Columnistas

La educación es una parodia más en la sociedad del espectáculo

Cada cuatro años, la democracia nos mueve a pensar. Ninguna invitación es menos atendida que esta. No es reflexión lo que se expresa en las urnas; es crispación. La negación a recapacitar es universal, y nada más probatorio de la ausencia de raciocinio que el mísero lugar de la educación en los problemas de la ciudadanía. En el fondo, domina la privación de un concepto de futuro. Todo es presente, inmediato, instantáneo. Todo encuesta fotográfica de pasajera volatilidad.








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