Interés Humano

Policía de Ecuador lucha por controlar cárcel luego de motín que dejó 118 muertos

El país suramericano sufre una crisis penitenciaria desde hace varios años

Guayaquil. Unos 400 policías ecuatorianos luchaban este jueves por el control de una cárcel en el puerto de Guayaquil donde un motín dejó al menos 118 presos muertos, seis de ellos decapitados, en una de las peores masacres carcelarias en la historia de América Latina. El motín comenzó el martes, cuando reclusos de bandas rivales con nexos con el narcotráfico mexicano se enfrentaron con armas de fuego.

El presidente ecuatoriano Guillermo Lasso reportó el miércoles un saldo de 116 reclusos muertos y cerca de 80 heridos. Sin embargo, la Defensoría del Pueblo de Ecuador señaló este jueves que el balance de fallecidos aumentó a 118.

El mandatario también declaró el estado de excepción en todo el sistema penitenciario del país.

Según el sitio local Primicias, el motín comenzó cuando presos de una banda celebraron el cumpleaños de uno de sus líderes detenidos, e hicieron alarde de tener el poder en la prisión. Eso molestó a otras organizaciones rivales ubicadas en otros pabellones y desató los enfrentamientos.

“Alrededor de 400 servidores policiales realizan un operativo de intervención y requisa en el interior del #CPLGuayas No. 1, con el fin de mantener el orden y garantizar la seguridad en el centro carcelario”, indicó la Policía en su cuenta Twitter. Dos agentes resultaron heridos.

Tanquetas y militares están apostados en los alrededores de la cárcel, donde centenares de familiares buscan desesperados información sobre sus parientes, constataron periodistas de la zona. “Es algo muy doloroso. (...) Dicen que hay personas que les han sacado la cabeza”, aseguró Juana Pinto, que espera impaciente conocer la suerte que corrió su hijo preso.

“Con todas estas cosas que están pasando es algo muy doloroso, hay muchos muertos, muchos heridos, no se sabe si mi hijo estará bien o estará mal”, añadió. “Para nosotros familiares es algo horrible. (...) No sabemos qué hacer. Nos sentimos impotentes al no ayudarlos a ellos”, sostuvo Cecilia Quiroz, familiar de otro recluso. “Queremos que nos ayude el gobierno”, rogó.

Con una superpoblación carcelaria de 30%, falta de guardias, corrupción y violencia, Ecuador sufre una crisis penitenciaria desde hace varios años. Antes de este motín la cifra de presos asesinados desde enero se elevaba a 120, y ahora ya son 236.

En febrero murieron 79 reclusos en amotinamientos simultáneos en cuatro cárceles de tres ciudades, incluida Guayaquil. Es en un gran complejo penitenciario de este puerto del suroeste donde se halla un tercio de los 39.000 presos del país, que son vigilados por 1.500 guardias (3.000 menos de los necesarios, según expertos). Circularon imágenes de cuerpos decapitados, desmembrados e incinerados.

“En América Latina pasamos a ser lamentablemente el país con la mayor masacre carcelaria de los últimos años, más que Brasil y Venezuela”, expresó el experto ecuatoriano en seguridad y narcotráfico Freddy Rivera.

En el 2020 hubo 103 asesinatos en las penitenciarías de Ecuador, según la Defensoría Nacional del Pueblo. Los grupos criminales “se han tomado las cárceles del país y están tratando de enviar un mensaje al Estado como tal de que ellos son más fuertes que un Estado de Derecho. Ha colapsado el sistema penitenciario”, manifestó la abogada Itania Villarreal, exdirectora del organismo a cargo de las prisiones.

El director del gubernamental Centro de Inteligencia Estratégica, Fausto Cobo, admitió que las masacres en las cárceles son “una amenaza contra el Estado” ya que los responsables tienen “un poder igual o superior al propio Estado”.

El estado de excepción en las cárceles decretado por el presidente faculta al gobierno a suspender los derechos civiles de los presos y a usar la fuerza pública para restablecer la normalidad.

La reciente matanza tuvo su origen en enfrentamientos por el poder que sostienen bandas criminales al servicio del narcotráfico internacional. Dos de ellas, con unos 20.000 miembros, mantienen vínculos con los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, de acuerdo a informes policiales.

Rivera, catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) de Quito, anotó que los presos también tienen nexos con organizaciones criminales de Colombia, el mayor productor mundial de cocaína.

Asimismo, aseguró que las prisiones ecuatorianas se han convertido en “comandos centrales criminales” desde donde se planifica, articula, corrompe y se ordenan actividades delictivas.

Además, señaló que la “guerra” por el poder se debe a que Ecuador, con 65 prisiones y donde un tercio de la población carcelaria está relacionada con el narcotráfico, resulta “estratégico” para los criminales porque tiene una economía dolarizada, así como cinco puertos marítimos.

También existe en Ecuador “una debilidad institucional enorme, permeada por la corrupción y la infiltración del crimen organizado en las instituciones de seguridad, justicia y carcelarias”, aseveró Rivera.

Ecuador incautó entre enero y agosto del 2021 unas 116 toneladas de droga, en su mayoría cocaína, frente a un récord de 128 toneladas del 2020.

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