Costa Rica cerró los primeros meses de 2026 con una tasa de desempleo de 7,1%. A simple vista, parecería una buena noticia. Después de todo, durante la pandemia el desempleo llegó a niveles históricos (25%). Pero el problema del mercado laboral costarricense ya no está únicamente en cuántas personas buscan trabajo y no lo encuentran.
El problema está en cuántas personas dejaron de participar en el mercado laboral por completo. Ahí es donde realmente hablan los datos. La señal más preocupante es la tasa de ocupación, es decir, el porcentaje de personas mayores de 15 años que efectivamente tienen empleo. Hoy se ubica en apenas el 50,3%. Antes de la pandemia era del 56%.
Dicho de otra forma: Costa Rica nunca logró recuperar el nivel de empleo previo a la pandemia de covid-19. Y la tendencia reciente tampoco es positiva. El indicador lleva seis meses consecutivos cayendo. Además, este es el nivel más bajo registrado en un inicio de año desde que comenzó la recuperación posterior a la pandemia.
El deterioro también se observa al comparar hombres y mujeres. Antes de la pandemia, cerca del 68% de los hombres en edad de trabajar tenía empleo. Hoy la cifra ronda el 62%. En las mujeres, la caída pasó de aproximadamente 43% a apenas 38%.
Son miles de personas menos trabajando, generando ingresos y cotizando a la seguridad social. Mientras tanto, la cantidad de personas fuera de la fuerza laboral sigue creciendo y ya se aproxima a los dos millones.
Parte de esto responde a un fenómeno demográfico inevitable: Costa Rica envejece rápidamente y cada vez hay más adultos mayores que salen del mercado laboral. Pero ese no es todo el problema. También hay señales preocupantes entre los jóvenes. La cantidad de personas ocupadas de entre 15 y 24 años cayó de 268.000 antes de la pandemia a apenas 195.000 este año. Es decir, hay menos jóvenes trabajando, acumulando experiencia y construyendo trayectoria laboral.
Por eso, enfocarse únicamente en la caída del desempleo puede resultar engañoso. Una economía puede mostrar menos desempleo y, al mismo tiempo, menos empleo. Eso parece estar ocurriendo hoy en Costa Rica.
El mercado laboral no solo está creciendo más lentamente, sino que también parece estar perdiendo capacidad para integrar a personas al trabajo de manera sostenida. Y cuando un país empieza a normalizar una menor participación, una menor ocupación y una mayor inactividad, el problema deja de ser coyuntural y se vuelve estructural.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
