garantizar que la recepción del café al productor se hace en forma correcta”, detalla Chaves.

Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
Testimonios de recolectores de café

Ana Virginia Quesada, de 66 años, quien estudió Trabajo Social y fue jefa de esa área en el Hospital Nacional de Niños por muchos años, cogió café desde niña hasta adulta en la zona de Desamparados, donde creció, en el seno de una familia dedicada a esa actividad.

Uno de sus hermanos, Mario Humberto Quesada, de 68 años, todavía coge café cada año en noviembre, en una hacienda de tres hectáreas que tiene en San Miguel de Desamparados. Hace décadas, nos cuenta, vivía rodeado de grandes fincas cafetaleras, pero el tiempo dio paso a residencias sociales, rellenos sanitarios, cementerios y otros fines urbanísticos que cobijaron la geografía. Ambos hermanos recuerdan cómo eran y cómo son las jornadas de recolección del café en Costa Rica.

“En los años 60, cuando nosotros apenas teníamos 5 o 6 años, la familia se iba toda a coger café”, cuenta Ana Virginia Quesada. “En el caso mío eso cubría mis gastos de escuela y colegio. Los gastos básicos de una. La generación mía no tenía otra posibilidad. Yo recogí café de niña, adolescente y casi todavía adulta cuando entré a la universidad. Estudié en la UCR con beca, pero en la época de vacaciones no había tantos cursos de verano, así que me iba a coger café”.

Quesada cuenta que eran jornadas extenuantes. Algunos hombres podían llenar hasta 20 cajuelas por día, pero también había muchas mujeres. Por aquellas décadas las familias se llevaban a los niños y así hacían dos acciones a la vez: se aseguraban cuidarlos y tenerlos cerca, y también se beneficiaban de su ayuda.

“En los 70 los papás se la llevaban a una desde las cinco de la mañana. Ahí íbamos nosotros. Había que desplazarse a pie hasta lugares lejanos. La jornada terminaba hasta las cuatro de la tarde, cuando el camión llegaba a traer el café para llevarlo al recibidor. Pero la jornadas eran largas. Yo diría que entre nueve y 10 horas. Yo recuerdo unos lugares que los llamábamos ‘las pelotas’, porque era una topografía pesada, totalmente irregular, donde había que poner a prueba todo el equilibrio para no salir rodando. Yo no recuerdo culebras, pero sí gusanos. Gusanos blancos que hasta fiebre producían. Pero eso era parte de la cotidianidad”.

Su hermano, Mario Humberto Quesada, quien cogió café entre noviembre y diciembre pasado, y cogerá café en noviembre próximo, dice que ahora su jornada es de ocho horas: comienza a las 6:00 am y termina alrededor de las 2:00 pm.

“En un día yo recojo unas 15 cajuelas”, cuenta. “Yo soy muy bueno para eso. En otras zonas se llenan hasta 20 (cajuelas). Yo no uso guantes ni nada de eso. Nunca. Puramente con la mano limpia. En la finca de nosotros no hay serpientes. Lo único es la roya (un hongo que afecta las plantas de café). Ni alacranes quedan. En otras zonas sí; en San Vito, Turrialba, Pérez Zeledón. Con lluvia uno se resbala y se cae. El café también. Y se revienta. Es duro cuando llueve, pero uno sale en días de sol en mi caso. El año pasado casi no llovió”.

Según Mario Humberto Quesada, coger café es “un trabajo que lo puede hacer cualquier persona”. El que tiene ganas de trabajar, dice, lo puede hacer. “No es nada del otro mundo. Recoger el rojillo y dejar el verde, nada más. Porque todavía está verde”, dice.

Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
¿Quién tiene las habilidades para coger café?

En principio, en cuanto a la calificación que se requiere, es un trabajo que cualquiera puede realizar. Pero son necesarios conocimientos y habilidades específicas para hacerlo bien; aunque esto se puede aprender con días de práctica.

Por lo general, además, los trabajadores deben mudarse a vivir cerca de la finca por el tiempo que dura la recolección.

En este tema, las opiniones de Xinia Chaves y de Juan Rafael Lizano divergen.

