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Desarrollar inmunidad mental antes del 6 de febrero

En múltiples ámbitos, fluye una corriente ideológica irracional, polarizante y potencialmente destructiva

Existen buenas y malas ideas; ideas correctas e incorrectas, e ideas basadas en evidencias o en creencias. No todas las ideas son iguales, ni tienen el mismo valor.

Existe una confusión entre ser intolerante y tener una opinión bien fundamentada, por ejemplo, miles de personas creen que la tierra es plana (difícil de imaginar, pero las hay). Puedo tolerar a alguien que sostiene tal idea y debatirla con respeto, pero no posee el valor y legitimidad de que la tierra es redonda.

La idea de que la tierra es plana está basada en tratar las creencias como evidencias: es equivocada y no hay relativismo o tolerancia que la torne en correcta.

Las ideas son como parásitos mentales que infectan la mente de la gente y causan estragos si nuestra inmunidad mental no responde a tiempo y con eficacia. En la actividad política, algunas de esas ideas son parte de las ideologías exhibidas por candidatos en períodos electorales.

Para efectos de este artículo, uso el término ideología como un sistema de ideas que no favorecen al huésped que les da cabida; son ideas infecciosas, perjudiciales, destructivas, que se resisten tercamente a un análisis racional.

Así como las defensas de una persona bajan, transitoriamente, o por largos períodos, la cultura de un pueblo es susceptible de sufrir un trastorno inmune, favorecedor de toda suerte de ideas parásitas patógenas. En múltiples ámbitos, fluye una corriente ideológica irracional, polarizante y potencialmente destructiva.

Las ideologías de los políticos a menudo están contaminadas de ideas parásitas mentales, y pienso que es de gran valor identificarlas y desplegar nuestro sistema de anticuerpos cognitivos contra ellas.

Una de las causas esenciales por las que estos patógenos mentales invaden el cerebro es que ciertas mentes tienen una suerte de formato tribal; bajo una convicción ingenua e irreflexiva de racionalidad y buen juicio, sienten que pertenecen a un grupo u otro, al cual responden con lealtad automática y a menudo visceral, sea un equipo de fútbol, una religión, un partido político u otro tipo donde se dé la afiliación explícita o implícita.

Los políticos oportunistas, con sus maquinarias de propaganda en las redes sociales, manipulan las mentes de las diferentes “tribus”, infectándolas con parásitos mentales.

Los demagogos han existido desde la democracia griega, siguen presentes en nuestros días y seguirán apareciendo intermitentemente en el futuro; durante períodos dichosos, parecen haber desaparecido; sin embargo, son como cucarachas, las dábamos por muertas y vuelven a aparecer en algún momento.

Ya que vamos a tener que vivir con ellos —así como con el coronavirus— y sus ideas infecciosas, debemos desarrollar nuestro recursos cognoscitivos (mentalware) para enfrentar las ideas patógenas y sus vectores, los demagogos.

Así como existe un software para operar las computadoras, existe un mentalware para pensar racionalmente que, en mi opinión, es lo mismo que pensar responsablemente. Es la capacidad de entretener hipótesis alternativas, detectar sesgos cognitivos y pensar disciplinadamente.

Veamos algunos síntomas: un aspirante al poder propone soluciones simples a problemas complejos; soluciones inexistentes que hipnotizan a las multitudes para manipularlas (por ejemplo, el muro de Donald Trump para tratar la migración); o plantea solucionar, mejorar y eliminar los problemas sin que los ciudadanos deban pagar un precio.

Hay soluciones mejores que otras, pero todas tienen un costo, y cuando los políticos ofrecen arreglar el mundo sin nuestra cuota de sacrificio, esfuerzo o contribución, nos están tratando de engañar. Cuando hay que mejorar la situación fiscal de un país, no existe solución gratis.

Otra señal de alerta es cuando un candidato afiliado a una religión sugiere que su elección es un mandato divino. También hay que estar vigilante de las ideas cargadas de contenido emocional, especialmente cuando tienden a polarizar a la gente, deshumanizar a ciertos grupos o utilizar estereotipos, por ejemplo, cierta derecha sataniza al empleado público y cierta izquierda, al empresario; es una simplificación, como lo demuestran los escándalos de corrupción recientes: en ambos grupos encontramos protagonistas.

La mayoría de los empleados públicos son honestos y la mayor parte de los empresarios, también.

Debemos aspirar a la inmunidad de rebaño contra el contagio ideológico mediante un esfuerzo paciente y sostenido para vacunar a la población contra la irracionalidad y las ideologías tóxicas. Las próximas elecciones son una oportunidad propicia para hacerlo.

psique@me.com

El autor es médico psiquiatra, especialista en epidemiología de trastornos mentales y miembro de la Academia Nacional de Medicina.

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