
Cada vez leemos más texto generado y menos texto escrito. Todavía, la mayor parte del texto generado es editado por humanos, pero es generado al fin. Incluso hay quienes pueden dilucidar cuál inteligencia artificial (IA) fue la que generó un determinado texto.
Hay signos clarísimos, como el exceso de estructura, subtítulos por doquier, la falta de fluidez (o exceso de esta), pero, sobre todo, la falta de diversión al hacerlo (generar-editar). No me extrañaría que este círculo “productivo” de generar y editar esté enseñándoles a quienes lo hacen a escribir como máquinas.
Hoy debemos hacer un esfuerzo para que no nos vayan a confundir un texto escrito con uno generado (y desechado como falto de imaginación, originalidad y calidad).
Pero la IA no solo genera texto; ahora también genera lenguaje hablado y comportamiento experto a niveles no sospechados hace dos o tres años. Los modelos más recientes han contestado preguntas científicas de expertos a nivel de doctorado con certeza superior al 90%.
La llamada “IA física” se refiere a aparatos físicos dotados de IA; estos son: robots, vehículos autónomos, carros voladores y drones autónomos, todos con IA que les permite tomar decisiones y comportarse como humanos (bueno, simular el comportamiento humano de acuerdo con su entrenamiento). Las aplicaciones de IA física en complejos militares no son publicadas, pero estoy bastante seguro de que existen, aunque no sé si quiero saber cuáles son.
Los robots tienen décadas de existir; desde los brazos robóticos utilizados en manufactura hasta los más recientes robots humanoides que les ganan a los seres humanos en toda clase de tareas físicas. La más reciente fue una media maratón en la que mejoraron el récord mundial de los humanos en más de 5 minutos.
Ya los robots humanoides están siendo producidos a escala; el robot humanoide R1, de Unitree, está disponible por $4.900, una reducción del precio del 99,4% respecto a donde estaba hace solo dos años. Unitree despachó más de 5.500 unidades en 2025 y proyecta vender entre 10.000 y 20.000 unidades en 2026.
Mientras tanto, Shenzhen lanzó la primera línea automatizada de producción de robots humanoides del mundo, capaz de producir un robot cada 30 minutos con una capacidad anual superior a 10.000 unidades.
Los vehículos autónomos llevan más de una década funcionar en ciertas ciudades de varios países, siendo los robotaxis la aplicación más generalizada. Han acumulado millones de kilómetros y millones de viajes, con índices de seguridad 90% mejores que los autos conducidos por seres humanos, y todo eso, antes de ser dotados de IA.
Se espera que aumente sustancialmente la seguridad al dotar a los vehículos autónomos de IA. La evidencia sugiere que los seres humanos exigen que la seguridad de los vehículos autónomos sea al menos un 90% mayor que cuando son personas las que conducen.
Los carros voladores son vehículos eléctricos con cuatro o cinco hélices similares a las de los helicópteros, que generan solo 45 decibeles de ruido y casi cero vibraciones, y pueden transportar a cuatro o cinco pasajeros a velocidades de cientos de kilómetros por hora y a varios cientos de kilómetros de distancia. Se recargan en 20 minutos para seguir trabajando.
La Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) ya ha otorgado licencia a por lo menos dos empresas que producen estos vehículos, aunque todavía no están operando, a un costo por kilómetro por persona igual o menor que el de un carro de combustión interna.
Los drones, además de ser utilizados muy exitosamente en la guerra, son fundamentales en la agricultura de precisión y en la economía de baja altitud que China ha desarrollado tan exitosamente. Al dotarlos de IA, se hacen mucho más autónomos (requieren menos horas piloto), se reducen costos y aumenta la eficiencia.
El factor común que tienen todos estos aparatos y la IA que se les está incorporando es que todos necesitan electricidad, enormes cantidades de electricidad. La construcción de centros de datos se ha vuelto muy conflictiva en mercados poco regulados, porque al aumentar la demanda, aumenta el precio, y los vecinos terminan pagando más por el solo hecho de vivir cerca de un enorme centro de datos (están construyendo uno de más de 900 hectáreas, que consumirá más electricidad que Costa Rica).
La velocidad con que está aumentando la demanda de electricidad es verdaderamente preocupante, sobre todo porque la mayor parte no se genera con medios renovables. La electricidad eólica o solar requiere almacenarse. Se prevé que el mercado de almacenamiento de energía en centros de datos aumente de $1.200 millones en 2025 a entre $4.100 y $6.000 millones para 2030.
Aquí entran las grandes inversiones en energía nuclear, especialmente en fusión. Recientemente, el gobierno de Estados Unidos ha comprometido cientos de millones de dólares en programas de eliminación de barreras que han frenado la viabilidad de la fusión comercial.
Pareciera que la física ha sido demostrada. Lo que queda es ingeniería. Y la ingeniería podrá ser resuelta con la ayuda de IA digital.
La IA física tiene el potencial de cambiar una gran parte de nuestras vidas en los próximos dos o tres años. Hay quienes consideran que, dentro de tres años, los robots humanoides serán tan comunes como lo son hoy los teléfonos inteligentes. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer en Costa Rica para que todo esto no nos tome por sorpresa?
Roberto Sasso es ingeniero, presidente del Club de Investigación Tecnológica y organizador del TEDxPuraVida.