Esteban Ramírez. 21 febrero
El Banco Central de Costa Rica dejará de producir monedas de ¢5 a partir del 1.° de enero del 2020. Fotografía: Jorge Navarro
El Banco Central de Costa Rica dejará de producir monedas de ¢5 a partir del 1.° de enero del 2020. Fotografía: Jorge Navarro

El telegrama-jalón de orejas que dio el Banco Central a las entidades financieras, el mes pasado, durante la presentación de su programa macroeconómico, parece haber rendido frutos. Luego de que la autoridad monetaria reprochó a los bancos no hacer lo suficiente para reducir sus intereses, por fin, esta semana, la tasa básica pasiva mostró un importante ajuste a la baja.

La medida debería aliviar el costo del crédito en colones, tanto para las operaciones nuevas como para aquellas vigentes que utilicen esta tasa como referencia. Relativizo la afirmación porque el beneficio dependerá de otras variables, como por ejemplo, si el contrato del préstamo de la persona establece alguna tasa piso que impida reducciones en los intereses por debajo de un nivel pactado.

Sea como sea, la tasa básica pasó 6,65% en julio del 2019 a 4,95% al día de hoy, es decir, 170 puntos base menos. Esta baja en los intereses está en línea con el objetivo de apoyar la reactivación económica, impulsado desde varios frentes: generosos recortes a la tasas de política del Banco Central (ocho consecutivos hasta la fecha); y disminución del encaje bancario, del 15% a 12%, que liberó cerca de ¢380.000 millones en liquidez el año pasado, por citar dos de ellos.

Hasta aquí, todo bien. No obstante, ante esta sucesión de hechos caben un par de acotaciones adicionales.

Cuando se hizo evidente la disconformidad del Banco Central con los resultados obtenidos por sus medidas para reactivar el crédito, algunos banqueros mencionaron que, parte del problema era que la tasa básica no reflejaba bien la magnitud del ajuste a pesar de que ellos sí habían reducido sus tasas de captación.

¿Debería revisarse la metodología de la tasa básica? Esta es una discusión siempre abierta, pero cualquier cambio debería resistirse a la tentación de las conveniencias coyunturales. Cuando los intereses van de bajada, a los deudores nos encantaría que la forma de calcular la TBP facilite un ajuste inmediato, pero no debemos olvidar que cuando la tendencia se revierta, estaremos expuestos a un aumento igual de abrupto.

La otra situación compleja, digna de subrayarse, es el enorme peso que unos pocos jugadores pueden tener en el rumbo de las tasas de interés que afectan a muchos deudores. El recorte en la tasa básica, anunciado el miércoles pasado vino por el empuje de la banca estatal, lo cual deja en evidencia quiénes llevan la voz cantante en el mercado de los colones.