
La prestigiosa organización no gubernamental Cristosal, fundada en 2001 en El Salvador y dedicada a investigar casos de corrupción y violaciones de derechos humanos, es ahora víctima de la represión por parte del gobierno de Nayib Bukele.
En consecuencia, en julio del 2025 la ONG se vio forzada al exilio, al tiempo que denunciaba la desaparición forzada de la abogada y defensora de derechos humanos crítica de Bukele, Ruth López.
Pero el exilio no es sinónimo de silencio para Cristosal, que se ha mantenido firma en sus convicciones de violar las constantes violaciones por parte del gobierno salvadoreño. Su director, Noah Bullock, es contundente al calificar a Bukele como dictador: “Es un dictador igual que cualquier otro: roba, mata, tortura y persigue, solo que con mejores relaciones públicas”, dijo en una entrevista reciente.
En ese contexto, Revista Dominical conversó con Bullock para conocer el estado actual de Cristosal, los métodos de amedrentamiento del gobierno de Bukele, y el criterio de la ONG (que trabaja también en El Salvador, Guatemala y Honduras) sobre los recientes acontecimientos en Costa Rica.
— ¿Cómo están usted y Cristosal ahora que son una organización en el exilio?
— Siempre cuesta responder esa pregunta, pero creo porque lo más directo es el sentir de que nuestros amigos están presos. Sentimos la privación de libertad de Ruth López, de Enrique Anaya, de otros defensores de derechos humanos. Eso está presente en cada momento.
“Nos fuimos de El Salvador no para abandonarlos, sino para seguir luchando. Somos unas 20 personas de Cristosal reubicadas en Guatemala, algunas por amenazas directas, otras por convicción de querer continuar. Por ellos, por nuestros presos políticos y por tanta gente que sufre persecusión es que continuamos.
“En el pasado Cristosal ayudó a sacar personas perseguidas de Guatemala, ayudó a conseguir protección, y en el momento yo sentí que estaba siendo muy solidario, pero una vez que supe cómo es perder la casa en el exilio, me doy cuenta que nunca fui suficientemente empático.
“El exilio es duro, es una violencia política dirigida a las personas que lo sufren, pero también dirigida a la población, porque es un mensaje de que si uno denuncia o es una voz crítica, tendrá que decidir entre la cárcel o el exilio, y esa es un arma política de terror”.
— ¿Aún existen voces críticas en tierra salvadoreña?
— Quedan voces críticas, pero son conscientes de que el ejercicio de su voz implica represalias. Son muy pocas. No quedan ONG, todas se fueron, cerraron o se censuraron. Quienes han quedado son los grupos de familias de desaparecidos en el régimen de excepción y fallecidos en custodia del Estado.
“Son poblaciones y movimientos sociales que no tienen el lujo de dejar de luchar, porque la libertad y vida de sus familiares depende de ello. Eso es lo que ha quedado en El Salvador. Grupos que mantienen una lucha porque su vida depende de ello”.
“Toda la población es consciente de que el gobierno puede detener a cualquiera, y no hay ninguna institución a la que se pueda acudir para defenderse y buscar ayuda, todo está condicionado al poder de la dictadura”
— Noah Bullock, Cristosal

— ¿Le sorprendió que la democracia salvadoreña cayera tan rápido?
— A pesar de que Bukele viene de las filas del partido de izquierdas de El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), es beneficiario un proceso de colapso del sistema de partidos políticos, una erosión de la credibilidad a lo largo de años de corrupción, migración y violencia.
“Bukele no es ajeno a ese sistema, él nace ahí dentro, su familia es una familia política de larga data dentro del FMLN, pero la población lo abrazó como la alternativa. Sus promesas tuvieron un efecto muy fuerte en la población que deseaba salir adelante.
“Eso es algo que veo en todos los países de Centroamérica: poblaciones sumamente democráticas, que siguen llegando a las urnas, votando, deseando un cambio, pero luego una clase política que va ciclo tras ciclo de defraudar. La población salvadoreña soñaba con un futuro mejor, y Bukele supo vender un sueño que convenció a muchos”.
— ¿Deberíamos tratar al gobierno de Bukele como dictadura? ¿Es Bukele un dictador?
