Las guerras no son lineales. Quienes las desatan saben cómo comienzan, pero apenas pueden imaginar cómo evolucionan y terminan. Y a menudo se equivocan. Sus adversarios también son agentes activos, y en el camino aparecen barreras, curvas, espirales y vacíos. Es lo que ocurre con la campaña de Israel y Estados Unidos contra Irán. Sobre ella, comparto cinco “partes”.
1. El desenlace ideal sería un régimen laico, con control territorial, sin ímpetus agresivos y decidido a avanzar hacia la democracia. Será más probable otra modalidad de autoritarismo, junto a luchas intestinas entre las múltiples facciones y minorías étnico-religiosas del país. Resultado: un temible foco de inestabilidad, fracturas territoriales y peligrosas emanaciones geopolíticas.
2. Incapaz de repeler la lluvia de fuego desde el aire, Irán optó por desatar la suya en el vecindario. Su instrumento clave: los drones de bajo costo y alta eficacia. Destruyen infraestructura y diezman las capacidades de defensa antiaérea, quizá como preludio a misiles más poderosos. Crean incertidumbre; descalabran la producción y el transporte de hidrocarburos. Los suministros bajan, los precios suben, los mercados se descontrolan y la inflación asoma. Quizá dure poco, pero no hay certezas posibles.
3. Por ahora, Rusia gana. Recibirá más divisas por sus exportaciones de petróleo y gas, mientras Europa se enfrenta a elevados precios. A más sistemas antiaéreos occidentales canalizados hacia Israel y el golfo Pérsico, para repeler a Irán, menos recibirá Ucrania. Y la reactivada inestabilidad en el Cercano Oriente podrá abrirle oportunidades de incidencia.
4. Como contraparte, Ucrania pierde. Contra los misiles balísticos rusos, de poco valen sus drones interceptores, robustos, baratos y abundantes. Necesita los sistemas sofisticados de otros, ahora más escasos.
5. Para Israel, su gran objetivo estratégico es demoler la capacidad militar iraní. Qué pase después será problema de otros: sus vecinos árabes y Turquía, especialmente. Pero también lo será de Estados Unidos, que no podrá desentenderse del posible caos creado con la intervención.
“Ya no hay asuntos que puedan zanjarse a base de zanjarlos en un solo punto”, escribió hace poco menos de un siglo el poeta francés Paul Valéry. Lo estamos viviendo, pero sin poesía.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.