Columnistas

Cansancio y nuevos hábitos

Como la pandemia llegó para quedarse por un buen rato, me pregunto si será posible volver a vivir la amistad como antes

El otro día me vi con un amigo querido y, sumando y restando, caímos en la cuenta de que teníamos más de año y medio de no vernos cara a cara, de estar físicamente en el mismo lugar. Durante todo este tiempo, hemos estado en constante comunicación, pero ¡qué diferente es sentir el calor de la cercanía!

Como la pandemia llegó para quedarse por un buen rato, me pregunto si será posible volver a vivir la amistad como antes, por ejemplo, disfrutar una tarde sin mayores preocupaciones, con personas queridas, pero que no son parte de nuestra burbuja. O, incluso algo menos íntimo, como ir a un estadio, un café o una fiesta, sin pensar que uno salga contagiado o que contagie a los demás.

Quizá me hago muchas bolas, cosa de roco, pues veo a mucha gente ir de aquí para allá con despreocupación. Tal vez las cosas hay que tomarlas con más tranquilidad. Puede ser. Es más, seguro que es así. Lo que pasa es que ya vamos por la variante delta y, sin que este país esté cerca de tener a la población con el cuadro completo de vacunación, ya se habla de la necesidad de una tercera dosis de refuerzo.

El manejo prolongado de la incertidumbre crea una sensación de cansancio en el plano individual, pero también en el social: que las restricciones vehiculares recurrentes, que el distanciamiento físico crónico, que las olas pandémicas revolcándonos cada cierto tiempo (vean Israel y Nueva Zelanda). Y, con el cansancio, viene la tentación muy humana de bajar la guardia, de rendirse un poquito más cada día, de hacer esa pequeña transgresión. También, viene la sordera selectiva en relación con los llamados a portarse bien, a ser responsables, y los regaños de las autoridades públicas.

Desde el punto de vista de la psicología social, la cuestión es, entonces, lidiar con el cansancio colectivo y lograr, pese a todo, mantener cierta disciplina entre la mayoría de las personas. No veo otra que crear nuevos hábitos en la población, nuevos parámetros de conducta deseable. No sería la primera vez que lo hayamos hecho de manera deliberada. En Costa Rica, a lo largo del siglo XX, las autoridades inculcaron cuatro hábitos elementales que mejoraron la salud de todos: bañarse todos los días, ir a una letrina o baño cerrado y no al cerco para hacer las necesidades, lavarse los dientes y andar con zapatos. Así de simple, así de visionario: crear esos nuevos hábitos que pautarán nuestras vidas.

vargascullell@icloud.com

El autor es sociólogo.