
La mayoría de los costarricenses irá al centro comercial a relajarse, a ver tiendas, al cine, a perder el tiempo un domingo. Ellos no. Un centenar de chicos y chicas de todo el país vino a ganar. Están aquí, en Plaza Lincoln, por el proyecto STEM Racing Costa Rica.
Eso no quiere decir que todo esté listo. Algunos corren con pegamento por una piecita que, a la última hora, decide desprenderse. Es asunto delicado: cada carrito se construye según reglamentos de la organización de la Fórmula 1, que impulsa este proyecto internacionalmente. Los ganadores participan de viajes educativos a los circuitos de carrera: lo que aprenden a pequeña escala, lo van a ver a los pits.
En Costa Rica, el proyecto es una iniciativa privada sin fines de lucro, apoyada por el Ministerio de Educación Pública, y con patrocinadores que se siguen sumando, desde el Sindicato de Educadores Costarricenses hasta McDonald’s, pasando por las docenas de empresas que apoyan a cada equipo específico.


Y los apoyan porque los colegiales los buscan. Ellos deben buscar los fondos para sus uniformes, sus materiales y demás. Aprenden de diseño, de ingeniería, mercadeo, hablar en público... En grupos de seis, coordinan el desarrollo de un proyecto que hoy vienen a ver cómo resulta.
Porque los carros compiten. Tras el disparo inicial, se mide el tiempo de reacción, el tiempo en llegar... y las presentaciones ante el jurado, el diseño, y todo lo que rodea sus iniciativas.
Es domingo en Plaza Lincoln. Aquí está la Fórmula 1. Desde arriba se dan cuenta y se asoman. Todos eligen su favorito. Todos quieren ganar, pero sin recurrir al cliché... el camino para llegar hasta aquí ya fue un premio, pero para la vida profesional a la que pronto ingresará cada muchacho, cada niña que se enamoró de la tecnología. Y ojalá, el trabajo en equipo, a veces lo más difícil de dominar.








