
La lavanda nos acompaña hace miles años. Se ha detectado en tumbas egipcias; sabemos que su uso se extendió por el Mediterráneo, Arabia y hasta India. Hoy, todavía nos fascina. Por eso la compañía francesa Matiere Premiere confía en ella para Metal Lavender, su nuevo perfume.
Hace unas semanas, en preparación para el lanzamiento de la fragancia, conversamos con el maestro perfumero Aurélien Guichard para comprender su acercamiento al arte que lo apasiona.
—Quería saber sobre sus inicios en esta industria. Sé que su familia tiene una trayectoria vinculada a la industria del perfume, pero me gustaría conocer cómo surgió su interés personal.
—Bueno, crecí en una familia de perfumistas, pero no solo eso. Mi familia también cultivaba ingredientes. Mi otro abuelo era un experto en rosas para la compañía Roberte. Tenía un conocimiento extraordinario. Además, como muchas personas en el sur de Francia, poseía una plantación de rosas, jazmín y verbena.
“Así que crecí en un entorno donde existía la creación —a través de mi padre y de mi madre, que era prensista de faldas—, pero también un saber relacionado con el cultivo de flores. Más adelante en mi vida entendí cuánto me inspiró haber crecido en un ambiente de diversidad: diversidad de personas y de orígenes, porque quienes trabajan en los campos del sur de Francia son gitanos, italianos, españoles, personas provenientes de distintas partes del mundo; y también diversidad de oficios.
“En Grasse, los perfumistas no son solo quienes crean perfumes, sino también quienes trabajan en las fábricas y forman parte del proceso creativo a través de las materias primas. Por eso estudié, como mucha gente, una carrera general primero. Estudié economía durante cuatro años, obtuve mi licenciatura y luego comencé a estudiar perfumería.

“Recuerdo que cuando tenía 17 años dejé Francia. Quería estudiar en el extranjero, y lo más importante para mí era colaborar con personas de distintos contextos. Cuando decidí estudiar perfumería fue porque, sí, me gustaban los perfumes, pero en realidad no sabía mucho sobre ellos, porque nunca los había estudiado formalmente. Simplemente había vivido rodeado de perfumistas.
“Así entendí tanto el lado bueno como el lado difícil de este oficio. Podía ver, a través de mi padre, lo que implicaba ser un perfumista exitoso. Él creó Lulu, Eden y muchas otras fragancias. Y de alguna manera comprendí que había algo fascinante en ese modo de vida. Así que decidí estudiar perfumería”.

En ese camino de creación, Guichard comenzó a firmar algunas fragancias para Guerlain y Nina Ricci, y a su decir, tuvo suerte de que confiaran en él siendo tan joven. Trabajó en parte en Francia y en Estados Unidos; lo marcó el trabajo para Issey Miyake, Narciso Rodriguez, Diane von Furstenberg, David Lynch, “personas que eran realmente brillantes en lo que hacían y que, además, tenían sus propias compañías”.
De modo que decidió marcar su propia senda y cultivar sus ingredientes: vendió su apartamento y sembró 10.000 rosales.
—¿Qué lo hizo tomar esa decisión? ¿Qué estaba en su mente para decidir regresar a la materia prima?
—Hubo varias razones. Al principio, sinceramente, lo hice porque mis abuelos estaban falleciendo. Y sentí que quería abrir mi propia plantación, una diferente. También sentía que ya no iba a tener acceso a las personas con las que había trabajado durante 50 años.
“Sentía que todo ese conocimiento iba a desaparecer en mi familia si yo no continuaba con ello. Participé en el reconocimiento de la perfumería de Grasse por parte de la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Me impactó ver esa riqueza, no vinculada al negocio, sino a la cultura y a la familia de la que yo formaba parte. Todo eso me llevó a pensar: ‘bien, sigamos haciendo aquello que mi familia ha hecho durante generaciones’“.
—¿Cree que este enfoque, esta cercanía con la materia prima, le da una comprensión distinta de cómo funcionan las fragancias y de lo que provocan en los sentidos?
—En parte, sí. Pero creo que desde el principio, cuando construimos Matiere Premiere, pensé: hay demasiado marketing en las fragancias. Normalmente, cuando compras un perfume, el valor del aceite dentro de la botella representa apenas un 10%, 15% o, como máximo, un 20% del costo de producción.
“Entonces pensamos con Caius y Cédric: ¿por qué no crear una marca donde cambiemos esa proporción? Que el 70% esté en el aceite. Y haremos todo lo posible para optimizar la calidad, no para ganar más dinero, sino precisamente para mejorar esa calidad. Así que produciremos algunos ingredientes nosotros mismos y tendremos un acuerdo especial con Takasago para obtener aún más valor.
“De esa manera, pensamos que podíamos poner más valor en el aceite, pero queríamos que la gente lo entendiera. Cuando se crea un perfume, la sofisticación se asocia con la complejidad. Especialmente en la perfumería francesa…
“Así que mezclas muchos ingredientes y se crea algo hermoso, pero alguien que no es experto realmente no puede identificar los ingredientes. ¿Qué pasaría si usáramos solo un ingrediente y concentráramos la mayor parte del valor en ese único ingrediente, en ese absoluto? Así la gente podría percibir la belleza de un absoluto de flor de azahar o de un absoluto de rosa, porque estaría tan presente en la fragancia que resaltaría por sí mismo.
“Tenía amigos que no usaban perfumes porque decían que todos olían igual: dulces, afrutados, sin mucha personalidad. Sentían que no era realmente interesante llevar perfume. Y eso que eran personas vinculadas al arte, la moda o la escritura, gente con sensibilidad estética, pero que no usaba fragancias. Sin embargo, cuando venían a verme a mi laboratorio en el sur de Francia o en París, quedaban fascinados por las materias primas. Había una desconexión entre los ingredientes y el perfume terminado.
“Entonces pensé: ¿y si convierto este ingrediente en un perfume sin transformarlo demasiado? ¿Lo usarían? Me respondieron: ‘tal vez’. Así que lo intenté. Y al olerlo decían: ‘puedo reconocer el absoluto de flor de azahar’, ‘puedo reconocer el absoluto de rosa’. Empezaron a usarlo en la piel y recibían comentarios durante el día porque las fragancias tenían proyección y larga duración. Luego me decían: ‘Hoy tres personas me detuvieron en la calle para preguntarme qué perfume llevo. Me encanta. ¿Puedo tener una botella?’.
“Y así nació la idea de Matiere Premiere: respetar realmente la calidad de una materia prima e intentar convertirla en algo creativamente distinto, pero donde todavía se pueda sentir claramente la textura del ingrediente original”.
