Desastres

Cenizas del volcán Turrialba ponen en jaque a pilotos por riesgo

Material vidrioso y corrosivo afecta turbinas, sensores, fuselaje y alerones

En caso de atravesar una densa nube de cenizas un avión podría colapsar en pleno vuelo al perder la fuerza en sus motores o en las turbinas.

Así describe el experto Warner Calvo León los efectos que podría tener el material volcánico sobre una aeronave.

Calvo es el director de calidad y seguridad de la Cooperativa Autogestionaria de Servicios Aeroindustriales (Coopesa), en Alajuela.

Pero aún si se vuela con presencia leve de ceniza pueden surgir daños a mediano plazo. Incluso, muchas líneas aéreas prefieren evitar riesgos y no volar cuando hay erupciones.

Entre algunos elementos del avión que se verían afectados al atravesar una nube de ceniza están las turbinas, sensores externos, el fuselaje, las piezas móviles en las alas para variar el rumbo (como los alerones) y el tren de aterrizaje.

Calvo indicó que los radares de los aviones no pueden detectar la presencia de ceniza, por lo que con base en los informes que emiten las entidades científicas, cada aerolínea decide si vuela o no, aunque los aeropuertos estén habilitados.

“Si el aeropuerto está abierto, quiere decir que los requisitos mínimos de seguridad se están cumpliendo”, adujo.

Sin embargo, algunas veces lo súbito de una erupción fuerte o el hecho de que los vientos lancen el material volcánico en direcciones distintas al aeropuerto pero en rutas de vuelos, influye en su cancelación.

Al combinarse la ceniza suspendida en la atmósfera con la velocidad promedio de un avión comercial en vuelo (450 km/h), el impacto de ese material en la estructura comienza a provocar daños.

Las aleaciones de aluminio u otros materiales compuestos con que están construidos la mayoría de aviones son susceptibles a elementos externos, explicó Calvo.

Otras partes que pueden sufrir con la ceniza son los sistemas de cómputo y de navegación que usan los pilotos.

Proceso. Las aeronaves modernas usan dos turbinas que se alimentan del aire externo y que luego comprimen y mezclan con gasolina para la combustión que mueve el aeroplano.

Si ese aire lleva partículas de ceniza, erosiona los álabes o paletas de las turbinas.

También puede cubrir y taponear los sensores de los motores, que sirven para medir la densidad del aire, temperatura, presión y otros elementos.

Por otra parte, los radares meteorológicos de aviones comerciales no tienen posibilidad de detectar cenizas, ya que no detectan partículas pequeñas.

La semana pasada un piloto que arribó al Juan Santamaría reportó a la línea aérea que pasó por una nube de ceniza, lo que obligó a los mecánicos a una inspección boroscópica, que incluye las diferentes partes del motor. El jet no tuvo mayores daños, pero por prevención se le cambió el aceite de las turbinas y de otras piezas móviles.

Material vidrioso de ceniza puede parar turbinas

La ceniza del volcán Turrialba está compuesta por fragmentos de rocas, cristales y vidrio volcánico que, en caso de entrar a las altas temperaturas de una turbina, pueden derretirse, solidificarse, obstruir orificios y dañarlas.

De acuerdo con Guillermo Alvarado Induni, vulcanólogo de la Red Sismológica Nacional (RSN), cuando un volcán emite cenizas, conlleva problemas para las autoridades aeronáuticas, compañías aéreas, pilotos y pasajeros.

Según dijo, las partículas de ceniza fundidas pueden obstruir los inyectores de combustible y provocar pérdida total de potencia en los motores.

De las cenizas también se desprenden dióxido de azufre y cloro. Esos gases, mezclados con el agua en suspensión de la atmósfera, producen ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, potencialmente peligrosos para el avión y sus ocupantes.

Los sistemas de cómputo del avión y los sistemas de refrigeración también sufren daños internos por ceniza.

Cuando el polvo volcánico cae sobre aviones estacionados y apagados, solamente se deben lavar, por lo que la incidencia es casi nula.

El 12 de marzo del 2015 los vientos arrastraron la ceniza del Turrialba al Valle Central y hubo que cerrar los aeropuertos Juan Santamaría, en Alajuela, y Tobías Bolaños, en Pavas, San José.

Más material juvenil. Los más recientes análisis de ceniza que hizo la RSN dejan ver que la cantidad de lava aumenta.

En el 2010 el porcentaje de material juvenil era de un 2%; para el 2015, era del 20 % y ahora es del 25%. Es decir, la cuarta parte de la ceniza emitida es de lava reciente, a la que se unen fragmentos de rocas, cristales y vidrio.

Las 4 turbinas de dos aviones se detuvieron en pleno vuelo en los 80

Los accidentes por falla de motores en pleno vuelo debido a la presencia de ceniza en la atmósfera son poco frecuentes, pero sí ocurren.

En los últimos 56 años sucedieron en nueve ocasiones, según los registros de aeronáutica que utiliza la Cooperativa Autogestionaria de Servicios Aeroindustriales (Coopesa).

En junio de 1982, un Boeing 747 de British Airways atravesó una nube de ceniza sobre Indonesia, parando los cuatro motores y dañando seriamente al aparato que, sin embargo, logró aterrizar en Jakarta.

En diciembre de 1989 los 245 pasajeros y la tripulación del vuelo 867 de KLM interceptaron una nube de ceniza expulsada 90 minutos antes por el volcán Rebout, en Alaska, y los cuatro motores se apagaron.

Luego de una caída libre de (13.000 pies) unos 3.962 metros, los pilotos lograron encender los motores y realizar un aterrizaje de emergencia en Alaska, sin que se registraran muertos ni heridos.

Los sistemas de electricidad de reserva permitieron al piloto de esa aeronave recuperar uno de los motores y luego los otros, hasta estabilizar totalmente el aeroplano.

Posteriores informes revelaron que la entrada de polvo volcánico dentro de la cubierta de vidrio del motor hizo fallar los sistemas de control de temperatura y eso llevó a una autodesconexión de los motores. La reparación costó $80 millones.

Entre 1953 y el 2009 se registran 79 aeronaves dañadas por ceniza volcánica, 26 de ellas con daños severos.

Vuelos suspendidos. La más común de las medidas que toman las líneas aéreas para evitar costosas reparaciones en sus aviones es la suspensión de vuelos.

En nuestro país, la más reciente ocurrió el pasado 4 de enero cuando 41 vuelos fueron cancelados por erupciones del volcán Turrialba en medio de fuertes ráfagas de viento.

Alaska Airlines, United Airlines y American Airlines son parte de las que cesaron vuelos.

En tanto, el 12 de marzo del 2015 se suspendieron 111 vuelos y se cerró el tráfico aéreo por unas 19 horas en el aeropuerto Juan Santamaría y hubo más de 7.000 pasajeros varados.

En mayo y en noviembre del año pasado también hubo cancelaciones por caída de ceniza.

Esas acciones se repiten cada vez que algún volcán entra en erupción en cualquier país.

En marzo del 2010, el volcán islandés Eyjafjalla mantuvo el espacio aéreo europeo cerrado durante varios días, afectando el tráfico de personas y mercancías en 20 países.

Ante esa paralización de los vuelos comerciales y de carga se enviaron aviones a recoger muestras de la atmósfera a varias altitudes, para determinar cuando se podía volver a volar.

Ese tipo de cierres generan grandes pérdidas económicas en turismo y comercio.

Hugo Solano C.

Hugo Solano C.

Periodista en la sección de Sucesos y Judiciales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica.

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