Javier Cremades es un abogado y académico español que actualmente preside la World Jurist Association (WJA), la asociación de juristas más antigua del mundo. El pasado martes 10 de febrero, Revista Dominical lo entrevistó antes de la presentación de su libro Sobre el imperio de la ley, una publicación que explica cómo funciona, se debilita, se distorsiona y se fortalece el Estado de derecho.
El libro sirve de guía para conocer este sistema, que debería estar sometido a una Constitución que ponga los derechos fundamentales de la persona en el centro, según Cremades.
El abogado señaló que el libro alerta sobre “esos virus que están poniendo en riesgo un sistema de convivencia de libertades que ha costado mucho conseguir”.
En esta entrevista, Cremades dijo que en Costa Rica existe Estado de derecho, “pero lo puede perder” ante las amenazas que se otean en el horizonte: “un presidente con corte autoritario, ataques al Poder Judicial y distorsión de la verdad”.
El jurista comentó que, al igual que en otras democracias, en Costa Rica el oficialismo puede considerar que la victoria popular “le da carta blanca para superar los límites del derecho”.
En este sentido, el experto en derecho constitucional puntualizó: “Tienen que oponerse firmemente a cualquier cosa que amenace los procedimientos, la separación de poderes, las garantías de la vida y todo lo que significa el Estado de derecho”.
― Usted afirma en el libro que la mayor amenaza del imperio de la ley son los movimientos populistas y la corrupción. ¿Por qué?
― Los movimientos populistas se apoyan en tres herramientas. Una de ellas es la polarización: considerar al adversario como un enemigo, no como alguien que piensa distinto, con quien comparto el espacio público y con quien puedo llegar a acuerdos. Eso es la democracia. La polarización consiste en agredir y eliminar cualquier elemento de razón que piense diferente; eso excluye a los demás y puede crear un sistema totalitario.
“Otra gran herramienta es el ataque al Poder Judicial. Es decir, señalar que este poder, que controla la ejecución y la aplicación del derecho, es un mal poder. Deslegitimarlo, criticarlo, simular o insinuar dudas sobre su independencia, o indicar que son “políticos con togas”, es un intento de zafarse del control del derecho, que es aplicado por los jueces.
“La tercera herramienta del populismo es el ataque a la verdad. Paradójicamente, en la era de la digitalización, conocer los hechos y entender lo que está pasando —lo cual es fundamental en una democracia— está siendo más difícil que nunca. ¿Por qué? Por un lado, las autocracias están penetrando nuestros sistemas, intoxicándolos y generando un ruido que impide entender la realidad de los hechos. Pero también, a veces nosotros mismos amplificamos esos bulos y vemos cómo las noticias falsas logran que el periodismo profesional sea cuestionado".
― También plantea que el imperio de la ley es la única alternativa contra el imperio de la fuerza y que solo así los ciudadanos pueden vivir en libertad y en paz. ¿Qué pasa cuando las leyes parecen haber quedado obsoletas para combatir, por ejemplo, el crimen organizado?
― Las constituciones deben tener la dignidad de la persona y los derechos fundamentales en el centro, pero no pueden ser instrumentos rígidos o pétreos. Pueden evolucionar y modificarse, pero siempre con altos consensos, de manera que el conjunto de la sociedad se vea reflejado.
“La tentación de sobrepasar el derecho apelando a la falta de seguridad es enorme, porque la disfuncionalidad del sistema por falta de seguridad es real. Si tenemos un sistema con una buena Constitución y buenas instituciones, pero la vida diaria está gobernada por la violencia de las bandas o pandillas, eso tampoco es Estado de derecho.
“El Estado de derecho debe proveer paz. Si el sistema no lo consigue, la situación es peligrosísima, porque vendrán quienes digan: “Necesito rebasar los límites del derecho para darte lo que pides, seguridad y orden”. Pero cuando sobrepasamos los límites del derecho, podemos conseguir el orden, sí, pero no la libertad, sino un sistema de autoridad. Esas fueron siempre las promesas de las dictaduras. Eso no es Estado de derecho. El Estado de derecho es dignidad plena, derechos fundamentales plenos y seguridad".
