
Un proyecto del Laboratorio de Investigación en Ciencias Experimentales de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), del que informamos el lunes, permitirá utilizar hongos para, a partir de los desechos sólidos, generar iniciativas sostenibles en alimentación, bioinsumos agrícolas y materiales biodegradables. Ya trabajan con la Municipalidad de Pérez Zeledón para hacerlo realidad.
En febrero, el Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec) anunció la creación de un controlador de nematodos (gusanos microscópicos que atacan las raíces del cafeto), con métodos biointeligentes. Fue desarrollado en conjunto con CoopeTarrazú. Puede generar resultados hasta 40% mejores que los agroquímicos tradicionales y ayudará a cumplir con las reglas de sostenibilidad de la Unión Europea, mercado esencial para nuestro café.
En agosto pasado, la Escuela de Lenguas Modernas de la Universidad de Costa Rica (UCR), en colaboración con el Ministerio de Educación, diseño y desarrolló una prueba para evaluar las destrezas de escritura en inglés entre estudiantes de undécimo año en colegios experimentales bilingües y las secciones de la misma índole en los colegios académicos.
Resultados de investigaciones en apicultura realizadas por la Universidad Nacional (UNA) han facilitado que mujeres emprendedoras de zonas rurales desarrollen productos de alto valor agregado a partir de la miel.
Como resultado de su convocatoria ConectadOS 2024, la Universidad Técnica Nacional (UTN) impulsó en 2025 un proyecto para transformar los rastrojos de piña y abacá y utilizarlos en el embalaje de alimentos exportados a Europa. Se ha desarrollado en conjunto con la empresa Nicoverde S. A., a la que brinda el apoyo para aplicar la tecnología.
Los cinco casos que acabamos de mencionar son, apenas, ejemplos específicos de algo mucho más amplio, con profundas raíces y amplias huellas. Es decir, forman parte de estructuras y prácticas de enseñanza, investigación, acción social, extensión y difusión que están en la base –y, además, explican– esos y muchos otros aportes de las universidades públicas. Es algo que nuestras autoridades y la ciudadanía en general debemos tener muy presente, sobre todo cuando, como ahora, el futuro de su financiamiento está envuelto en gran incertidumbre.
Como medio, hemos ejercido tareas fiscalizadoras, a menudo críticas, sobre el uso de los recursos por parte de esos centros de educación superior. Han cometido errores. No siempre han sido transparentes. Y los índices de rendimiento e incidencia aún requieren mejoras. Todos estos son desafíos que deben abordarse con gran rigor, pero también con plena conciencia del enorme y creciente aporte de las universidades estatales a nuestra sociedad, y de sus esfuerzos por la mejora continua, que nunca deben cejar.
Según documenta el último informe Estado de la Educación, la matrícula en las cinco universidades públicas pasó de 233.352 estudiantes en 2006 a 324.586 en 2024. Además, mejoró en equidad y diversidad regional, con un creciente ingreso de jóvenes provenientes de hogares con pocos recursos y zonas fuera de la Gran Área Metropolitana.
El grueso del reducido y decreciente porcentaje del producto interno bruto (PIB) que el país dedica a investigación y desarrollo proviene de esas universidades. Según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt), citados por el informe, en 2024 el 47% provino de las universidades, 15 puntos porcentuales más que en 2006. Diversos centros universitarios de investigación y transferencia tecnológica se han convertido en sólidos pilares de nuestro desarrollo. Algunos ejemplos:
El Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA), de la UCR, ha sido clave para impulsar nuestra industria alimentaria. Asimismo, en esa universidad funciona el Laboratorio Ciclotrón PET/CT, primero en Centroamérica, el cual cumple un papel primordial en la investigación, docencia, diagnóstico y tratamiento del cáncer. El Tec se destaca por sus laboratorios de punta y vinculaciones con los sectores productivos. El Laboratorio de Polímeros de la UNA es pionero en el aprovechamiento de residuos agroindustriales. El Centro de Calidad y Productividad de la UTN da asesoramiento, capacitación y asistencia a empresas y organizaciones diversas. Y la UNED cuenta con dos centros para la investigación en educación.
Pese al crecimiento en matrícula y aportes como los mencionados, entre 2019 y 2024, el financiamiento estatal, vía el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), ha decrecido 4,73% en términos reales. Y la política anunciada, que violenta mandatos constitucionales, es de crecimiento cero este año.
No hay razones válidas que la expliquen. En su ausencia, lo que parece existir es una mezcla de miopía y afán de incidir, vía presupuesto, en la autonomía administrativa de las universidades. Ambos supuestos son inaceptables y, además, conspiran contra el desarrollo nacional.
