Cambio educativo

¿Para qué sirven los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

Los ODS representan una guía para la construcción de comunidades más solidarias, sostenibles, educadas, capaces de comprender que el progreso solo es posible cuando “nadie se queda atrás”. Ignorar su relevancia demuestra el desinterés por mejorar un país.

Ponerle fin al hambre y la pobreza, garantizar la educación de calidad, el acceso al agua, la acción climática y la igualdad de género forman parte de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Todos ellos, representan una guía, una hoja de ruta para la construcción de sociedades más solidarias, competentes y para co-crear un futuro más sostenible, en el que nadie se quede atrás.

El contenido de estos objetivos puede resultar utópico, sin embargo, para eso están las utopías. En palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeno: “la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”, dice Galeano. En la medida en que se procuren acciones para mejorar la situación presente, hay esperanza en mejorar las condiciones de vida de las comunidades más vulnerables. De ahí, la importancia de cultivar estos aprendizajes desde la niñez.

Educar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es educar en empatía y en el desarrollo de pensamiento crítico desde la escuela. En la medida en que, desde las aulas de primaria se converse, mediante el juego, sobre los contenidos de Agenda 2030, se abre el espacio para razonar sobre el entorno en que habitamos y se propicia el uso de creatividad para la resolución de los desafíos presentes.

Llevar los ODS a las aulas también implica una reflexión hacia la importancia de asumir responsabilidad individual frente a nuestras acciones. Generalmente, cuando algo falla en nuestro entorno por mínimo que sea, los culpables siempre son otros o peor aún se espera, cada cuatro años, a que llegue el Godot del cambio con algún nuevo gobernante de turno. ¿Quién traerá mejores empleos, menos inflación y mayor inversión? Quizá Godot.

Cada cuatro años, Costa Rica espera al Godot del cambio y, mientras aguarda su llegada, unos hablan y otros berrean. Se quiere que Godot nos venga a dar un golpe de timón, pero no sabemos quién es él ni la dirección exacta hacia dónde queremos que nos lleve.

Mientras tanto, damos vueltas sobre el mismo punto, una y otra vez, y repetimos berrinches, abrazos y preguntas, sin responder nada y desgastando palabras. ¿Por qué? Porque esperamos a Godot.

Con el tiempo, nos contagiamos de apatía, crudeza y falta de asombro por los detalles; nos amarra a un circunloquio absurdo y rutinario, que cuestiona y figura la llegada de algo que no sabemos qué es, mas ansiamos.

En Costa Rica, como en la obra Esperando a Godot del dramaturgo irlandés Samuel Beckett, los personajes se interrumpen entre sí, no enhebran frases coherentes, habitan en un absurdo en el que la desesperanza despierta al aburrimiento. ¿Por qué? Porque mejor esperamos a Godot. Es más sencilla la espera que arrollarse las mangas y proponer ideas creativas que nos saquen de la obstinada rutina. Queremos que un giro mejore la economía y el país entero, aun cuando ni siquiera somos capaces de ordenar la propia casa.

Los ODS vienen a desmitificar esa idea de que hay héroes de revista capaces de transformar nuestras comunidades. El heroísmo se construye a partir de las acciones individuales y colectivas y de asumir responsabilidad en nuestro actuar, mediante mejores prácticas ambientales, sociales, culturales, tributarias.

Quien alegue desprecio o desconocimiento por los ODS evidencia el desinterés en co-crear acciones en favor de las políticas de igualdad de género, de una educación de calidad para todas y todos y de la generación de oportunidades en tiempos de cambio constante, donde la desigualdad es una de las amenazas más peligrosas.

Para Samuel Beckett no existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza, vista como una desgana que nos abraza, que arrebata la intención del hacer y nos impone a nosotros mismos los límites propios de la mediocridad. A las niñas y los niños, hay que explicarles que Godot no llegará y que la apatía y el desgano se vencen con acción. Por eso, abramos y repasemos la Agenda 2030: su puesta en práctica depende de todas y todos.

Cuénteme su opinión sobre el tema en mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com o en mi cuenta en Twitter @albertobace.

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