― ¿Está de acuerdo con una reforma constitucional que deba cumplir con ciertos parámetros?
― Sobre todo, con los parámetros de la Constitución. Pero esos parámetros deben incluir siempre el respeto a la separación de poderes. No es lo que se ha hecho en México, donde se reformó la Constitución para terminar con la independencia del Poder Judicial.
“Esa es una reforma constitucional que destruye el espíritu de la Constitución. Por tanto, no puede ser cualquier reforma: debe ser respetuosa de la separación de poderes y de los derechos fundamentales, y, como seguro implica la Constitución costarricense, alcanzarse con amplias mayorías de consenso, de manera que las fuerzas de oposición también se vean reflejadas. No se puede aprovechar una coyuntura de mayoría parlamentaria para hacer reformas constitucionales que luego no pueden revertirse".
― ¿Cuál es su lectura del movimiento Bukele en El Salvador?
― Bukele es el resultado de un Estado de derecho que no funcionó. Para evitar que haya autoritarismos que se quieran perpetuar en el poder y quieran anular las garantías procesales, solo se resuelve por un Estado de derecho real que funcione y que sea efectivo. Por tanto, si la comunidad política no se adhiere a un Estado de derecho y prefiere entregarle las fuerzas a un hombre con autoridad, ese va a ser el sistema que tenga. Entonces, o recupera la complejidad del Estado de derecho y todos sus límites, o vivirán bajo los criterios de un hombre fuerte que concederá mayores o menores grados de libertad. Yo no quiero eso para mi país, ni quiero eso para nadie.
― ¿Cómo se logra que las personas valoren el Estado de derecho o la democracia?
― La mayoría de la población sabe que esto está en riesgo, pero no sabe por qué, ni cómo defenderlo o fortalecerlo.
“Todas las libertades se alimentan de la seguridad jurídica. Es la gran materia prima de los pueblos, pero debe preservarse, igual que el medio ambiente: lo tenemos, pero si lo destruimos, lo perdemos. El Estado de derecho, hoy en Costa Rica, existe, pero puede perderse".
― ¿Por qué dice usted que los procesos de desgaste del Estado de derecho no siempre se manifiestan de forma abrupta, sino a través de dinámicas aparentemente formales?
― Costa Rica es un país con una tradición democrática y de vida en común bajo el imperio de la ley ejemplar. Por eso se estableció aquí la Corte IDH, una institución decisiva en haber elevado el estándar de protección de los derechos fundamentales en toda la región
“En una cumbre de presidentes en 1985, Julio María Sanguinetti, primer mandatario democrático tras la dictadura en Uruguay, dijo: “Donde hay un costarricense, hay libertad”. Necesitamos a Costa Rica como un lugar seguro, donde la Corte IDH pueda operar sin miedo y, sobre todo, donde los costarricenses puedan vivir en paz y en libertad.
“Eso, que desde 1941 ha estado asegurado, no lo está para la siguiente generación —como tampoco en Alemania, España o Estados Unidos—, en ninguna democracia plena. Debemos observar las amenazas en el horizonte: presidentes con rasgos autoritarios, ataques al Poder Judicial y distorsión de la verdad.
“El camino que se sigue al dar espacio al autoritarismo conlleva el riesgo de terminar allí. En cualquier democracia, también en Costa Rica, el poder ejecutivo tiende a considerar que la victoria popular le da carta blanca para superar los límites del derecho, y eso es un atentado a la dignidad de las personas, a la separación de poderes, a la Constitución y al Estado de derecho. Debemos vigilar el poder, incluso el poder que votamos.
“Tanto los votantes como los no votantes deben considerar quién es su presidente, pero sobre todo, deben vigilarlo para que todo lo que haga esté dentro de la Constitución y de las leyes. Tienen que oponerse firmemente a cualquier cosa que amenace los procedimientos, la separación de poderes, las garantías de vida y todo lo que representa el Estado de derecho".
