Esteban Ramírez. 28 junio, 2019
La materia tributaria nos pone en un terreno sinuoso y la implementación de la legislación se ha dado a un paso vertiginoso; hemos recibido y procesado enorme cantidad de información, quedan resoluciones pendientes de emitir por parte de la Administración Tributaria.
La materia tributaria nos pone en un terreno sinuoso y la implementación de la legislación se ha dado a un paso vertiginoso; hemos recibido y procesado enorme cantidad de información, quedan resoluciones pendientes de emitir por parte de la Administración Tributaria.

La desinformación también campea en el terreno tributario. En algunas ocasiones es producto de la mala fe de grupos o personas que quieren abonar a la incertidumbre en beneficio de sus objetivos; en otras, puede deberse al poco tiempo para asimilar y poner en marcha los alcances de la reforma fiscal. La complejidad del tema añade combustible a la propagación de mitos en cualquiera de esos dos escenarios.

La responsabilidad de poner sensatez en la discusión y contrarrestar las noticias falsas yace en quienes de una u otra forma participan en el proceso de informar, pero sobre todo, en el receptor final cuando certifica la seriedad del medio y el mensaje que recibe.

La materia tributaria nos pone en una carretera sinuosa y la implementación de la legislación se ha dado a un paso vertiginoso; hemos recibido y procesado enorme cantidad de información, quedan resoluciones pendientes de emitir por parte de la Administración Tributaria y la amplitud de criterios que surgen debido a la novedad de los cambios son la norma. Añado un desafío más: cada contribuyente es un mundo.

Con este trasfondo, en periodismo nos debatimos entre la urgencia de informar de manera oportuna y a la vez, de mantener la serenidad que exige garantizar la precisión y profundidad. Este balance se obtiene con un enfoque iterativo e incremental, donde en cada entrega se fundamente en los nuevos elementos conocidos en cada bloque de la ley aprobada (IVA, renta, salarios públicos y responsabilidad fiscal), y no en la especulación o las interpretaciones basadas en información incompleta.

Aún así es necesario hacer un alto todos los días, evaluar lo publicado, rectificar cuando sea necesario, e incorporar al análisis los nuevos elementos recabados, revisar la calidad de las fuentes y la claridad del mensaje para que la siguiente entrega –la siguiente iteración– culmine en un mejor resultado. Eso es un método de trabajo, algo que el lector tiene el derecho y el deber de exigir cuando se informa para ayudar a combatir los mensajes engañosos.

Fueron 15 años de un extenso debate fiscal, y siete meses para adoptar las reformas.

Abordar desde los medios de comunicación la puesta en marcha de los nuevos tributos ha sido un ejercicio retador, y estoy seguro que desde cualquier otra perspectiva la experiencia ha sido similar, sea como contribuyentes, profesionales, empresarios, o desde el ámbito familiar. El lunes, comienza un nuevo capítulo en este proceso de ajustes fiscal. No claudiquemos en la búsqueda de la verdad.