— Hay poco margen para el debate. Se han alterado todo el sistema político electoral para garantizar su poder casi absoluto y perpetuarse en el poder. Entonces, cuando esta situación se da, las vías democráticas para producir un cambio político se cierran, y lo que queda es una dictadura.
“Ni siquiera ellos rechazan la idea de que es una dictadura, lo que dicen es que se trata de una ‘dictadura cool’. En realidad es una dictadura similar a lo que ya conocemos en la historia del país y la región: uso del poder para robar, generar beneficios propios, es una dictadura corrupta que mata, tortura y persigue a las voces críticas.
“Decir eso no es un ataque político, no, es una observación de hechos fundamentados. La diferencia de la dictadura de Bukele es que tiene mejor mercadeo, mejor branding, ha podido construir una imagen de popularidad para legitimar su dictadura. Pero recordemos que no es la primera vez que un dictador tiene respaldo público.
“No debería sorprendernos que sea un dictador popular, no debería sorprendernos que cometa crímenes de lesa humanidad pero aún así goce de apoyo del público”.
“El modelo Bukele incluye tres ejes: la concentración absoluta del poder, la flexibilidad moral para pactar con grupos criminales en su propio beneficio, y la tolerancia de violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad. Esos elementos viene con el modelo Bukele”
— Noah Bullock, Cristosal

— ¿Qué responde a quienes dicen que hoy se vive mejor en El Salvador?
— Todos los dictadores tratan de crear el mito de la eficiencia de la dictadura, y que los resultados justifican la concentración de poder.
“De Mussolini en Italia decían que hizo que los trenes llegaran a tiempo, pero torturaba a su oposición. Pinochet en Chile modernizó la economía y la infraestructura, pero tiró a sus opositores desde aviones al mar. Fujimori en Perú venció a Sendero Luminoso, pero cometió crímenes de lesa humanidad.
“Siempre se jactan de que los resultados justifican los abusos y la concentración de poder, pero creo que la humanidad ha llegado a la conclusión de que ese costo es demasiado alto. Hay una mejor forma de gobernar. Yo mismo sufrí la violencia de la pandilla, supe lo que era pasar por retenes de la Mara Salvatrucha, pero nos merecemos mejores opciones que vivir sometidos a la violencia de una pandilla o vivir sometidos a la violencia de un Estado autoritario. Hay mejores opciones”.
— ¿Cuál es el criterio de Cristosal sobre lo que ha ocurrido recientemente en Costa Rica?
— Estamos conscientes y levanta mucha preocupación, porque vemos las similitudes en la narrativa y las formas de ejercer el poder.
“En Costa Rica vemos que se quiere levantar esa imagen de que hay ‘enemigos internos’. Todo proyecto autoritario se construye sobre la base de una supuesta ‘emergencia’ que justifica que no haya alternativas más allá que las que propone el aspirante a dictador. Vemos cómo se está configurando ese escenario.
“Hoy en día las dictaduras no se instalan con golpes de Estado militares, sino con elecciones. Lo que hacen después de una elección democrática es interpretar su mandato electoral como único, aseguran que ellos representan la voluntad del pueblo, entonces cualquier institución que ‘obstruya su agenda’ (incluso la propia Constitución Política) lo hace ‘obstruyendo la volunta del pueblo’.
“Veo eso en Costa Rica, se está configurando una idea de un mandato único, una legitimidad otorgada por el pueblo. Se contruye una idea de que son gobernantes enviados por Dios para salvar al pueblo, por eso cuando Bukele invadió con militares la Asamblea Legislativa de El Salvador se sentó en una silla, oró y cuando salió dijo que había hablado con Dios. Así se construye legitimidad.
“Ahora quieren decir que gracias a un solo hombre el país avanza. Es triste esa idea”.
“En El Salvador estás seguro hasta que el presidente decide que vos o tu familia ahora pertenecen al grupo de ‘enemigos de la sociedad’, a partir de ese momento te quita todos los derechos y tenés que enfrentar desprotegido el poder represivo del Estado que te puede desaparecer, meter preso, torturar y matar”
— Noah Bullock, Cristosal

