Eduardo Ulibarri. 23 enero

Los vientos del Primero de Mayo ya soplan en la Asamblea Legislativa. Su fuerza aumentará conforme se acerque la elección del nuevo Directorio y los aspirantes comiencen a salivar sus apetitos.

La escogencia será una decisión trascendental. Si algo hemos aprendido en casi dos años de replanteamientos en el quehacer político, es que la interacción entre un Legislativo fragmentado y un Ejecutivo políticamente débil, bien guiada por la presidencia de la República y bien conducida por la del Directorio, puede generar avances notables. Por esto, a qué manos pasará la llave maestra del Congreso —nuevo edificio incluido— será determinante para los dos años que quedan; también, para dar cierto arraigo al modelo cuasi semiparlamentario que ha comenzado a asomarse en la práctica.

¿Prevalecerá la gobernabilidad o el ímpetu opositor en el nuevo Directorio legislativo?

Presumo que, tal como ocurrió hace un año, la decisión estará entre dos tipos de actitudes. Una llevaría a la conformación de un Directorio orientado a la gobernabilidad, lo cual implica voluntad de diálogo, negociación, cooperación, acuerdos y, como resultado, logros colectivos. Otra estaría orientada por el ímpetu opositor, con propósitos de caracterización político-electoral de cara al 2022 y, por ende, concentrada en el control político, la agudización de las diferencias y la renuencia a que los logros deban compartirse.

Tanto en el 2018 como en el 2019 prevaleció la primera orientación, pese al juego corto encabezado por el PUSC para impedirlo en el último año, en alianza con los fabricistas y con la simpatía inicial de algunos liberacionistas. ¿Estarán dadas las condiciones, o podrán generarse, para que de nuevo haya un Directorio orientado a la gobernabilidad?

La suma de PLN, PAC y un Restauración algo restaurado fue la clave en el 2019. Esta aritmética podría replicarse, aunque con rasgos y aspirantes distintos. Pero a mayor cercanía electoral, mayores las tentaciones de intrigar para impedirlo. Y en esta materia un sector multipartidista tóxico es particularmente creativo, aunque hasta ahora haya fracasado.

Potenciar que en este tercer año de administración prevalezca de nuevo la responsabilidad, es clave: para el país, sin duda, pero también para los partidos que actúen en consecuencia. Hasta los oportunistas inteligentes deberían entenderlo.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista y analista.