
La noche del lunes 19 de enero, a quince días de las elecciones, Laura Fernández Delgado no asistió al debate presidencial en la Universidad de Costa Rica (UCR), de donde se graduó como politóloga. Estaba en Nova Cinemas (Curridabat) en el estreno del audiovisual Los inesperados, una reseña de cómo llegó ella a ser candidata oficialista. En varias pantallas se apreciaba la silueta de Rodrigo Chaves Robles, presidente de la República, como recordatorio de por qué estaban todos allí reunidos.
Allá en San Pedro de Montes de Oca, 17 candidatos elaboraban sus argumentos para romper con el continuismo. Si logran convencer a suficientes ciudadanos para lograr, al menos, una segunda ronda, lo sabremos hasta el próximo domingo. Pero del lado de Fernández, desde hace meses, en sus mensajes públicos no parece caber duda: el triunfo está asegurado.
Fernández no era la primera opción para continuar con el estilo de gobierno de Chaves, una misión que empezó temprano en su administración. Primero se habló de Luis Amador, quien de hecho lo sugirió en una entrevista... pero pronto se fue del país, buscando huir de “los tentáculos del mal”.
Para entonces ya Natalia Díaz, ministra de Presidencia y al inicio seleccionadora del equipo del Ejecutivo, apuntaba al éxito en las municipales con Unidos Podemos... y lo logró, por lo que se fue en junio.
Para enero de 2025, cundían los rumores sobre quién continuaría el impulso de Chaves por rehacer la institucionalidad que, según el mandatario, le ha impedido hacer proyectos de infraestructura significativos en su periodo.
Como desde entonces ya Chaves buscaba qué prolongaría su influencia en el gobierno, se buscaba candidato. Se rumoró de todo. Al final, en una conferencia de prensa, varios ministros suyos se fueron, entre ellos el sucesor de Amador, Mauricio Batalla, y la de Díaz, Laura Fernández.
Batalla fue acusado por exempleadas de su negocio por presunto abuso sexual y, en mayo, detenido por el caso de la pista del Aeropuerto Daniel Oduber. Así que, tras especulaciones y dudas, se anunció la sucesora: la exministra de Planificación y de Presidencia asumiría la candidatura.
De este modo, Fernández, figura recurrente en las conferencias de los miércoles de Chaves, y encargada de la fallida Ley Jaguar en distintas versiones, fue anunciada en agosto como la candidata oficialista. Faltaba la ratificación del “nuevo vehículo” chavista, Pueblo Soberano (PPSO), pero quedaba claro que no habría quien la retara.
De este modo, la politóloga y funcionaria de Mideplán, a sus 39 años, asumió una contienda donde el ungido entraría de primero entre los favoritos, dada la consistente aprobación de la figura de Chaves. Allí sigue, con 40% de apoyo entre los decididos a votar, según la encuesta del Centro de Investigación en Estudios Políticos (CIEP) de la UCR.
La Nación solicitó una entrevista con la candidata, pero no recibimos respuesta.
Una estudiante aplicada
Laura Virginia Fernández Delgado nació el 4 de julio de 1986 en Puntarenas, hija de Jorge Luis Fernández Quintana y Doris Delgado Álvarez. Residían en Esparza, cantón de profunda historia y calor insistente.
Laura fue la hermana del medio, entre Karol Tatiana (n. 1981) y Marco Antonio (n. 1993). Distintas personas consultadas para este artículo mencionaron que don Jorge Luis tenía participación de una empresa de suministros de ferretería, pero no fue posible corroborarlo al cierre de edición.
En cualquier caso, los Fernández Delgado aprovecharon oportunidades de estudio. La hermana mayor consigna en LinkedIn estudios en la Pontificia de Chile, Essex y Oxford, y trabajo en Chile.
Laura, por su parte, ha contado varias veces de sus estudios en la UCR, en Ciencias Políticas, donde llegó a sacar sus posgrados con calificaciones notables (en el Sistema de Posgrado se registran notas de 9,55 como la más destacada de su año, 2010, en la Maestría Académica en Ciencias Políticas con énfasis en Políticas Públicas y Gobernabilidad Democrática).