Chaves, al igual que Mario Humberto Quesada, afirma que es un trabajo que “cualquiera puede hacer”, que requiere habilidad manual y “Un poquito de paciencia para aprender”.

“No tiene un nivel de exigencia superior para que alguien encuentre limitación”, dice Chaves.

Por su parte, Lizano cree que es muy difícil que veamos a ciudadanos de la Gran Área Metropolitana acostumbrados a otro tipo de trabajos como de oficina, por ejemplo, cogiendo café en el campo.

“Es muy difícil. Implica irse a vivir a un bache”, valora Lizano. “Se vuelven migrantes en su país. El bache puede ser por tres o cuatro meses. Hay que convivir con personas que no conoce. Hay que adaptarse”.

Hace décadas, esta actividad fue creada para las familias costarricenses, subraya Xinia Chaves. Pero conforme Costa Rica se fue abriendo y decantando por actividades de servicio y una gama o abanico superior de posibilidades laborales, los ticos se fueron inclinando hacia una mejor escolaridad y otros sectores de actividad.

Sin embargo, en Nicaragua y en el norte panameño, donde existe una cantidad importante de personas que no ven satisfechas sus necesidades primarias ante la ausencia de oferta de mano de obra, coger café y otros productos agrícolas en Costa Rica se volvió una opción interesante.

Poco a poco, esta mano de obra migrante vino a desplazar a los costarricenses. No solo porque aprendieron del trabajo, sino porque se convirtió para ellos en una extraordinaria oportunidad de ingresos.

Pablo Sauma, economista catedrático en la UCR, explica que el tema de la menor remuneración en el contexto nacional, hace menos atractivos estos trabajos para los costarricenses, pero no sucede lo mismo con los inmigrantes, pues esas remuneraciones son bastante mayores que las que percibirían en sus países de origen por el mismo trabajo.

Por lo general, quienes vienen a recolectar café tico son indígenas ngobes del norte de Panamá y nicaragüenses. Los primeros trabajan en los cafetales y regresan a sus tierras. Gozan también de una binacionalidad legal por leyes que protegen a las poblaciones indígenas.

En el caso de los nicaragüenses, una vez que pasa la cosecha del café, muchos cambian a otros trabajos como cortar caña, cosechar naranjas, recolectar melones o sandías, etc. Tras unos meses en Costa Rica, en los que envían remesas a sus familiares, algunos regresan a Nicaragua.

En este punto, la mano de obra migrante es de suma importancia para el café y otros productos agrícolas.

“No hay que verlos como gente que viene a hacer daño. Hay que verlos como gente que viene a ayudarnos muchísimo a levantar las cosechas”, dice Juan Rafael Lizano, quien aboga por la creación de un estatus migratorio especial para los trabajadores que ingresan del extranjero a desempeñar estas labores.

“En la Cámara hemos peleado por 6 u 8 años por un decreto que les dé un estatus migratorio. Me parece que sería muy bueno decirles: ‘Bueno, usted entró tal día, no está enfermo, tome su carnet con foto, con información de dónde estará viviendo, en qué zona. Con este carnet abre cuenta en el banco’”.

Este lunes 22 de junio, el Gobierno publicó un decreto mediante el cual se pretende agilizar el registro legal de extranjeros con arraigo en el país, en un nuevo esfuerzo por incrementar la cantidad de manos disponibles para recolectar cosechas. Sin embargo, este beneficiaría únicamente a personas que comprueben haber ingresado y permanecido en Costa Rica entre el 15 de enero de 2016 y el 15 de enero de 2020. Es decir, no se avala el ingreso de nueva mano de obra migrante durante la crisis por la pandemia.

La diferencia entre peones que trabajan permanentemente en fincas y recolectores de café es la siguiente:

--Los peones permanentes deben tener todas las coberturas que exige la ley, incluyendo el seguro y un salario mínimo para su sector (c10.620 por jornada ordinaria).

--Los recolectores son trabajadores independientes. Se les debe pagar a todos y todas la cajuela de café al mismo precio (c1.011 / cajuela), independientemente de su nacionalidad.

