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Listos para el golpe de gracia

Si hay un país preparado para dejar atrás los combustibles fósiles, ese es Costa Rica

Hace poco llegó a mis manos un ejemplar del libro Energía: un cambio cataclísmico, de Róger Lacayo, donde describe con gran detalle y actualidad los cambios sociales, económicos y tecnológicos que enfrenta la humanidad producto de la búsqueda de alternativas para la producción y distribución de energía.

Me llamó la atención su abordaje sobre los cambios tecnológicos en torno a la movilidad sostenible y la generación de electricidad, y pensé en las implicaciones directas sobre Costa Rica.

El libro plantea el cataclismo que sufrirá el sistema de transporte basado en combustibles fósiles. El crecimiento y la penetración en el mercado de los vehículos eléctricos, la generación de energía fotovoltaica, los avances en las tecnologías de acumulación y la conectividad darán el golpe de gracia al motor de combustión interna y a las industrias vinculadas.

Las principales barreras para la adopción de vehículos eléctricos están desapareciendo: los precios bajan, los rangos están aumentando, los tiempos de carga disminuyen, la red de carga está creciendo y están apareciendo modelos de fabricantes nuevos y tradicionales.

Más sobresaliente aún: consumidores más conservadores se decantan por automóviles eléctricos y, al mismo tiempo, se convierten en punta de lanza de la tecnología y la estética.

Es más común que los autos eléctricos incorporen tecnologías avanzadas de conducción autónoma basadas en sensores inteligentes y conectividad 5G. Es muy probable que su próximo automóvil sea eléctrico y hecho en China.

Los sistemas fotovoltaicos aprovechan la energía del sol en forma de luz y la convierten en electricidad. Su simpleza es extraordinaria y sus implicaciones, abrumadoras.

Piense usted en la sencillez de montar un panel fotovoltaico sobre su casa —donde un fotón se transforma automáticamente en corriente directa— y compárelo con la cantidad desproporcionada de infraestructura necesaria para explorar, extraer, procesar y distribuir combustibles fósiles, junto con las implicaciones geopolíticas y ambientales.

Incluso confronte estos sistemas con la producción de energía eléctrica a través de otros procesos, como los hidroeléctricos, eólicos o geotérmicos.

Se prevé que la mayoría de las nuevas inversiones en producción de electricidad durante la próxima década serán en sistemas fotovoltaicos más acumulación.

La eficiencia de los paneles solares se espera que siga mejorando de conformidad con los avances tecnológicos. Entre las principales razones para la adopción exponencial de la producción fotovoltaica se encuentran la acelerada reducción del costo, la predictibilidad, la ubicuidad, la abundancia del recurso, la independencia geopolítica, el funcionamiento a toda escala, el bajo mantenimiento, la larga duración de la inversión, la rápida instalación y los bajos riesgos.

La única forma de que las energías solar y eólica sean fuentes verdaderamente útiles y fiables es combinarlas con alguna forma de almacenamiento masivo y económico.

Las nuevas tecnologías de baterías tienen el potencial de compensar el problema de la intermitencia y variabilidad de las fuentes de energía renovables al guardar la energía generada y hacerla accesible y asequible.

Probablemente, ninguna otra tecnología esté recibiendo tanto dinero y esfuerzo como la batería. Hay enormes cantidades de capital invertido en investigación y desarrollo para producir una batería mejor y menos costosa para las industrias automotriz, eléctrica y electrónica.

Una red eléctrica inteligente es aquella que combina medidas de operación y equipos conectados a la Internet operando con software y tecnologías de inteligencia artificial.

Esta red supervisa y gestiona el transporte de electricidad de todas las fuentes de generación para satisfacer las distintas demandas de electricidad de los consumidores finales.

El potencial de la red inteligente es insospechado, por ejemplo, facilitará la participación de pequeños actores en el mercado eléctrico, con múltiples productores y consumidores, desde empresas grandes hasta pequeños hogares.

Las nuevas plataformas admitirán el surgimiento de modelos de negocios innovadores, vinculando la producción y el comercio de energía entre pares, y las baterías de los sistemas fotovoltaicos y de los vehículos eléctricos operarán como estabilizadores del sistema.

Lo anterior se conoce como tecnología de vehículo a red (V2G) y consiste en que los vehículos eléctricos se comunican con la red para vender servicios de respuesta a la demanda, ya sea devolviendo la electricidad a la red o reduciendo su capacidad de carga.

Esto llevará finalmente al establecimiento de plantas virtuales de generación (VPP, por sus siglas en inglés).

Las VPP son una red de unidades generadoras de energía descentralizadas, como parques eólicos, parques solares, empresas, hogares, es decir, consumidores de energía flexibles y sistemas de almacenamiento trabajando de forma remota y automática para mezclar una diversidad de recursos independientes en una red inteligente.

La producción y el consumo de energía combinados de las unidades en red se negociarían en un mercado para tales efectos.

Mientras se debate espuriamente si se debe prohibir la exploración y explotación de hidrocarburos o si se aprueba un préstamo para modernizar el transporte ferroviario, vemos pasar el futuro frente a nuestras narices.

Si hay un país listo para abrazar las tecnologías de producción de energía sostenible y movilidad eléctrica, ese es Costa Rica.

Las inversiones en sistemas hidroeléctricos, eólicos y geotérmicos ya se hicieron. Las tecnologías fotovoltaicas y de almacenamiento están aquí.

Los vehículos eléctricos son tendencia, y el país ha promovido una política de desarrollo sostenible reconocida en el mundo. Entonces, ¿qué hace falta?

Falta desafiar el paradigma existente del monopolio de una gran empresa de servicios públicos con millones de pequeños y grandes usuarios. El ICE, que tanto ha dado a nuestro país, debe transformarse en el facilitador del cambio hacia la constitución de un sistema eléctrico inteligente y descentralizado, que combine lo mejor de las tecnologías existentes y futuras, que produzca energía de forma eficiente y a costos competitivos, que incentive el establecimiento de sistemas de transporte sostenible y que permita la atracción de empresas innovadoras.

No debemos dejar que el cataclismo de la industria de combustibles fósiles nos arrastre.

victor.umana@incae.edu

El autor es economista.

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