De Esparza se mudó a Pavas, cerca del aeropuerto Tobías Bolaños, y allí se quedó durante los primeros años de estudio universitario. Cuando se casó por primera vez, en 2011, se mudó a Alajuela (se divorció en 2017). Se casó con Jeffry Umaña Avendaño en 2020 y residen en Cartago.
Personas que la conocieron en la época universitaria la describen como animada y aplicada a sus estudios; le interesaba el teatro y en algún momento expresó interés por estudiar Comunicación Colectiva. Pero en Ciencias Políticas encontró un campo donde podía aplicar sus habilidades de estudio. Allí en la UCR hizo amigos como Alejandro Barrantes, hoy viceministro de Presidencia y por entonces afín a las propuesta del Movimiento Libertario.
Varias personas consultadas por este medio coincidieron en una imagen de Laura como una “estudiante aplicada”, una “estudiante aventajada”, muy capaz para revisar informes extensos y legislación, resumirlos y elaborar reportes útiles para los objetivos del proyecto.
Toda la trayectoria de Fernández ha sido en el sector público, salvo algunos cursos universitarios y consultorías orientadas a las instituciones. Tras ser estudiante del exministro liberacionista Roberto Gallardo, fue su asistente, y así empezó a colaborar en distintos proyectos sobre la reforma del Estado, en las “horas estudiante” de la UCR y luego, como subcontratada.
Como parte de sus responsabilidades, fue asistente en proyectos sobre reforma del Estado con Roberto Gallardo y luego con Mario Redondo, que se la llevó como jefa de despacho a la Asamblea Legislativa en 2014. Luego ella fue su candidata a vicepresidenta, y primer lugar por Alajuela, con Alianza Democrática Cristiana.
“Su fortaleza es que es ordenada. Es rigurosa para la recopilación de información, para investigar sobre otras experiencias”, dice Gallardo. No recuerda que tuviese alguna ambición política (alguna excolega recuerda que en algún momento sugirió que esperaba ser alcaldesa de Esparza).
Gallardo tampoco recuerda que tuviese posturas de reforma exhaustiva como la que propugna Chaves y ella dice que continuará: “Ella nunca expresó, mientras trabajó conmigo, una posición cercana a las que defiende ahora. Esa crítica desabrida de la institucionalidad es algo que ella nunca expresó mientras mientras trabajamos juntos”.
Redondo la llevó consigo tras una consultoría por su eficiencia. “Trabajamos (en la Asamblea) y para mi gusto hizo un excelente trabajo. La conocí como una persona altamente productiva para decirlo de alguna manera”, dijo. “No he tenido mucho contacto con ella en los últimos 3 años para decirlo de alguna manera; no sé hasta dónde habrá cambiado su forma de de pensar sobre las cosas en las que nosotros trabajamos”, agregó.

Atención a Fernández
En 2022, cuando Rodrigo Chaves le encargó a Natalia Díaz sondear quién podía ser parte de su gabinete, tras su inesperada victoria, la exdiputada la contactó, pues conocía su trabajo e intereses en la Asamblea Legislativa. Así llegó al Mideplán, donde conserva su plaza, y luego sustituyó a Díaz en el ministerio de Presidencia.
En Mideplán, no hubo con Fernández propuestas significativas de reforma de instituciones en los primeros años del gobierno, salvo una fallida reforma del Ministerio de Cultura y Juventud (que no apoyó la fracción oficialista) y la del Ministerio de Ambiente y Energía, que tampoco se concretó por completo.
No obstante, Fernández saltaría a la palestra cuando, tras varios tropiezos administrativos, Rodrigo Chaves empezó a antagonizar a la Contraloría General de la República. En una inédita conversación transmitida en vivo, la contralora Marta Acosta les explicaba a Chaves y a Fernández, entre otros, por qué su propuesta era inviable legalmente. Fernández insistía en que sí.
