Juan Diego Córdoba González. 1 diciembre, 2019
La familia Grijalba Sandí reside en barrio Bella Vista de Jericó, Desamparados. Ellos reciben ayuda del IMAS para subsistir. Foto de Jorge Castillo
La familia Grijalba Sandí reside en barrio Bella Vista de Jericó, Desamparados. Ellos reciben ayuda del IMAS para subsistir. Foto de Jorge Castillo

Uno a uno, identifica a los más pobres entre los pobres. Revela su nombre completo, su lugar de residencia, con quiénes vive, el ingreso económico y si recibe o no ayudas estatales.

Este es el Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios del Estado (conocido como Sinirube 2.0), que guarda información suministrada por 23 instituciones y fue actualizado con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Universidad de Oxford y el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés).

La plataforma tecnológica gestionada por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) permite detallar incluso en cuáles familias hay adultos mayores, personas desempleadas, mujeres embarazadas, niños o adolescentes en edad de estudio, o si tiene familiares en la cárcel o que hayan sido aprehendidos.

Con los cruces de estos datos, la herramienta permitirá apuntar de manera certera quién realmente necesita la ayuda y quién no. Y aún más, entre todos los que necesitan ayuda, cuáles deben ser la prioridad.

La construcción del Sinirube viene desde el 2013, cuando se aprobó la ley de creación para sustituir el Sistema de Información de la Población Objetivo (SIPO). Sin embargo, fue hasta noviembre de 2017 que se lanzó y pasaron dos años más para que arrojara resultados precisos.

Es ahora, cuando la plataforma tecnológica logra desnudar la pobreza en Costa Rica con una radiografía de la situación de 1,6 millones de hogares.

Uno de los primeros hallazgos con el uso de esta herramienta, es que no se tiene información de un 20,5% de hogares. Se desconoce si son pobres o no, razón por la cual corresponde a las instituciones públicas con acción social establecerlo.

También se logró precisar que el 11,5% de los hogares encaran la pobreza extrema y el 17,7% la pobreza básica, para un total de 29,2%. Por otra parte, un 10,9% vive en condiciones de vulnerabilidad, que de no ser atendido por el Estado podría caer en pobreza.

Entretanto, 39,5% de los hogares es calificado como no pobre.

De acuerdo con la metodología de la línea de pobreza, a junio de 2019, son pobres aquellos que tienen ingresos pér capita por hogar inferiores a ¢112.317 en la zona urbana, y ¢86.353 en al zona rural. Viven en pobreza extrema, los de ingresos inferiores a ¢50.618 en la zona urbana, y ¢42.117 en zona rural.

Con microscopio

Pero los datos de estos hogares apenas son superficiales para lo que Sinirube realmente es capaz de dejar al descubierto.

La aplicación estudia cada uno de esos cuatro grupos sociales para evaluar sus condiciones, ver cuáles familias son atendidas por instituciones públicas y qué tipo de benficios tienen, así como la institución que se los brinda.

Por ejemplo, al revisar el grupo de 162.759 hogares en situación de pobreza extrema, la herramienta advierte que todavía hay 45.200 familias desatendidas.

Gran banco de información

Plataforma registra grado de pobreza de familias

FUENTE: IMAS    || CARLOS FONSECA - INFOGRAFÍA / LA NACIÓN.

De esos hogares sin atención, el 45% tienen jefatura femenina; además en una tercera parte de ellos, hay uno o varios miembros desempleados.

En el 34% de esos hogares sin ayudas hay niños en edad escolar; en 21 hay adolescentes; y en 17% menores en edad maternal.

Mientras que 17% de esas familias tienen adultos mayores, y en 14% personas con discapacidad.

Todas esas variables juegan en el sector social del Estado para definir cómo atenderlos y qué instituciones pueden intervenir.

La Red de Cuido para hogares con jefatura femenina, por ejemplo. Avancemos para menores estudiantes; la intermediación laboral del Ministerio de Trabajo para personas desempleadas; pensiones del Régimen No Contributivo para adultos mayores… entre otros.

De números a nombres

Quizás, una de las fortalezas de esta herramienta tecnológica es que no solo revela números de personas a las que se debe llegar, sino que les pone nombre y apellido.

Concluido el proceso de los filtros, para buscar a las familias que reúnan las condiciones de mayor urgencia, la aplicación mapea la ubicación de esos hogares, entrega una dirección física de la vivienda y revela los nombres de los miembros de las familias.

Es con esos listados que ahora el sector social priorizará la entrega de ayudas sociales con el fin de generar un verdadero impacto.

De acuerdo con Juan Luis Bermúdez, ministro de Desarrollo Humano y presidente ejecutivo del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) se realizará un trabajo en tres niveles.

“El primero de ellos tiene que ver con el abordaje de la atención integral que se realiza a las familias en (programa) Puente al Desarrollo, las familias serán priorizadas en perfiles que ya tenemos identificados, pero no solo por sus características, sino por nombres y apellidos”, afirmó Bermúdez.

En un segundo nivel, según explicó el jerarca del IMAS, se enviarán los listados de potenciales beneficiarios a otras instituciones públicas como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), para que priorice la entrega de pensiones del Régimen No Contributivo a los casos más urgentes.

“En tercer lugar tenemos el abordaje de los territorios. Logramos ver concentraciones de distintos fenómenos que nos obligan a llevar acciones de prevención y fortalecimiento de los espacios públicos”, señaló Bermúdez.

El ministro enfatizó en que una persona que no esté en estos listados no quedará inmediatamente vetado de recibir una ayuda estatal, y que pueden ir a las instituciones a solicitar atención; sin embargo, en trabajo de campo sí priorizarán la estrategia elaborada con ayuda del Sinirube.