Accidentes

Solo uno de cinco extraviados en el Chirripó sobrevivió para contarlo

De tres jóvenes nunca se supo nada y en el más reciente caso, una montañista murió en su lucha por hallar una salida

En estos días la bandera ondea a media asta en el refugio de base Crestones, Parque Nacional Chirripó, por la muerte de Marialis Blanco, cuyo cuerpo fue encontrado cerca de Ventisqueros. Foto: Cortesía SINAC.

Atraídos por formaciones rocosas, valles y lagos de origen glacial, así como una gama boscosa y de fauna que va cambiando conforme se gana altura, cientos de caminantes nacionales y extranjeros visitan todos los años el Parque Nacional Chirripó.

Solo cinco años después de abierto, en enero de 1980, trascendió el primero de los extravíos, cuando dos jóvenes scouts, Jorge Llosent y Pablo Rey, iniciaron la travesía y nunca más se les volvió a ver.

A partir de entonces han sido aislados, pero repetidos, los casos de personas que se desorientan en el punto más alto del país, donde confluyen en parte las provincias de San José, Cartago y Limón, en esta última queda el cerro Chirripó.

Pese a que es un Parque Nacional con senderos demarcados, muchas personas, de diferentes edades, asumen cada año el desafío de escalarlo y a veces toman ciertos riesgos para llegar al Chirripó, que está a 3.820 metros sobre el nivel del mar, y cuyo nombre en cabécar significa montaña de las aguas eternas.

Desde que se fundó el Parque Nacional Chirripó, en 1975, cinco búsquedas han requerido participación fuerte de cruzrojistas, bomberos y otros. Solo Rocío Venegas (al centro, blusa con rayas) salió sana y salva. Foto: Nación.

En los 46 años que tiene ese parque, desde su fundación en 1975, otro que nunca apareció fue el estudiante de Agronomía, Nelson Alvarado Montoya, de 21 años, desaparecido el 6 de enero del 2011.

Su hermana Kattia, quien es vecina de San Antonio de Escazú y tiene 42 años, no se explica si es que la niebla o la lluvia pueden llevar a una persona a desorientarse en aquellas alturas.

“Para mí ese lugar guarda un gran misterio inexplicable (...). Ya ves, se tragó a mi hermano”, dijo al expresar su pesar a la familia de Marialis Blanco Vega, la más reciente de las extraviadas.

El único rescate en que se logró sacar a la persona en buenas condiciones, fue el de la enfermera María del Rocío Venegas Chavarría, quien se extravió el 3 de junio del 2013 y apareció tres días después, cerca del valle de las Morrenas, que está dos kilómetros al norte del cerro Chirripó y tiene cuatro lagunas.

“Día y noche pensaba que iba a morir. Sin embargo, al final observaba la belleza del Chirripó y eso hacía que a cada segundo sintiera que Dios estaba conmigo”, afirmó aquella vez, luego de ser rescatada.

El pasado 8 de mayo las patrullas que buscaban a la nutricionista y montañista Marialis Blanco Vega, de 39 años, la encontraron sin vida en la catarata de un acantilado, cerca de Ventisqueros, de donde se extrajo su cuerpo vía aérea al día siguiente.

Se trata de casos aislados si se toma en cuenta que, 21.079 personas entraron en el 2018, y otras 18.901 a lo largo del 2019.

El año pasado solo escalaron 6.840 personas, pues se tuvo que cerrar el ingreso por casi cinco meses y posteriormente, se redujo el aforo, debido a la pandemia ocasionada por la covid-19.

Decisiones clave

Minyar Collado, de la Unidad Especializada en Primera Intervención de la Cruz Roja, dice que antes de cualquier ingreso a la montaña se debe asesorar sobre el lugar por visitar, ver si sus condiciones físicas son aptas y, si no conoce el sitio, buscar un guía certificado.

En parques nacionales, sugiere registrarse con los guardaparques y pedirles asesoría. En otros sitios de montañismo, lo ideal es dejar dicho a alguna persona de confianza del recorrido, la catarata, montaña o principal atracción a la que se dirige y la hora de salida.

Esos detalles permiten a los socorristas, en caso de extravío, tener un punto de partida para la búsqueda.

Además, aconseja llevar siempre foco, fósforos, silbato, ropa, alimentos extra, agua y un celular.