Por ello, Chaves le encargó la “ley jaguar” que limitaría la capacidad de la Contraloría de vigilar la obra pública, entre otros aspectos, pero la legislación nunca prosperó.
Ahora forma la base de la propuesta política del continuismo, que apuesta por reformar el Estado con mayoría en la Asamblea Legislativa.

Una apuesta definida
En el estreno de Los inesperados, un periodista de Trivisión, afín al gobierno, elaboró una pregunta enrevesada que procuraba no mencionar a Chaves, dados los roces previos con la beligerancia política. Pero Fernández lo corrigió: sí, claro que era Chaves. La apuesta es por el continuismo.
De hecho, en el programa Nuestra voz el candidato a diputado chavista José Miguel Villalobos dijo que esta elección era un “plebiscito” sobre el gobierno de Chaves. Ha quedado poco margen para dudar de quién definirá la tónica de la siguiente administración y Fernández no ha querido contradecirlo: el próximo gobierno será de Chaves.
Ya para junio de 2024, mucho antes de elegir cuál sería el partido taxi que los acogería para una nueva campaña electoral, la diputada oficialista decía: “Nosotros no queremos llegar a las elecciones con un montón de partidos fragmentados, sino con un solo partido y así brindar una clara señal de que ese es el partido de Rodrigo Chaves Robles”.
Para julio de 2025, cuando se fraguaba una efímera alianza de partidos chavistas, Cisneros evitaba todavía decir quién sería el candidato, pero sugería que la decisión no sería en el seno del partido, sino una apuesta estratégica desde el liderazgo chavista.
Cisneros, expresentadora de Telenoticias, dudó por mucho tiempo de Fernández, según se entendía de sus declaraciones en medios. En El octavo mandamiento (¡OPA!), hablaba así de Fernández hace cinco meses: “A veces le cuesta concretar una idea sencilla y las ideas tienen que ser muy sencillas para que la gente las compre, las entienda”. Cisneros entró y salió y volvió a entrar a la campaña. Decide la estrategia de Fernández y dijo que la entrenaba para los debates, que ha evitado.
Fernández ha replicado el tono hostil de su exjefe hacia la prensa y los demás partidos políticos; también ha imitado la estrategia de Pilar Cisneros de desestimar toda crítica o cuestionamiento. Cuatro personas que trabajaron con ella en el pasado reiteraron su curiosidad por el cambio drástico en su actitud hacia la institucionalidad. “Ese viraje de Laura es terrible, es una cosa enfermiza, es que no hay otra manera de decirlo”, dijo un exfuncionario cercano.
De familia católica y conservadora, Fernández ha criticado la “Agenda 2030″, nombre por el que se conoce a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (como ministra de Planificación, fue a Chile a exponer cuánto avanzaba el país en su cumplimiento).
Asimismo, la candidata ha promovido una alianza con un grupo de iglesias evangélicas; incluso, en una entrevista reciente en Stereovisión dijo que por ellos habían desmantelado el programa de educación sexual del Ministerio de Educación Pública. Afirmó en sus redes sociales que este diario la atacaba, pese a esa entrevista registrada en video en la que asentía a las afirmaciones de Reynaldo Salazar de una alianza directa y concreta para ofrecer puestos y cambios de políticas.
No obstante, el jueves 22, en el programa La Taza, cambió una vez más de discurso, diciendo que “Foro Mi País”, conformado por pastores de Alianza Evangélica y sus adláteres, “es como una ONG” y que solo le habían hecho propuestas. En cualquier caso, la pregunta que sigue ahora es hasta dónde llegará la influencia de ese sector en un eventual gobierno suyo.
Pero la misma duda podría extenderse a los demás personajes que la han rodeado hasta ahora. Ha reiterado su interés en que Rodrigo Chaves funja como ministro de Presidencia, el enlace con la Asamblea que tanto ha denostado en su gobierno. O podría volver a Hacienda, donde promovió reformas de las que luego se retractó. Cuánta influencia pueda ejercer en una gestión de Fernández, y cuánto estaría dispuesta ella a tolerarlo, será sin duda algo que verá en televisión y a diario.

