Más allá de qué hagan sus fracciones legislativas a partir del 1.° de mayo, los partidos políticos tienen ante sí una tarea esencial: fortalecerse como organizaciones. La cuesta será más empinada para los opositores, y su responsabilidad, mayor hacia el país. Mucho está en juego. Pero el oficialista no escapa a los retos.
Desde que Mayuli Ortega fundó el PPSO en 2022, su evolución ha respondido más a oportunidades coyunturales, o “fusiones y adquisiciones”, que al crecimiento orgánico. Verticalidad; alianzas fugaces; personalismo; mando desde la cúpula; papeletas legislativas designadas, no elegidas; alcaldes reclutados, no propios. Es decir, una suma de partes sin organicidad. Articularlas, trascenderlas y armarlas como un verdadero partido será una enorme tarea para su fundadora y próxima diputada.
En la oposición, los desafíos son otros. Si a Liberación –aunque retrocedió– le fue relativamente bien, fue, sobre todo, por la polarización final y el impulso de Álvaro Ramos, no tanto por el arrastre del partido.
Para convertir este oxígeno coyuntural en fuerza vital, deberá esforzarse por ampliar sus huellas popular y territorial; desarrollar y consolidar sus estructuras (ojalá renovadas); acelerar la incorporación de nuevos miembros y cuadros; retomar la capacitación y dar fluidez a sus nexos sectoriales. Es decir, impulsar orgánicamente y con otros diseños las fortalezas que una vez tuvo, pero fueron carcomidas desde dentro.
El sólido desempeño de su fracción legislativa, y también la polarización, fueron vientos de cola para el Frente Amplio. Demostró mucha más fuerza que su candidato, Ariel Robes. Pero mantiene, al menos, tres debilidades: la enorme dependencia electoral de la GAM, la rigidez ideológica de algunos dirigentes y su imagen como contralor, no posible ocupante, del gobierno. Su imperativo, desde el impulso electoral recibido, es desarrollarse en todas las provincias, modernizar sus propuestas y fortalecer los cuadros técnicos. La unidad interna que proyecta es un buen punto para avanzar, crecer y fortalecerse, también de forma orgánica.
El PUSC y la CAC (¿PAC?) deberían repensarse como empresas emergentes, o start ups. En Silicon Valley suelen ver los fracasos como ímpetus para el éxito. Quizá, en su caso, logren reemerger desde las cenizas actuales.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.