--En cuanto al seguro, a partir de 2018, el Icafé y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) han firmado acuerdos para garantizar un seguro a estos trabajadores para que tengan acceso a diferentes servicios. En 2018, unas 75.000 personas (nacionales y extranjeras) se beneficiaron del acuerdo. En 2019 también se firmó un convenio de la misma naturaleza. Funciona como una protección con carácter excepcional y por plazos de implementación para los trabajadores que realizan esta actividad específica.

--Algunos problemas de salud que pueden presentarse para los recolectores están: infecciones respiratorias, tuberculosis, dermatitis, diarreas, caries, etc.

Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
¿Los ticos son “vagos” por no coger café?

La pregunta la extrajimos de múltiples debates que brotaron aquí y allá en redes sociales, tras la convocatoria del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) para que costarricenses cojan café este año.

Antes de buscar una respuesta a la consulta, es preciso recordar que es todavía muy temprano para distribuir calificativos, porque las primeras recolectas se harán a finales de agosto. Faltan más de dos meses.

Ahora bien, el hecho de que muchas personas desempleadas a causa del covid-19 no contemplen ir a los campos en agosto a coger café, no los vuelve vagabundos.

“Es totalmente falso que los ticos sean vagos”, dice el economista Pablo Sauma. " Lo cierto es que los ticos, incluyendo a muchos hijos e hijas de campesinos, no ven la agricultura como una alternativa de vida, pues han visto cómo sus padres han vivido siempre en una situación de pobreza o apenas por encima del límite de esa situación. Entonces, muchos ven en la educación y en los trabajos no agrícolas la única oportunidad de mejorar su nivel de vida. En todo caso, en situaciones de crisis, la oportunidad de obtener un ingreso, aunque sea pequeño, de forma honrada, es una importante alternativa que no se puede dejar pasar. Debemos esperar a ver qué sucede”.

En el Icafé, nos comenta Xinia Chaves, ya se abrieron plataformas para recibir ofertas de empleo y para procesarlas por regiones cafetaleras. En una semana y media de estar funcionando, aún sin estar en cosecha, se han inscrito 15.000 personas a través de Icafé, más unas 2.000 personas vía el Ministerio de Trabajo (dato hasta el 29 de junio).

Además, ya se dio luz verde para la incorporación de entre 7.000 y 11.000 indígenas binacionales ngobes de Panamá.

El principal problema de escasez de mano de obra son los migrantes de Nicaragua que no pueden entrar.

“No es admisible que en una época de pandemia queramos quebrarle el brazo a una política de salud poniendo en riesgo a los ciudadanos. Estamos actuando de forma correcta al contener el ingreso de nicaragüenses bajo las condiciones que hay ahora. Por eso tenemos que alentar a la gente desocupada para que pueda encontrar oportunidad para sustentarse”, dice Xinia Chaves, quien afirma estar “convencida” de que se logrará acopiar las 2 millones de fanegas en este año de cosecha.

Juan Rafael Lizano, presidente de CNAA y cafetalero, vive este momento con dudas.

“Tengo acciones en café, tenemos fincas de café. Vivo esta época con muchísima preocupación. En este momento no sabemos cuánta gente va a haber. Estamos hablando con los vecinos, estamos buscando. Veo que tenemos un déficit de mano de obra grande Yo no creo que reunamos los 70.000 este año”, estima Lizano.

Pero ambos especialistas en café no dudan a la hora de responder que la situación actual no tiene nada que ver con que los costarricenses sean “vagos” o no.

Además, no es como que no haya ticos recolectando café. El año pasado, de los 70.000 trabajadores que realizaron esta faena en la época de mayor maduración, al menos 28.000 eran de Costa Rica.

“El tico no es vago. El tico es muy trabajador en mi experiencia. Tenemos muchísimos ticos que van a coger café. Costa Rica ha ido educando a su gente, haciéndola bachiller, el INA, los técnicos, les dan muchas posibilidades”, apunta Lizano.

“Yo no quisiera decir que los costarricenses somos vagos para recolectar café. Simplemente hemos escalado otras oportunidades. Bueno, algunos podrían ser vagos. Yo no quiero decir que no ni excluirlo, pero sí que gozamos de oportunidades alternativas que nos han permitido relacionarnos con otras posibilidades laborales”, sostiene Chaves.

Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.
Una finca cafetalera en Naranjo, Alajuela, diciembre de 2018. Foto: Albert Marín / La Nación.