Más allá de las objeciones de fondo que los partidos opositores, incluso el PUSC, plantean al plan de “armonización eléctrica”, existen claros móviles políticos para enfrentarlo. Sobre todo, son relevantes para el PLN, por su peso legislativo y porque durante años –incluyendo el pasado– incidió en su contenido. ¿Por qué rechazarlo ahora? Espero no pecar de intelectualismo o ingenuidad al exponer ocho posibles razones:
1. Las circunstancias cambiaron. Ahora el oficialismo tiene mayoría legislativa. Antes, la fracción del PLN superaba a las demás. En cualquier puja para modificar en segundo debate el texto aprobado en primero, tendría menos músculo.
2. Las suspicacias imperan. Erosionan, con razón, la confianza en las negociaciones legislativas apresuradas, en la gobernanza del nuevo sistema y en los reglamentos que emita el Ejecutivo.
3. La fracción y el partido también cambiaron. Los nuevos diputados del “nuevo” Liberación impulsado por Álvaro Ramos no son copia de sus predecesores. Parecen buscar un sello socialdemócrata más definido. Esta es una gran oportunidad para impulsarlo.
4. Ramos es proclive al rol activo del Estado en ámbitos estratégicos; además, no podía arriesgarse a acusaciones (aunque falsas) de “privatizador”.
5. Debían poner límites. Tras dar sus votos a varios proyectos de interés para el gobierno, hacer lo mismo con este, que tiene falencias sustantivas y ha generado rechazos múltiples, habría erosionado su imagen.
6. El “no” los puede reconciliar con los sectores sociales, gremiales y ciudadanos que impulsan el movimiento en contra, antes cercanos al PLN, pero alejados desde tiempo atrás.
7. Discrepar de cámaras empresariales favorables al plan refuerza la imagen de independencia. Además, esas organizaciones generan pocos votos y muchos de sus miembros declinaron aportar a la campaña. No hay “deudas” que pagar y sí una posición que marcar.
8. El PLN ha dejado la puerta abierta para “mejorar”, no evitar, la apertura del mercado eléctrico. Si será posible y cómo, está por verse. Pero proyecta flexibilidad, no intransigencia. Luego de que la presidenta Fernández retirara el plan de la agenda, podría abrirse una ventana.
Presumo que, por ahora, el partido ha generado un neto positivo. Potenciarlo será un gran desafío.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.