
En Costa Rica, cuidar a una persona adulta mayor podría convertirse en una tarea cada vez más frecuente dentro de los hogares ante el proceso de envejecimiento de la población. Y buena parte de ese trabajo, que hoy realizan familiares sin recibir un salario, podría requerir la contratación de terceros.
En este contexto, las estimaciones del aporte a la economía del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en Costa Rica cobran mayor relevancia.
El valor agregado de estas actividades ascendió a ¢9,8 billones, equivalente al 21,4% del producto interno bruto (PIB), de acuerdo con estimaciones recientes del Banco Central de Costa Rica (BCCR), con datos del 2022, año de referencia de las cuentas nacionales.
Mónica Rodríguez Zúñiga, directora del Departamento de Integración y Análisis de Datos del Banco Central, señaló que, conforme avance el cambio demográfico que vive el país, las actividades de cuidado, que en su mayoría no son remuneradas y recaen sobre una persona del núcleo familiar, enfrentarán una mayor presión de demanda y habrá que definir quiénes las asumirán.
“Son preguntas que hay que ir poniendo sobre la mesa y nuestra labor es proveer la información”, señaló la especialista.
Los datos oficializados por el BCCR conforman la Cuenta extendida del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado (Ctdcnr-e).
Estimaciones del Banco Central revelan que en el 2031 la cantidad de pobladores de 14 años o menos convergerá con el grupo de personas de 65 años o más, por primera vez desde 1950. Los datos forman parte del reciente Informe de Política Monetaria(IPM), presentado el pasado 30 de julio.
Con este cambio demográfico aumentará la demanda de cuidados para las personas adultas mayores y, en términos relativos, habrá menos individuos jóvenes dentro de las familias que puedan brindarlos, indicó la economista Gloriana Ivankovich.
Para la directora ejecutiva de la Academia de Centroamérica, es razonable esperar que una parte de las actividades de cuidado que hoy se realizan de manera no remunerada pase gradualmente a convertirse en servicios remunerados.
El economista Daniel Ortiz, socio director de Consejeros Económicos y Financieros S. A. (Cefsa), señaló que, con el envejecimiento de la población, es probable que aumente la demanda de personas para cuidar a adultos mayores.
Sin embargo, esto dependerá de la capacidad de los hogares para pagar por ese servicio y de la disponibilidad de personal capacitado.
“La cuenta (presentada por el Banco Central) es un punto de partida útil para dimensionar esta necesidad que puede crecer hacia adelante”, planteó Ortiz.
Ivankovich recalcó que estos resultados pueden utilizarse para orientar mejores medidas de política pública.
Analizar la disparidad de género
Los datos también ponen sobre la mesa otra realidad: la distribución del trabajo de cuidado entre mujeres y hombres.
Estos resultados del Banco Central indican una amplia disparidad de género en la realización de estas actividades: las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres.
Ivankovich dijo que analizar estos datos y definir acciones de política pública es importante tanto desde el punto de vista de la equidad como de la productividad. En un país con una población que envejece, una mayor participación laboral femenina permite ampliar la fuerza de trabajo y la base contributiva.
“Por una parte, (se deben) ampliar los servicios de cuido infantil y de personas dependientes y, por otra, promover una distribución más equitativa de las responsabilidades entre hombres y mujeres, facilitando la conciliación entre trabajo y familia”, manifestó.
En este contexto, el economista Daniel Ortiz consideró que, a partir de los datos, se pueden plantear análisis sobre las razones por las cuales a las mujeres se les dificulta integrarse a opciones de empleo remunerado.
