
Es muy probable que el primer médico que distinguió entre sarampión y viruela fuese Abu Bakr Muhammad Ibn Zakariya Al Razi (864 o 865–925 o 935), en el siglo IX. Nacido cerca de Teherán, fue un alquimista, doctor y filósofo que se preocupó por identificar algunas afecciones que no aparecían en los textos griegos clásicos ni en la ciencia árabe de entonces. Describió los síntomas del sarampión, identificó los más vulnerables a esa enfermedad y propuso algunos tratamientos.
Para el siglo XV, su libro sobre el tema se empezó a traducir múltiples veces, y terminó siendo uno de los más difundidos en su campo. Ya la enfermedad era más recurrente y preocupaba a los europeos, antes de que se extendiese por el resto del mundo con la expansión imperial y el creciente comercio.
Así siguió hasta bien entrado el siglo XX. En los años 50, en Estados Unidos morían entre 400 y 500 pacientes por año, con unos 48.000 hospitalizados. En 1963 se introdujo la primera vacuna, que tras exhaustivas pruebas y análisis, se masificó a finales de la década. En el 2000, ya el país podía declarar que se había eliminado. En Costa Rica, el último caso autóctono se pudo identificar en 1999.
Esta semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró el estatus de país libre de sarampión a Reino Unido y España, y lo han perdido también Austria, Armenia, Azerbaiyán y Uzbekistán, a la vez que hay circulación endémica en Francia, Alemania e Italia.
De nuestro lado del mundo, la Organización Panamericana de la Salud y la OMS notificaron de 268 casos de sarampión confirmados en febrero de 2025, es decir, 4,5 veces más en comparación con los casos notificados en el mismo periodo en el 2024 (con 12.318 casos hasta fin de octubre 2025)
El sarampión ha vuelto. Es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas; es perfectamente prevenible mediante la vacunación. Pero las dos primeras semanas de 2026 han sido de las peores en Estados Unidos, donde se han detectado 171 casos... más que el promedio anual de años previos.

¿Cómo regresa una enfermedad que sabemos cómo prevenir? “El sarampión es un indicador clave”, dijo a The Guardian James Alwine, de la Universidad de Pensilvania. “Significa que el nivel de vacunación es tan bajo que, con el tiempo, reaparecerán todas las demás enfermedades prevenibles por vacunación”.
Los tintes políticos son inescapables, y la preocupación de la mayoría de médicos apunta al secretario de Salud estadounidense, Robert Kennedy, Jr. El político lleva décadas “denigrando las vacunas en general, en particular la triple viral (MMR), intentando vincularla con el autismo cuando no existe tal relación”, afirmó a The Guardian Rob Davidson, médico de emergencias en el oeste de Michigan y director ejecutivo del Committee to Protect Health Care.
Lo peor es lo que puede venir en este contexto de politización de la ciencia largamente aceptada y eficaz: que se empiecen a cuestionar otras vacunas. Incluso, una de las más devastadoras, la polio, podría regresar en medio de esta campaña.
Para sus proponentes no es preocupación. Según el New York Times, el doctor Kirk Milhoan, cardiólogo pediatra y presidente del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de Estados Unidos, dijo que sí tenía “preocupaciones” de que algunos niños pudieran morir de sarampión o quedar paralizados por la polio por no ser vacunados. “También me entristece cuando la gente muere por enfermedades relacionadas con el alcohol”.
