
Olvidar las llaves, perder citas importantes o sentir una fatiga que no se alivia durmiendo pueden ser síntomas directos del estrés crónico. Luis Diego Herrera, psiquiatra del Centro de Salud Mental Herrera Amighetti del Hospital Metropolitano, explica que sostener altas demandas diarias altera la estructura del cerebro y reduce las conexiones neuronales. Lejos de ser un efecto normal de la vida adulta, vivir agotado es una señal de alerta clara que requiere atención.
Lo que debe saber:
- El cerebro bajo presión constante pierde conexiones neuronales, lo que explica por qué olvida cosas sencillas, pierde el hilo de las ideas o se equivoca más en sus tareas diarias.
- La presión del momento ayuda a resolver urgencias, pero mantener ese estado de alerta por semanas disminuye la eficiencia laboral y la capacidad de concentración.
- Desarrollar hábitos como el ejercicio físico, la organización del tiempo y las pausas breves ayuda a proteger la salud mental frente a las altas cargas laborales.
El efecto del estrés crónico en la memoria
Más allá de los dolores musculares o las alteraciones del sueño, el estrés prolongado tiene un impacto directo en la mente. Herrera detalla que la exposición constante a la tensión afecta áreas como el hipocampo, la zona del cerebro clave para la memoria.
“(Bajo estrés prolongado) disminuye la conexión entre las neuronas, disminuye el volumen del hipocampo, y entonces se pierde memoria, se pierde la capacidad de aprender”, detalla el especialista.
Esto explica por qué ocurren los descuidos cotidianos. La mente, al procesar una alerta constante, puede perder capacidad para retener datos nuevos.
“La persona puede empezar a cometer más errores por descuido, presentar más olvidos, dejar las llaves, el teléfono, olvidar hacer cosas, citas, fechas importantes”, precisó.
Además, la ejecución de tareas que antes resultaban sencillas requerirá mayor esfuerzo y organización.
¿Cuándo deja de adaptarse y empieza a enfermarse?
Primero, hay que diferenciar los dos tipos de tensión.
Estrés agudo:
- Imagine que un perro intenta atacarlo o que su jefe le pide un reporte urgente que no esperaba. Ante ese reto, su cerebro activa una alarma. Se liberan sustancias como la adrenalina y la noradrenalina, preparándolo para enfrentar la situación.
- Luego entra en juego un sistema más complejo que termina produciendo cortisol, la hormona del estrés. En ese momento corto y agudo, el cortisol es su aliado: le da energía y envía sangre a los músculos.
- Una vez que pasa el peligro, su cuerpo vuelve al estado de equilibrio, conocido médicamente como homeostasis.
Estrés crónico:
- El problema surge cuando esa demanda se mantiene por semanas o meses y nunca cede.
- Las células de su organismo se vuelven insensibles al cortisol y empiezan los daños.
- “El estrés crónico, a diferencia del estrés agudo, con el tiempo más bien causa problemas de adaptación porque tiene efectos nocivos sobre una gran cantidad de sistemas fisiológicos en el cuerpo humano”, explicó Herrera.
¿Se puede ‘trabajar mejor bajo presión’?
En el entorno laboral, es común que las personas sientan que rinden mejor cuando tienen el tiempo en contra. Sin embargo, desde la perspectiva clínica, existe un matiz importante. Mientras el estrés agudo da el impulso necesario para sacar una tarea en el momento, vivir en ese estado prolongado abre la puerta al burnout (síndrome del trabajador quemado).
“El estrés crónico, está demostrado que disminuye nuestra competencia, nuestra efectividad, la eficiencia. Cualquier parámetro que usted piense de hacer las cosas bien, se disminuye”, afirma el psiquiatra.

Banderas rojas: ¿Cuándo buscar ayuda?
El estrés crónico no siempre se identifica de inmediato. A nivel mental, uno de los síntomas más frecuentes es sentir una fatiga excesiva que no desaparece al descansar, acompañada de un estado de alerta o hipervigilancia.
Si tiene dudas sobre si llegó el momento de buscar terapia, preste atención a estas banderas rojas que indican el especialista:
- Irritabilidad injustificada: la persona se pone explosiva, intolerante e impaciente por la más minima cosa.
- Alteraciones del sueño: le cuesta quedarse dormido o se despierta constantemente durante la madrugada.
- Cambios físicos y de hábitos: aumento de peso, consumo excesivo de comida de mala calidad o alimentos ultraprocesados.
- Dolores inexplicables: manifestaciones físicas como dolores de cabeza, tensión muscular y cansancio extremo.
Hábitos para proteger la salud mental
En muchas ocasiones, las personas no pueden controlar las demandas que llegan a sus escritorios ni los recursos para resolverlas, lo que genera una sensación de impotencia. Aunque la recomendación inicial es dialogar con las jefaturas para rediseñar las tareas, el especialista enfatiza la importancia de los hábitos personales para amortiguar el impacto.
Para lograrlo, el psiquiatra sugiere incorporar estas prácticas:
- Hacer actividad física: “El ejercicio es increíblemente efectivo para disminuir el impacto que tiene el estrés crónico sobre un montón de sistemas fisiológicos y sobre la salud mental”, asegura el médico.
- Aplicar pausas estratégicas: sumar técnicas de micromeditación e interrupciones frecuentes durante la jornada de trabajo ayuda a liberar la tensión acumulada.
- Mejorar la organización: mantener hábitos de trabajo estructurados le permite manejar con mayor facilidad el volumen de las demandas, optimizar el uso de sus recursos y reducir el riesgo de agotamiento.
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