Según Collado, por más experiencia que se tenga, lo mejor es detenerse en un punto fijo. Si en las cercanías de ese punto no se reencuentra el sendero, se debe buscar alguna piedra grande o hacer una especie de refugio y, de ser posible, encender una fogata.

Llamó a romper el mito de que seguir la margen de un río es la solución. Según explicó, en países con topografía como la nuestra, el río puede llevar a cañones, acantilados y cataratas que aumentan el riesgo.

La naturaleza no se conquista, se respeta

La alpinista costarricense, Gineth Soto, quien ha escalado seis de las siete cimas más altas del mundo, con excepción del Everest, al que también ha tratado de llegar, dice que pese a toda esa trayectoria, no se considera una experta.

Radicada en California, Estados Unidos, tiene 30 años de ir a las montañas y admite que ha cometido errores, aún sabiendo que no debía hacerlo.

“En momentos de vida o muerte los vas a cometer. Tuve la suerte de que la montaña me perdonara y me dejara regresar a casa”, escribió la montañista en sus redes sociales.

Comentó que, por varias noches, le costó dormir pensando en cómo estaba Marialis Blanco en Ventisqueros, al saberse extraviada y bajo condiciones climáticas tan difíciles.

La montañista considera esa ruta es más demandante que la del Chirripó y más peligrosa.

“Ventisqueros es mi montaña favorita de Costa Rica, desde la primera vez que logré alcanzar su cumbre, en el 2006”, expresó Soto.

El 25 de febrero del 2013 Soto visitó la cumbre de Ventisqueros, para ella presenta más desafíos que el mismo Chirripó. Foto: Hugo Solano.

Y agregó: “Ventisqueros hoy en día me recuerda muchas montañas peligrosas de Colorado, donde si las condiciones climáticas no son óptimas, se convierte en una trampa mortal, es un risco a mucha altura y con muchos acantilados del lado derecho e izquierdo”.

Insistió además, en que el Parque Nacional Chirripó está muy bien demarcado, pero admite que en condiciones de mal tiempo se puede estar a dos metros de un letrero de demarcación y se ve blanco, pues no hay visibilidad.

Finalmente, Soto destacó el increíble trabajo operativo que hicieron las personas involucradas para rescatar el cuerpo de Marialis Blanco Vega.

“Ellos son profesionales y saben lo que hacen, arriesgan sus vidas con tal de salvar a una persona”, acotó la alpinista.

Destacó también la labor del piloto Armando Herrera, de Aerodiva, por la riesgosa tarea para sacar el cuerpo de Marialis desde el acantilado a la plaza de San Gerardo.

“Nadie es experto en las montañas, lo aseguro, hasta los mejores del mundo cometieron un error y murieron en ellas. A la montaña se sobrevive, nunca se conquista”, reflexionó la alpinista al citar nombres de connotadas personas escaladoras que por un error, perdieron la vida haciendo lo que más les gustaba.

Zona de acantilados

Para Rigoberto Arias, el baquiano que encontró en un acantilado el cuerpo de Marialis Blanco, el sábado 8 de mayo, la montaña siempre se debe respetar.

“En esos lugares no se debe andar solo, sin un guía o personas que conozcan, porque eso le puede pasar a cualquiera”, afirmó en una entrevista con el medio regional PZ Actual, de Pérez Zeledón.

La persona debe tratar por todos los medios de no desesperarse, porque eso induce a errores, afirmó este hombre que es conocedor de la montaña desde niño.

Él es del criterio de que la desesperación fue lo que llevó a Marialis a adentrarse en una zona sumamente peligrosa, llena de acantilados y cataratas.

Afirmó que cuando vio la ruta que la nutricionista había seguido, supuso que la iba a encontrar muy herida o sin vida, por lo áspero y escabroso del recorrido.

Para encontrarla llegó a partes con cataratas de cinco y diez metros, que no se explica cómo hicieron para pasarlas y mucho menos, cómo hizo Marialis.

“Eran paredes de rocas altísimas y habían rastros de que ella (Marialis) pasaba entre las piedras”, hasta que llegó a una alta catarata donde el rastro se perdió.

Ahí fue donde se asomó y vio el cuerpo, bocarriba, muy cerca del agua de la catarata, que amenazaba con arrastrarla.

   || DISEÑO / LA NACIÓN.

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