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El perdón frustrado

¿Cuál día oscuro del año 2021 nubló las mentes de quienes, con ligereza y precipitación inconcebibles, perdonaron tal cantidad de dinero público?

El precepto que nos invita hasta el extremo de la compasión, instruyéndonos a perdonar hasta setenta veces siete resultó ser una medida muy modesta para el arrebato de indulgencia con que fue poseído el Sistema de Banca para el Desarrollo en el 2021. Ese año multiplicó millones de veces el perdón para dejar inapelable testimonio de que su misericordia excedía generosamente el antiguo mandato. Dio un paso más y le pareció que la piedad individual era cosa muy particular y entonces la hizo nutrida y multitudinaria. Se propuso condonar con la ciega aprobación de la pasada Asamblea Legislativa ¢6.242 millones a un buen grupo de deudores entre sociedades, cooperativas y fundaciones. ¡Es una gran cantidad de faltas económicas y su perdón un ejercicio de colosal benignidad!

Banca para el Desarrollo financia e impulsa proyectos productivos, factibles técnica y económicamente, de micro, pequeña y medianas empresas. Constituye fundamentalmente una fuente de financiamiento inicial de crédito (capital semilla) para emprendimientos y personas con iniciativa empresarial, además de proporcionar capacitaciones, acompañamiento técnico, etc. Muchos de estos emprendedores cayeron en la morosidad de pagos por diversas causas, algunas de ellas justificadas y que no manosean la irresponsabilidad crediticia y otros están hundidos en un estanque de deudas por inciertas e inexploradas circunstancias.

Pues bien, Banca para el Desarrollo miró a los deudores con un espíritu tan vasto e inclusivo que resolvió conceder un perdón urbi et orbi (a los cuatro vientos) justificando su indulgencia, principalmente en el vendaval de estragos financieros que ocasionó la pandemia. Pero he aquí que de los más de ¢6.000 millones adeudados, ¢5.515 millones eran deudas adquiridas años antes de que el maligno agente infeccioso comenzara a deambular por el planeta; es decir, que en el colmo de una extravagante y surrealista mala suerte algunas cooperativas y sociedades fueron presa de un virus que no existía y cuya aparición se produjo muchos meses después y muy lejos de nuestro país.

El Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) resaltó que gran cantidad de proyectos financiados con sus recursos son exitosos, entre ellos los agropecuarios. Foto: Tomada de la web del SBD

Y como la acumulación y la concentración parecen ser el paradigma de los tiempos que corren, solamente un 7% de los deudores que serían beneficiados acaparaban «casi la totalidad» de los ¢6.242 millones. Por fortuna, la pretensión de espléndida piedad de la Banca para el Desarrollo fue atajada por la Contraloría General de la República y anulada por la Sala Cuarta en vista de que los beneficios que otorgaba a los morosos eran «injustificados, irrazonables y desproporcionados», porque causaban un gravísimo daño al uso eficiente de los recursos públicos, la transparencia y la rendición de cuentas. Son adjetivos contundentes y que señalan la ausencia de racionalidad en la gestión de esos recursos.

El medio que usó la Banca para el Desarrollo para aprobar el masivo perdón de deudas fue una declaración jurada de los morosos. Es un documento legal muy delicado para que sea usado en una actividad como la económica, que comprende procedimientos concretos, exactos y los pies bien puestos sobre la tierra. No se juzgue que sospecho falsedad de los deudores, al firmar un documento cuya base y sostén es un juramento, pero me parece que una declaración tan abstracta y general no hace migas con algo tan específico como deber dinero y, tal como lo advirtió la Contraloría, abre «un portillo enorme, abierto a cualquier tipo de abuso».

Durante el tiempo que ha estado suspendida la condonación, Banca para el Desarrollo ha recuperado, mediante varios procedimientos, casi la mitad de los ¢6.242 millones que cooperativas y otras sociedades le adeudaban, lo cual significa que la mencionada banca tenía en sus manos los instrumentos para recobrar los dineros prestados y que la insolvencia de algunos deudores no era tan calamitosa y extrema como para que sus compromisos crediticios fueran borrados de un plumazo y un perdón tan festivo.

La Sala IV adujo que la transparencia sería dañada si se aprobaba la excesiva condonación de deudas. Lo opuesto de la transparencia es la opacidad, la sombra y la turbiedad. ¿Cuál día oscuro del año 2021 nubló las mentes de quienes, con ligereza y precipitación inconcebibles, perdonaron tal cantidad de dinero público? ¿Cuál es el nombre de las nubes que cegaron a los que indultaron semejantes deudas? Debió haber sido también un día muy ventoso que hizo volar por los aires las conductas de imparcialidad y racionalidad que tanto estimamos como propias de nuestra especie.

alfesolano@gmail.com

Educador pensionado.

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